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Dioses
Norteamericanos
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Michabo
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Michabo, la Gran Liebre, la
deidad principal de los algonquianos. En los relatos de los viajeros
más antiguos lo encontramos descrito como el rey de los vientos,
el inventor de la escritura pictórica, e incluso como el creador
y guardián del mundo. Cogiendo un grano de arena del lecho
del océano, hizo de él una isla que lanzó a las
aguas primitivas. La isla creció rápidamente a un tamaño
grande; de hecho, tan excesivo era que un joven lobo que logró
encontrar un camino en ella e intentó cruzarla murió
de vejez antes de que pudiera acabar el trayecto. Se suponía
que una gran sociedad «médica», llamada Meda, fue
fundada por Michabo. Eran muchas sus invenciones. Observando a la
araña tejer su telaraña, inventó el arte de tejer
las redes para coger los peces. Proporcionó al cazador muchos
signos y amuletos para emplear durante la caza. En el otoño,
toma su sueño invernal, llena su gran pipa y fuma, y el humo
que sale se puede ver en las nubes que llenan el aire de la neblina
del verano indio.
Hubo un poco de incertidumbre entre las diversas tribus algonquianas
con respecto al lugar en que vivía Michabo, creyendo algunos
que moraba en una isla en el lago Superior, otros creyendo que vivía
en un iceberg en el océano Ártico, y otros más
en el firmamento, pero la idea predominante era que su hogar estaba
en el Este, donde surge el sol en las orillas del gran río
Océano que rodea la tierra seca.
Resulta muy curioso que un ser que poseía dichas cualidades
se concibiera con el nombre y la forma de un animal tan tímido
como la liebre, y no cabe duda de que la raíz original de la
que se formé el nombre Michabo no significa «liebre».
De hecho, la raíz wab, que es la sílaba inicial de la
palabra algonquiana para «liebre», también significa
«blanco», y de aquí se derivan las palabras para
el «este», el «amanecer», la «luz»
y el «día». Al proceder sus nombres de la misma
raíz, se confundió la idea de la liebre y el amanecer,
y el objeto más tangible se convirtió en el símbolo
del dios. Por tanto, Michabo era el espíritu de la luz y, como
el amanecer, el traedor de los vientos. Como señor de la luz,
también se convirtió en el creador del relámpago.
Sin embargo, está en constante conflicto con su padre el Viento
del Oeste, y podemos ver en su combate la lucha diurna entre el Este
y el Oeste, la luz y la oscuridad, conocida de muchas mitologías.
Los modernos cuentos indios concernientes a Michabo hacen de él
un mero espíritu mafioso, un bufón malicioso, pero en
éstos podemos ver su carácter deteriorándose
bajo la tensión de las condiciones modernas usurpando la vida
india. Es en los cuentos de los viajeros y misioneros antiguos donde
lo encontramos en su verdadero papel como un gran héroe de
la cultura, el Señor del Día y el creador de la luz
y la civilización.
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