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Una de las figuras más interesantes del panteón Algonquiano
es Glooskap, que significa «El Mentiroso»; pero
este titulo, lejos de tener la intención de insultar a dicha
deidad, está destinado a ser un elogio de su destreza, siendo
la astucia considerada por todas las gentes salvajes como una virtud.
Glooskap y su hermano Malsum, el Lobo, eran gemelos,
y de esto podemos deducir que eran los opuestos de un sistema dualístico:
Glooskap representando lo que parece ser «bueno»
para el salvaje, y Maslum todo lo «malo». La madre murió
en el parto, y de su cuerpo Glooskap formó el Sol
y la Luna, los animales, los peces y la raza humana, mientras que
el malévolo Malsum creó las montañas,
los valles, las serpientes y cualquier otra cosa que consideran
como una desventaja para la raza de los hombres.
Cada uno de los hermanos poseía un secreto respecto a lo
que podía matarlos, como lo tienen muchos otros seres en
el mito y las fábulas.
Malsum preguntó a Glooskap cómo podía
perecer, y el hermano mayor, para probar su sinceridad, dijo que
la única forma de quitarle la vida era con el tacto de la
pluma de un búho, o, como dicen otras versiones del mito,
con el de un junco floreciente. Malsum a su vez confió
a Glooskap que sólo podría perecer con el golpe
de la raíz de un helecho. El malévolo Lobo, cogiendo
su arco, alcanzó un búho y, mientras Glooskap dormía,
lo rozó con la pluma que había cogido de su ala. Glooskap
murió inmediatamente, pero, muy al pesar de Malsum,
éste volvió a la vida. Este cuento es reminiscente
del mito escandinavo de Balder,
que sólo podía morir si su hermano Hoder
le golpeaba con un ramito de muérdago. Igual que Balder,
Glooskap es un dios del Sol, como viene demostrado por la circunstancia
de que cuando muere resucita.
Pero Malsum decidió descubrir el secreto de su hermano
y destruirlo en la primera ocasión que se le presentara.
Después de su primera tentativa, Glooskap le había
dicho que sólo la raíz de un pino podía matarlo,
y Malsum la empleó para golpearlo mientras dormía
como la vez anterior, pero Glooskap, levantándose
y riendo, condujo a Malsum hasta el bosque y, sentándose
cerca de un arroyo, murmuró, como si se hablara así
mismo: «Sólo un junco floreciente puede matarme.»
Ahora bien, esto lo dijo porque sabia que Quah-beet, el Gran
Castor, estaba escondido entre los juncos en la orilla del arroyo
y oiría todo lo que decía. El Castor acudió
en seguida a Malsum y le contó lo que consideraba
ser el secreto vital de su hermano. El malévolo Malsum
se alegró tanto que prometió al Castor darle lo que
quisiera. Pero cuando el animal pidió tener las alas de una
paloma Malsum se rió y exclamó: «Oh,
tú con la cola como una lima, ¿para qué necesitas
unas alas?» El Castor se encolerizó por esto, y, acudiendo
a Glooskap, le contó todo lo sucedido. Glooskap,
ahora iracundo, excavó la raíz de un helecho, y, precipitándose
en las profundidades del bosque, buscó a su hermano traicionero
y, golpeándole con una planta letal, lo mató.
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