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Una de las relaciones mitológicas más oscuras entre
los mayas y los nahuas se muestra en el culto maya
al dios Quetzalcoatl.
Parece haber sido una creencia general en Méjico
que Quetzalcoatl
era un dios extraño para el país, o al menos relativamente
indígena de su rival Tezatlipoca,
si es que no lo era de los mismos nahuas. Es curioso ver
que las autoridades de la más alta categoría declaraban
su veneración libre de hechos sangrientos. Pero no aparece
si los ritos sanguinarios conectados con el nombre de Quetzalcoatl
en Méjico eran cometidos
por sus sacerdotes de propio acuerdo o por la instigación
y presión del pontífice de Huitzilopochtli,
bajo cuya jurisdicción se encontraban.
La designación por la que los mayas conocían a Quetzalcoatl
era Kukulcan, que significa «serpiente emplumada»,
y se traduce exactamente por su nombre mejicano. En Guatemala se
llama Gucumatz, palabra idéntica en Kiche con
sus otras apelaciones nativas. Pero el Kukulcan de los mayas
parece ser diferente del Quetzalcoatl
en muchos de sus atributos. La diferencia en el clima probablemente
explicaría muchos de ellos. En Méjico, Quetzalcoatl,
como se ha visto, no sólo era el Hombre del Sol, sino el
original dios-Sol del país. El Kukulcan de
los mayas tiene más las atributos de un dios-trueno.
En el clima tropical de Yucatán y Guatemala
al mediodía el Sol parece dibujando la nubes de su alrededor
con formas serpeantes. De éstas emana el trueno y la luz
y la fertilizante lluvia, por lo que Kukulcan parecería
haber atraído a los mayas mas como un dios del cielo que
manejaba a los mayas que como un dios de la propia atmósfera,
como Quetzalcoatl,
a pesar de que muchas de las estelas de Yucatán representan
a Kukulcan como es pintado en Méjico,
con el aire saliendo de su boca.
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