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Mahometanos
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Adán
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Queriendo
Dios crear al hombre, dijo a Gabriel que cogiese un puñado
de cada una de las siete capas diferentes de polvo de que se compone
la Tierra. Gabriel partió inmediatamente y declaró a
la Tierra la orden de su creador. Horrorizada ésta, suplicó
al mensajero celeste que hiciese presente a Dios de su parte que la
criatura que quería formar era de temer, que algún día
se rebelaría contra su autor, atrayendo de este modo sobre
ella la maldición divina. Gabriel condescendió con los
ruegos de la Tierra: pero Dios no quiso escucharla, encargando la
comisión a otros dos ángeles llamados Miguel y Azrael.
Estos se enternecieron, lo mismo que su antecesor, y volvieron a elevar
las súplicas de la Tierra al trono del Eterno. Entonces Dios
confió la comisión al terrible Azrael, quien sin entretenerse
en conferenciar con la Tierra, arrancó con violencia los siete
puñados de polvo y los llevó a Arabia, donde debía
consumarse la gran obra de la creación. Y Dios quedó
tan satisfecho de la exactitud y severidad de su ministro, que le
dio además el cargo de separarlas almas de los cuerpos, por
cuyo motivo es llamado el ángel de la muerte. Mientras tanto
los ángeles amasaron aquella tierra, de la cual Dios hizo un
modelo con sus propias manos y lo dejó secar por algún
tiempo. Complaciéndose los ángeles en considerar aquella
masa, Eblis o Lucifer, no contento con examinar el modelo, le dio
un golpe en el vientre y el pecho, y observando que estaba vacío,
dijo entre sí:
«Esta criatura formada de este modo tendrá necesidad
de llenarse con frecuencia y por lo mismo estará sujeta a muchas
tentaciones». Entonces preguntó a los otros ángeles
que harían si Dios quisiese sujetarles al soberano que iba
a dar a la Tierra y todos contestaron que le obedecerían. Eblis
aparentó que haría lo propio, pero resolvió desobedecer.
Formando el cuerpo del primer hombre, le dio el Señor una alma
inteligente y vestidos maravillosos conformes a la nobleza y a la
dignidad de su naturaleza. Luego mandó a los ángeles
que se postrasen delante de él: todos obedecieron, excepto
Eblis, quien por su desobediencia fue arrojado del paraíso
cuyo lugar fue cedido a Adán, habiendo prohibido Dios al padre
de los hombres que comiese de la fruta de cierto árbol, se
asoció Eblís con el pavo real y la serpiente, y fueron
tales los artificiosos discursos de que se valió, que Adán
vino a desobedecer. Luego que los dos esposos hubieron comido de la
fruta prohibida: cayeron sus vestidos y la vista de su desnudez les
llenó de vergüenza. Corrieron inmediatamente a una higuera
y se sirvieron de sus hojas para cubrirse; pero no tardaron en recibir
la sentencia que les expulsaba del paraíso y les condenaba
al trabajo ya la muerte.
Adán cayó sobre la montaña de Serendib en la
isla de Ceilán, donde se ve aún hoy día la montaña
llamada "pico de Adán". Eva, separada de su marido
en el momento de su caída, fue a parar al lugar donde después
se construyó la ciudad de "La Meca". Eblis, que fue
precipitado inmediatamente después de ella, fue a parar también
a Arabia. En cuanto al pavo real y la serpiente, fueron arrojados
el primero al Indostán y el segundo a Persia. El estado miserable
de soledad a que se vio reducido el desgraciado Adán le hizo
conocer la enormidad de su falta. Imploró la clemencia de su
creador, y entonces Dios hizo descender del cielo una especie de mariposa
que se colocó en el paraje donde después Abraham construyó
el templo de La Meca. Gabriel le manifestó las ceremonias que
debía practicar alrededor de este santuario para obtener el
perdón de su falta, y luego le condujo al monte Arafat, donde
se reunió con Eva después de doscientos años
de separación.
Dicen otras leyendas turcas que Dios creó a Adán y que
le colocó como una hermosa estatua en el jardín de Edén,
y que su alma creada muchísimos siglos antes recibió
orden para que animase aquella estatua. Habiendo examinado el alma
la habitación que Dios le daba, representó que era poco
digna aquella masa frágil y quebradiza de la dignidad y espiritualidad
de su ser. No queriendo Dios uso de violencia, mandó entonces
a su fiel ministro Gabriel que tocase su flautillo y al son de este
instrumento pareció que el alma olvidaba todos sus temores.
Se puso a danzar alrededor de la estatua, y en un momento de delirio
se introdujo en el cuerpo de Adán por los pies, que se pusieron
inmediatamente en movimiento: y desde entonces ya no le fue permitido
dejar su nueva habitación sin orden expresa del Eterno. |
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