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ABC
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I
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Musulmanes
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Abraham o Ibrahim
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Según los orientales. Nemrod,
hijo de Canaán, tenía la corte de su imperio en Babilonia.
Este príncipe vio en sueños una estrella, cuya luz resplandeciente
oscurecía la del sol. Consultó inmediatamente a sus
adivinos, quienes unánimes y conformes contestaron que nacería
en Babilonia un niño que dentro poco tiempo sería un
gran príncipe, y de quien debía temerlo todo, bien que
hasta entonces no había sido aún engendrado. Atemorizado
Nemrod de una declaración tan inesperada, mandó luego
que se separasen los hombres de sus mujeres, y que se estableciese
de diez en diez casas una especie de guardia o vigilancia continua
para asegurar el cumplimiento de aquella orden. Azar, que era uno
de los principales de la corte, logró burlar los guardias,
reuniéndose una noche con su mujer llamada Adna. Se presentaron
al día siguiente los adivinos a Nemrod para anunciarle que
aquella noche había sido concebido el niño que amenazaba
su poder; y a consecuencia de este aviso mandó inmediatamente
Nemrod que vigilasen a todas las mujeres embarazadas y que todos los
hijos varones al momento de nacer fuesen ahogados. Adna, que no daba
indicios de sospecha, fue menos guardada que las demás; de
modo que llegada la época del alumbramiento, salió al
campo y, habiendo parido en una gruta, cerró la entrada del
mejor modo que pudo y regresó a la ciudad, donde dijo que había
dado a luz un niño que murió en el momento de nacer.
Adna iba sin embargo con mucha frecuencia a la gruta para visitar
y dar de mamar a su hijo; pero siempre le hallaba chupándose
las yemas de los dedos, de los cuales uno le abastecía de miel
y otro de leche. Admirada de ver que la providencia cuidaba del sustento
de su hijo, fue todavía mayor su Sorpresa y alegría
cuando observó que aquel niño crecía más
en un día que otros en un mes. Apenas habían transcurrido
quince lunas que ya parecía un muchacho de 15 años.
No había salido aún de la cueva cuando Adna dijo a su
marido que el niño que había dado a luz y que creía
muerto vivía y estaba dotado de una perfecta hermosura. Azar
se trasladó inmediatamente a la gruta y después de haber
acariciado a su hijo, mandó a su madre que lo condujese a la
ciudad, pues su intención era presentarlo a Nemrod y colocarlo
en la corte. Adna cumplió aquella misma tarde con la voluntad
de su marido e hizo pasar a su hijo por una pradera donde pacían
varios ganados. Abraham pedía el nombre de todo lo que veía
y Adna satisfacía a su curiosidad instuyéndole de las
calidades y del uso de todos aquellos animales. Abraham quiso saber
quien los había producido. Adna le contestó: «Hijo
mío, nada hay en este mundo que no tenga creador y que no se
halle bajo su dependencia.» «Decidme, pues, ¿quién
me puso en el mundo y de quien dependo?» «De mí.»
«Y quién es vuestro señor? » «Vuestro
padre Azar. » «¿Y el Señor de Azar?»
«Nemrod» Quiso también saber quien era el señor
de Nemrod; pero Adna, que se hallaba ya apurada, le indicó
que era peligroso querer indagar más. Siendo ya de noche observó
en el cielo varias estrellas y entre ellas la de Venus, que era adorada
por mucha gente. Entonces exclamó: «Tal vez este es el
Dios y Señor del mundo.» Pero después de un momento
de reflexión. «Veo, dijo, que esta estrella se esconde
y desaparece, no se hallará pues allí el dueño
del Universo.» Observó después la Luna y casi
estaba tentado de tomarla por su Señor; pero viéndola
traspasar el horizonte como los otros astros, formó de ella
el mismo juicio quede la estrella Venus. Por fin llegó cerca
de Babilonia a la salida del Sol; una multitud de gentes adoraban
al padre del día: «Yo le tomaría de buena voluntad,
dijo Abraham, por el autor de la naturaleza, sino observara que declina
y toma el rumbo hacia poniente, como los Otros astros».
Cuando Azar presentó su hijo a Nemrod, este príncipe
se hallaba sentado en un trono elevado y rodeado de una multitud de
esclavos escogidos y colocados cada uno según su clase y categoría.
Abraham pidió inmediatamente a su padre quíen era aquel
personaje que se hallaba más elevado que los demás;
a lo que le fue respondido que era el Señor de todos aquellos
que le rodeaban. Abraham viendo que Nemrod era muy feo repuso: «¿Cómo
es posible que aquel que vosotros llamáis vuestro Dios, haya
formado criaturas más hermosas que él?» Esta fue
la primera ocasión en que Abraham procuró desengañar
a su padre y separarle de la idolatría, inculcándole
la unidad de Dios creador de todas la cosas, cuya doctrina le había
sido revelada. El celo que desplegó le atrajo la indignación
de su padre, exponiéndose al mismo tiempo a graves altercados
con los principales de la corte de Nemrod, y este príncipe,
altanero y cruel, mandó arrojar a Abraham dentro de un horno
ardiendo de donde salió ileso. |
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