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Al principio, como dicen los antiguos relatos del shinto, había
el caos, como un mar de aceite. De aquél primer caos surgió
algo como el vástago de un junco. Resultó ser una
deidad que llamada Kuni-toko-tachi ("El senór
eterno ordenador"), y con él se generaron dos deidades
llamadas respectivamente, Taka-mi-musubi ("dios-Productor
de lo Alto") y Kami-mi-masubi ("diosa-Protectora
de lo Divino"), no se dice explícitamente que fueran
marido y mujer, pero es muy probable que como tales fueran concebidos.
Los tres se consideran la triada original de la generación
de dioses, hombres y cosas. Pero casi nada más se sabe de
ellos, excepto que algunos clanes aseguran descender de uno a otro
de ellos.
A la primitiva triada le siguió una serie de dioses y diosas,
probablemente por parejas, siendo seguramente personificaciones
de fuerzas germinadoras, como el lodo, el vapor y las simientes.
Se dice que todo estaba "oculto en sí mismo", o
sea, muerto, pero no según el consepto de la mortalidad humana.
Tras una sucesión de generaciones y desapariciones espontáneas,
apareció una pareja destinada a generar muchas cosas y dioses
de gran importancia. Fueron Izanagi e
Izanami.
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