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Ganesa se le considera generalmente como el hijo mayor de Siva y Parvati,
pero los Puranas difieren considerablemente en las narraciones de
su origen. Sir W. Jones dice que «Ganesa, el dios hindú
de la Sabiduría, tiene las mismas características del
Jano de los latinos. Todos los sacrificios y ceremonias religiosas
y todas las serias composiciones escritas, así como todos los
asuntos mundanos de importancia. son comenzados por los piadosos hindúes
con una invocación a Ganesa, palabra compuesta de "Isa",
el gobernador o caudillo, y "gana", la compañía
de las deidades. Pueden mencionarse gran número de casos en
los que se abre un negocio mediante una invocación a él.
Pocos libros comienzan sin las palabras «Salutaciones a Ganesa»
y es invocado en primer lugar por los brahmanes que dirigen los juicios,
o realizan la ceremonia del homa o sacrificio del fuego. M. Sonnerat
afirma que es muy venerado en la costa de Coromandel, donde según
él, los hindúes no construirán nunca una casa
sin antes haber puesto en la tierra una imagen de esta deidad, que
rocían con aceite y adornan cada día con flores. Colocan
su imagen en todos los templos, en las calles, en las grandes carreteras
y en las grandes llanuras al pie de algún árbol para
que las personas de todos los rangos puedan invocarle antes de realizar
cualquier negocio y los viajeros le adoran antes de comenzar un viaje.
Lo que ocurre en la costa de Coromandel en relación a la adoración
de esta deidad, ocurre también en la mayor parte de los lugares
de la India.
Ganesa es el dios hindú de la Prudencia y la Política.
Supuestamente el hijo mayor de Siva y Parvati (sólo el Padma
Purana declara que fije el hijo real de estas deidades) y se le representa
con la cabeza de un elefante, un emblema de sagacidad y frecuentemente
siendo atendido por una rata o montando en ella. Por lo general tiene
cuatro manos, aunque algunas veces tiene seis, ocho o sólo
dos. Siempre se le describe como una deidad muy corpulenta y los cuadros
e imágenes suyas pueden verse en las puertas de la mayoría
de los tenderos. No es fácil descubrir cómo Ganesa ha
llegado a ser tan universalmente adorado, puesto que hay pocas leyendas
en los Puranas que atestigüen sus poderes divinos.
El Brahmavaivarta Purana contiene la siguiente descripción
de su nacimiento: «Parvati, después de su matrimonio
con Siva, no teniendo hijos y deseando grandemente tener uno, que
aconsejada por su marido para que realizara el Panyakavrata. Esta
es la adoración a Vishnu que comienza el decimotercer día
de la quincena luminosa del mes de Magha, y que continúa durante
todo un año; todos los días del mismo se le ofrece flores,
frutos, pasteles, vasijas, gemas, oro etcétera y se alimenta
a mil brahmanes; además el realizador del rito debe observar
muy cuidadosamente una vida de pureza interior y fijar la mente en
Han (Vishnu). Habiendo realizado la ceremonia en las orillas del Ganges
con la ayuda de Sanat Kumara como sacerdote dirigente, Parvati volvió
al cabo de un tiempo, durante el cual vio a Krishna primero como un
cuerpo de luz y después como un anciano brahmán, venir
hacia ella. La recompensa de su fervor religioso fue aplazada y en
consecuencia ella se llenó de dolor, cuando una voz invisible
le dijo que se dirigiera a su aposento donde encontraría un
hijo que no era sino el señor de Goleka mismo (Krishna); esta
deidad asumió el semblante de su hijo como recompensa por sus
devociones.
Para festejar esta ocasión todos los dioses vinieron a felicitar
a Siva y a Parvati y a muchos se les permitió ver a la criatura.
Entre la espléndida cohorte figuraba Sani, el planeta Saturno,
que, aunque ansioso de rendir homenaje a la criatura, mantuvo sus
ojos firmemente fijos en el suelo. Al preguntarle Parvati la razón
de este comportamiento le respondió que, meditando profundamente
en Vishnu, desatendió a su esposa, y resentida por su negligencia
ella profirió la maldición de que iba a destruir a quien
quiera que contemplara. Para evitar las malas consecuencias de esta
imprecación, él evitaba mirar a nadie a la cara. Parvati,
habiendo escuchado su historia, no le prestó la menor consideración
sino que, considerando que de todos modos sucedería lo que
tuviera que suceder, le dio permiso para mirar a su hijo. Sani, llamó
a Dharma como testigo, pero éste ya se había marchado,
con lo cual echó una ojeada a Ganesa, y la cabeza de la criatura
se separó de su cuerpo y voló al cielo de Knishna, donde
se volvió a unir con la sustancia de la que formaba parte.
Durga, tomando el tronco sin cabeza en sus manos, se arrojó
llorando al suelo, y los dioses pensaron que era decente seguir su
ejemplo. Vishnu sin embargo, montó en Garuda y voló
hacia el río Pushpabhadra, donde encontró a un elefante
dormido al que arrancó la cabeza, y regresando rápidamente
con ella la unió al cuerpo de Ganesa. Desde entonces el cuerpo
de esta deidad está coronada con esta singular presencia. En
la resucitación de Ganesa se hicieron valiosos regalos a los
dioses y brahmanes por sus padres y por el padre de Parvati, el Himalaya
personificado. El desafortunado Sani fue castigado de nuevo y, a consecuencia
de la maldición de Parvati, ha venido cojeando desde entonces.
En otra parte del mismo Purana se citan más detalles, que son
algo distintos de los citados. Siva, ofendido con Aditya (el sol)
le mató, y aunque luego le devolvió la vida, incurrió
en la ira del sabio Kasyapa, que sentenció a su hijo a perder
la cabeza. El elefante cuya cabeza fue colocada sobre el cuerpo de
Ganesa fue el de Indra que fue decapitado porque Indra puso alrededor
de su cuello la guirnalda de flores que le dio el sabio Durvasas,
y la falta de respeto de éste, con el consiguiente enfado de
lndra, es mencionada en diversos Puranas, aunque con diferentes consecuencias.
Indra no perdió un elefante a causa de este incidente, porque
Vishnu, movido por los ruegos de su esposa, le dio otro en lugar del
que se llevó.
Ganesa tiene sólo un colmillo, y por eso se le llama Ekadanta.
La razón de esto es la siguiente: Parasurama, que era un discípulo
favorito de Siva, fue a Kailasa a visitar a su maestro. Llegando a
los apartamentos interiores, le fue impedida la entrada por Ganesa,
puesto que su padre estaba dormido. Parasurama pidió no obstante
paso y tras largo diálogo, se enzarzaron en una pelea. Al principio
Ganesa llevaba las de ganar, agarrando a Parasurama con su trompa
y dándole una voltereta que le dejó sin sentido. Al
recobrarse, Rama arrojó su hacha contra Ganesa, quien reconociéndola
como el arma de su padre (Siva se la había dado a Patasurama)
la recibió con toda humildad sobre uno de sus colmillos, que
se partió en dos inmediatamente; desde entonces Ganesa tiene
sólo un colmillo. Parvati se encolerizó mucho, y se
disponía a maldecir a Rama cuando Krishna, de quien él
era devoto, apareció en la forma de un niño y calmó
su indignación. Se dice que Brahma había prometido a
Parvati que su hijo sería adorado antes que los demás
dioses. El resultado de esta contienda con Rama dio cumplimiento a
una maldición proferida por el sabio Tulasi, con el que había
reñido.
En
el Matsya Purana nos encontramos con un relato bastante distinto del
origen de Ganesa. Cuando Parvati se estaba bañando, tomó
el aceite y los ungüentos usados para el baño y junto
con las impurezas que salieron de su cuerpo, hizo la figura de un
hombre, a la que dio vida rociándola con las aguas del Ganges.
Esta figura tenía la cabeza de un elefante. El Siva Purana
cuenta que, tras dar vida a Ganesa, Parvati le puso ante su puerta
para prevenir intrusiones mientras se bañaba. Al no permitir
que Siva entrara, ambos se enzarzaron en una lucha, en la que esta
deidad cortó la cabeza de Ganesa; pero cuando Parvati contó
a su marido que era por orden suya que la puerta estaba cerrada, Siva
lloró amargamente por la pérdida de su hijo. Enseguida
ordenó que se trajera la primera cabeza que se encontrase,
que resultó ser la de un elefante. Él la fijó
al tronco sin cabeza y resucitó a su hijo.
En el Varaba Purana se dice que Ganesa fue producido por Siva solamente.
«Los inmortales y santos sabios, observando que no había
dificultad alguna en realizar tanto buenas como malas obras, consultaron
entre ellos los medios por los que se podrían poner obstáculos
a la realización de malas acciones y recurrieron a pedir consejo
a Siva, a quien le dijeron: "Oh Mahadeva, Dios de dioses, el
de los tres ojos, portador del tridente, sólo tú puedes
poner obstáculo a la realización de actos impropios.
Escuchando estas palabras, Siva miró a Parvati y mientras pensaba
en cómo podría cumplir con los deseos de los dioses,
del resplandor de su semblante vino a la existencia un joven que esparcía
radiancia a su alrededor, dotado de las cualidades de Siva, evidentemente
otro Rudra, que cautivó por su belleza a las hembras habitantes
de los cielos.
»Viendo su belleza, a Uma se le despertaron los celos, y enfurecida
pronunció esta maldición: No ofenderás mi vista
con la forma de un joven hermoso! Toma la cabeza de un elefante y
una gran barriga; así se desvanecerán todos tus encantos.
Siva se dirigió entonces a su hijo, diciendo: "Tu nombre
será Ganesa, y el hijo de Siva será así el jefe
de los Vinayakas y Ganas; el éxito y el fracaso provendrán
de ti y tu influencia será grande entre los dioses, en los
sacrificios y en todos los asuntos. Serás adorado e invocado
el primero en todas las ocasiones, de otro modo las súplicas
de aquel que omita hacerlo no tendrán éxito".»
El origen y la razón de la existencia de Ganesa se enseña
de forma mas completa en el Skanda Purana. Siva, dirigiéndose
a Parvati le dice.
«Durante la penumbra que tuvo lugar entre el Dwarpara y el Kali
Yuga, las mujeres, bárbaros, sudras y otros trabajadores del
pecado obtuvieron su entrada en el cielo, visitando el célebre
santuario de Someswara (Somnath). Los sacrificios, prácticas
ascéticas, obras de caridad y todas las demás ordenanzas
prescritas cesaron y los hombres atestaron solamente el templo de
Siva. Por esto, jóvenes y viejos, los instruidos en los Vedas
y los ignorantes de ellos, e incluso mujeres y sudras ascendieron
al cielo, que quedó excesivamente poblado. Entonces, Indra
y los dioses, preocupados por esta gran avalancha de hombres, buscaron
la protección de Siva y se dirigieron a él de este modo:
"Oh Sankara, por tu misericordia el cielo está lleno de
hombres y estamos a punto de ser expulsados de él. Estos mortales
vagan por donde les place, exclamando: "Yo soy el más
grande, yo soy el más grande"; y Dharmaraja (Yama), que
tiene el registro de sus buenas y majas obras, está atónito.
Los siete infiernos esperaban su recepción, pero habiendo visitado
tu templo, sus pecados han sido perdonados y han obtenido el futuro
más excelente. Siva replicó: "Esta fue mi promesa
a Soma y no puede ser infringida; todos los hombres que visiten el
templo de Someswara deberán ascender al cielo; no obstante,
suplicar a Parvati que ella ideará algún medio para
desembarazaros de esta aflicción".
»Los dioses invocaron entonces a Parvati con términos
laudables: "Te rogamos a ti, oh suprema de las diosas, Soporte
del Universo, ¡adorada seas, al que creas y destruyes! ¡Garantízanos
tu ayuda y sálvanos de la aflicción!", Habiendo
escuchado la súplica de Indra y los dioses, fuiste movida por
la compasión y frotando gentilmente tu cuerpo, creaste un maravilloso
ser con cuatro brazos y cabeza de elefante y luego te dirigiste de
este modo a los dioses: "Ansiando vuestro bien, he creado este
ser, que ocasionará obstáculos a los hombres y engañándolos,
les quitará el deseo de visitar a Somnath, con lo que se precipitarán
en el infierno».» Al oír esto, los dioses regresaron
a sus hogares rebosantes de satisfacción.
»El ser con rostro de elefante, dirigiéndose entonces
a Devi dijo:
'Dime encantadora diosa: ¿qué debo hacer?! Ella contestó:
"Pon obstáculos a que los hombres visiten Somnath y estimúlalos
a que abandonen este propósito tentándoles con esposas,
hijos, posesiones y riquezas. Sin embargo, aquellos que te veneren
con el siguiente himno, quitales todos los obstáculos y permíteles
obtener la gracia de Siva, adorando su templo en Somnath: ¡Oh,
alabado seas, oh señor de las dificultades! El amado esposo
de Siddhi (Conocimiento) y Buddahi (Comprensión); Ganapati
invencible que concedes la victoria; tú que obstaculizas el
éxito de los hombres que no te adoran. Yo te alabo, oh Ganesa!;
Terrible hijo de Uma, firme, pero fácilmente aplacable. Oh
Vinaka, yo te alabo! Oh ser del rostro de elefante, que desde antaño
proteges a los dioses y cumples sus deseos, yo te alabo!». Así
continuó Parvati deberás ser alabado y adorado y a quienquiera
que invoque previamente al dios Vinayaka, ninguna dificultad impediría
que consiga el objetivo propuesto y obtendrá más generoso
resultado de sus sacrificios, peregrinajes y demás actos devocionales».
En tiempos recientes ha habido
una supuesta encarnación de Ganesa, cuyo descendiente y representante
fue visitado por el capitán E. Moor en el siglo actual, El
siguiente es un relato de su visita: <<Muraba Goseyen era
un Brahmán de Poona que, mediante abstinencias, mortificaciones
y rezos, se hizo merecedor en mayor grado que otros al trato favorable
del Todopoderoso. Parece ser que Ganapati le concedió aparecérsele
por la noche en una visión, en Chinchor. Él le pidió
que se le apareciera y se bañara. Durante la ablución,
tomó la primera cosa tangible que su mano encontró
y la hizo sagrada. El dios prometió que una porción
de su Santo Espíritu, permanecería en la persona favorecida
de este modo y continuarla así hasta la séptima generación
de su semilla, que serian sucesivamente hereditarios y guardianes
de su sagrada sustancia que al parecer es una piedra en la que se
entiende que el dios está simbolizado místicamente.
Este símbolo es debidamente venerado y cuidadosamente conservado,
y ha sido siempre el constante compañero de la persona santificada
con la herencia del divino patrimonio. Esta anunciación ocurrió
sobre el año 1640 y en el tiempo en el que el capitán
Moor visitó el lugar, el representante de la deidad era ya
el sexto descendiente.
»No aparece muy claro cuál fue la facultad concreta
que originalmente concediera la energía divina, pero se supone
que fue un poder limitado de hacer milagros tales como curar enfermedades,
responder a las oraciones de sus devotos y la facultad de dar a
conocer futuros sucesos.
»Estos dones fueron disfrutados en mayor grado por los primeros
representantes del dios. No obstante, la persona que Moor vio, declaró
haber realizado varios milagros. Se dice que el tercer descendiente
realizó un trabajo maravilloso. Fue en su época cuando
el ejército Moghul de Hyderabad invadió triunfante
el país de Mahratta. Tras saquear y quemar Poona, una partida
se dirigió a Chinchoor, la residencia de esta deidad, para
ponerla bajo contribución, El Deo se negó a someterse
a este yugo, confiando en la influencia divina con la que había
sido investido. Los musulmanes se burlaron de su superstición
y con la intención de hacerle quedar en ridículo ofrecieron
mandar un Nuzur (presente, al Deo. La ofrenda fue aceptada, el Deo
recurrió ala oración y los insultantes fanáticos
enviaron a ciertas personas para ver el resultado. Aparentemente
se ofrecía un regalo decoroso y apropiado, sin embargo, consistía
en carne de vaca, una abominación a los ojos de un hindú.
Cuando se descubrieron las bandejas, se llenaron de asombro al ver
que en lugar de la carne de vaca las bandejas estaban llenas con
las flores más finas y Sagradas para los hindúes.
Los musulmanes, viendo esto, reconocieron la mano de Dios en el
cambio y quedaron tan conmovidos con la realidad del milagro que
se le garantizó al Deo una valiosa porción de tierra,
en la que se encuentran sus templos hoy en día.»
El Deo come, duerme, se casa y vive la vida de un mortal ordinario,
y aunque es considerado como un tonto en asuntos mundanos es adorado
como un dios. En ocasiones especiales sus acciones y movimientos
son observados cuidadosamente y son manifestaciones momentáneas
de la voluntad divina, que son consideradas como proféticas.
Así si una noche determinada del año tiene un sueño
pacifico, se predice tranquilidad nacional; si se despierta agitado,
se preveen calamidades nacionales. Si se levanta furiosamente de
su asiento toma una espada o hace algún movimiento marcial,
es de esperar una guerra.
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