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Helios es el nombre del sol. Tiene muchas leyendas.
Hijo de Eunifesa y el titán Hiperión,
es hermano de Selene (la luna) y de Eos (la aurora).
Cada mañana, despertado por el gallo, que está consagrado
a él, unce a su carroza de fuego los cuatro corceles que
han de llevarlo a su palacio de oro, que está en el poniente,
cerca de Colquis. Tiene uno igual en el oriente. Cuando llega al
del poniente, desunce a sus caballos y van a pastar a las Islas
Afortunadas. Cuando ha desuncido, se embarca en una nave que le
hizo Efesto y navega hacia el
oriente, para aparecer al día que sigue. Con él se
va junta la carroza y los caballos.
Helios ve cuanto pasa en el mundo, aunque a veces pueden
los hombres hacerle trampa y escapar de su mirada. Como pasó
con Ulises, cuando sus compañeros robaron los bueyes
sagrados. Esos son de Helios y tiene una enorme cantidad
de ellos, entre trescientos y quinientos. Esos bueyes sagrados están
en Sicilia y los cuidar, sus hijas Petusa y Lampecia. Los mejores
están en España, en una isla llamada Eritia.
Rodas es la tierra del sol por derecho propio. Cuando Zeus
repartió tierras e islas entre los dioses, se olvidó
de Helios. Pero Helios hizo brotar de las aguas esa
isla, en la cual aposentó a siete hijos suyos y una hija.
Los habitantes de la isla al ver a las hijas del sol se enamoraron
de ellas. Una mañana Helios permitió a Faetonte,
hijo suyo, que guiara la carroza del sol. Lo bahía
negado siempre, pero al fin cedió. El joven quiso hacer ostentación
de su habilidad, pero la fuerza de los corceles lo venció
y comenzó a correr en forma de zigzag. Subía tan alto
que la tierra no tenia luz, o bajaba tanto,que las mieses quedaban
consumidas con el ardor solar. Irritado Zeus
lo fulminó con el rayo y fue a caer en el río que
hoy se llama Poo. Sus hermanas que lo habían animado, fueron
a dar a su lado y se mudaron en alamos o alisos. Allí están
llorando lágrimas de ámbar.
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