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Seres borrosos y al mismo tiempo muy pujantes en la poesía
trágica. Son personificación de la idea de reposición
del orden destruido por el crimen, en especial en los miembros de
la propia familia o del grupo, tribu o clan. Por eso tienen por
misión reprimir la rebelión del hijo contra el padre,
del joven contra el viejo, del huésped que no observa las
leyes de la hospitalidad. Para reprimir estos males persiguen sin
cesar al delincuente y lo acosan y lo vejan hasta matarlo o dejarlo
incapaz de obrar.
Viven en el Erebo y son anteriores a Zeus
y a los dioses todos. Indice de su carácter abstracto, hecho
concreto por el mito.
Son tres: Tisífone, "destrucción vengadora";
Alecto, "repugnante, hostil', y Megera, "refunfuñona"
Se las representaba como viejas horripilantes, que en lugar de cabellos,
tenían haces de víboras, con cara de perro, cuerpo
negro y alas como de vampiro. Los ojos perpetuamente inyectados
de sangre. Llevaban como insignias látigos de cuero guarnecidos
de láminas y anillos de bronce. Con ellos atormentaban al
culpable.
Su nombre primero Erinis, Erina, significa "odiosas,
aborrecibles, disgustadas". Para no mencionarlas las llamaban
por antífrasis "clementes, propicias" Euménides.
El nombre de Furia es romano y significa la locura de venganza.
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