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Pleione, hija del Océano, casó
con Atlas, hijo de Uranos, que fue rey de Mauritania
y gran astrónomo. Inventó la esfera, por lo cual se
le representaba llevando el globo sobre los hombros y agobiado bajo
su peso.
Otros dicen, en cambio, que fue un castigo que Zeus
impuso a Atlas por haber ayudado a los Titanes en
la guerra que emprendieron contra él.
El matrimonio Pleione y Atlas tuvo siete hijas, que
se llamaron Pléyades, y son las estrellas que forman
la constelación de este nombre, menos una de ellas, Electra,
que se ausentó para no ver la destrucción de Troya,
que había fundado su hijo Dárdano.
Desde aquel entonces, Electra no volvió a aparecer
entre sus hermanas como un cometa pasajero.
Una de estas Pléyades, llamada Maya, había
de hacerse más famosa que sus hermanas, porque embarazada
por Zeus daría a luz un hijo llamado
Hermes, que significa ~mensajero~. En efecto, su augusto
padre le hizo mensajero de los dioses. Para ello, le puso alas en
los pies y en su tocado, que es una especie de gorro, con el que
se le ve siempre representado.
Además, su padre le hizo también dios de la elocuencia,
del comercio y de los ladrones.
Hermes nació en la Arkadia, siendo concebido
en una gruta del monte Killene, hoy llamado Ziria,
pues su madre, la hermosa Maya, «no gustaba del trato
de los bienaventurados dioses". Por eso Zeus
iba a reunirse con ella a medianoche, «mientras el sueño
envolvía a su esposa Hera, la de los
níveos brazos".
Hermes nació extraordinariamente precoz e incomparablemente
audaz, cualidades que sin duda heredó de su astuto padre.
El himno lo representa de esta forma:
"Un hijo de multiforme ingenio, sagaz, astuto, ladrón,
cuatrero de bueyes, príncipe de los sueños, espía
nocturno, vigía y guardián de todas las puertas y
que muy pronto había de hacer alarde de gloriosas hazañas
ante los inmortales dioses"
Efectivamente, ~nacido al alba, a mediodía pulsaba la citara
y por la tarde robaba las vacas del flechador Apolo;
y todo esto ocurría el día cuarto del mes, en el cual
le había dado a luz la venerada Maya".
Sorprende realmente la sagacidad y la precocidad admirables de Hermes,
ya que el mismo día de su nacimiento hizo dos cosas verdaderamente
extraordinarias: inventar y construir una cítara, y robar
un rebaño de vacas; y esto, nada menos que a Apolo.
A poco de nacer, Hermes saltó de la cuna, salió
de la gruta y se encontró con una tortuga «que pacía
la jugosa hierba delante de la morada», Dichoso en verla,
le saludó contento con estas palabras: «Salve, criatura
naturalmente amable, reguladora de la danza, compañera del
festín, en feliz momento te me has aparecido gratamente.
Tú serás, mientras vivas, quien preserva de los dañinos
sortilegios; y luego, cuando hayas muerto, cantarás dulcemente>
Y para que la pobre tortuga pudiera hacer todo cuanto el recién
nacido Hermes le decía, éste la cogió,
entró con ella en la gruta, la yació « con un
buril de blanquecino acero, cortó cañas, cogió
una tripa seca, cuerdas hechas asimismo de tripas y cuanto era necesario,
y fabricó la primera cítara,
»Entonces dice e! himno a Hermes, cogiendo el amable
juguete que acababa de construir, ensayó cada nota con el
arco, y bajo sus manos sonó un sorprendente sonido.'
Después de haber ensayado la cítara, la dejó
en la cuna, y "ávido de carne" corrió hacia
las montañas de Pieria, adonde llegó «cuando
el Sol se hundía con su carro y sus corceles debajo
de la Tierra", dispuesto a robar parte del rebaño de
los dioses.
Seguidamente robó cincuenta vacas y las llevó de un
sitio para otro, protegido por las sombras de la noche. Y para confundir
sus huellas se valió de toda suerte de tretas. Por ejemplo.
haciendo que las pezuñas de delante marchasen hacia atrás
y las de atrás hacia adelante, y andando él mismo,
al guiarlas, de espaldas, además de ponerles ramas en Las
colas para hacer las huellas más confusas.
Cuando clareaba el día legó al borde del Alfeios,
el mayor de los ríos del Peloponeso, inventó
el fuego, inmoló dos vacas en honor de los dioses, escondió
luego los animales en una caverna, hizo desaparecer los rastros
del sacrificio, tiró sus sandalias al río y escapó
a todo correr hacia la cueva donde había nacido pocas horas
antes.
Amanecía cuando llegó al monte Killene y se
metió en su gruta por el ojo de la cerradura «empequeñeciéndose
cual hubiera podido hacerlo la neblina del aura otoñal",
llegó a la cuna sin hacer mido, se coló en ella, se
fajó "y se puso a juguetear, como un niño, con
el lienzo que le envolvía, pero asiendo a su amada tortuga
con la mano izquierda".
Como era de esperar. Apolo no tardó
en presentarse, pues su arte y pericia en adivinar le hizo descubrir
rápidamente dónde se escondía el ladrón.
Devuélveme las vacas. ¿Dónde están?
dijo Apolo.
Pero Hermes negó con la mayor audacia. por lo que
acabaron recurriendo a Zeus, quien, pese
a mostrarse muy satisfecho de la precocidad y astucia de su nuevo
hijo, 1e obligó a devolver lo robado, Mejor dicho, lo sustraído,
ya que los fuertes no roban: conquistan o sustraen.
Faltan dos vacas se quejó Apolo.
Eran las que Hermes había sacrificado a los dioses.
Mas para calmar la cólera. de su hermano, el ladronzuelo
hizo sonar la lira «tocando con el plectro todas y cada una
de las cuerdas. Y al vibrar éstas armoniosamente, llenóse
de gozo Apolo, pues su grato sonido le embelesé
y le hizo sentir al punto vivísimo el deseo de apoderarse
de ella~.
Viendo Hermes que su hermoso hermano, el dios músico,
el que dirigía el coro de las Musas, envidiaba su
nuevo instrumento, se lo regaló en el acto.
Sintiéndose feliz Apolo y olvidando
sus rencores le dio a cambio su látigo de vaquero hecho de
un rayo de sol y hasta le instó:
Ocúpate de ahora en adelante de las vacas.
Y así fue corno hecha la paz y sellada con promesas solemnes
de no perjudicarse mutuamente, en lo sucesivo su amistad fue imperecedera.
Apolo sería el dios de la lira y
Hermes su divino protector de los rebaños. No debe
extrañar que un dios tan particularmente sagaz, Útil
y astuto, fuera muy afortunado en amores. Con Afrodita
tuvo a
Hermafrodito; con Antianeira, otros dos hijos, gemelos:
Enitos y Echión, que figuraron entre los Argonautas.
Otro vástago de Hermes fue Abderos, joven que
fue amado por Herakles y muerto por las yeguas de Diomedes.
La leyenda atribuye también a Hermes la paternidad
de Autólicos, el más desvergonzado de los ladrones
mitológicos, y asimismo el más afortunado de ellos,
puesto que su padre le había concedido el donde no ser sorprendido
jamás. Igualmente se dice que Kefalos era hijo de
Hermes, habido con Herse, una de las hijas de Kekrops.
Y, por último, hay algunos que aseguran que Hermes
se unió a la fiel Penélope, la mujer de Ulises,
con la que tuvo el dios Dionisio.
Cierto día, Hermes encontró a dos serpientes
peleando y las separé con la varita o látigo que le
dio Apolo, alrededor de la cual se enroscaron.
Este es el Caduceo, que tiene el poder de acabar con todas
las disensiones,
De las preciosas cualidades del inquieto y veloz Hermes o
Mercurio se aprovechó su padre Zeus
para encomendarle toda clase de comisiones, desde las nobles hasta
las innobles, que desempeñaba con gran rapidez y solicitud,
Pero no solamente era el «correveidile» de los dioses,
como se le ha llamado, sino también el dios de la elocuencia,
por sus dotes de persuasión; el de la prudencia, la astucia
y aun las raterías; el protector de los viajeros y caminantes;
el que difundía los grandes inventos; el que protegía
toda clase de trabajos y ejercicios físicos, especialmente
aquellos en los que se empleaba la fuerza y la agilidad.
Y finalmente, y ésta es de todas sus representaciones la
que ha triunfado modernamente, casi como única: era el dios
del comercio y de la suerte, incluso en el juego.
Ocurrió un día que Zeus, al
que como es sabido le entusiasmaban las aventuras amorosas, pretendió
a Yuturna, hija de Dáceno, que era muy hermosa.
Pero como a la joven no le agradaba el casquivano dios, huyó
y se tiró al río Tíber, suplicando a
sus Náyades que la ocultasen, a lo que éstas
accedieron gustosamente.
Una de ellas, sin embargo, llamada Lara, indignada, participó
a la diosa Hera lo que pasaba y ésta,
celosa como siempre, convirtió a la bella Yuturna
en fuente. Pero Zeus, irritado contra la
chismosa Lara, le ordenó que se cortara la lengua
y dijo a Hermes o Mercurio:
Anda, llévala al infierno, donde yo no la vea.
Pero Hermes, conmovido por su desgracia y seducido por su
belleza, se casó con ella. Tuvieron por hijos a los dioses
Lares, genios buenos de las casas y custodios de las familias,
como lo eran también los Penates.
Otra versión latina dice que los Lares descendían
de Vulcano y de la diosa Maya, encarnación
de la Tierra Madre.
Corno es sabido, Mercurio era la divinidad romana que en
la época clásica se identificó con el Hermes
griego.
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