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Balder

Es hijo de Odín y de Frigg, es el favorito de toda la naturaleza y de todos los dioses. Es tan bello y tan resplandeciente en sus formas y sus rasgos, que rayos de luz parecen brotar de él; y podemos formarnos una idea de la belleza de sus cabellos, cuando sabemos que la más blanca de todas las plantas es llamada cabellera de Balder (Baldesdbraa). Balder es el más sabio y el más elocuente de los dioses y, sin embargo, su juicio es tal que no puede jamás ser cambiado. Habita en la morada celeste llamada Breidablik (el vasto esplendor), donde no puede entrar nada sucio.

La muerte de Balder

Fue un acontecimiento que los asios consideraron muy importante. Balder el bueno estaba atormentado por terribles sueños que le mostraban que su vida estaba en gran peligro. Se lo participó a los dioses reunidos en asamblea, quienes, entristecidos, decidieron conjurar los peligros que le amenazaban. Frigg juró por el fuego y el agua, por el hierro y todos los otros metales, al igual que por las piedras, la tierra, las enfermedades, las bestias, los pájaros, los peces y reptiles, que ninguna de esas cosas haría ningún daño a Balder. No obstante Odín temía que la prosperidad de los dioses se hubiera desvanecido. Ensilló su Heipner y cabalgó hacia el Niflheim, donde el perro de Hel acudió a su encuentro; tenía éste el pecho ensangrentado y estuvo mucho tiempo ladrándole a Odín. Odín avanzó; la tierra temblaba bajo él, y llegó a la alta morada de Hel. Sabía que la tumba de la vala estaba situada al este de la puerta; cabalgó hacia ese lugar y entonó unos cantos mágicos (Kvad galdra) ella se levantó a pesar suyo y preguntó quien turbaba su reposo tras haber estado tanto tiempo cubierta de nieve y mojada por el rocío. Odín se dio el nombre de Vegtam, hijo de Valtam, y preguntó para quien estaban cubiertos de argollas los bancos, para quién los lechos nadaban en oro. Respondió que el hidromiel estaba elaborado para Balder, pero que todos los dioses estaban desesperados. Cuando Odín preguntó cuál seria el veneno de Balder, respondió que Hoder precipitaría la famosa rama y se convertida en el veneno del hijo de Odín; pero Rind daba a luz un hijo que, teniendo solamente una noche, llevaría una espada y no se lavaría las manos ni peinaría sus cabellos hasta haber vengado la muerte de su hermano. Pero habiendo reconocido a Odín en una pregunta enigmática, dijo: "No sois Vegtam, como creía, sino Odín, el viejo nuestro." Odín respondió: "Nosois la vala,sino la madre de los tres gigantes." Entonces la vala le dijo a Odín que volviera a su casa a caballo y que se vanagloriase de su viaje, pero ¡e aseguró que nadie volvería a visitarla antes de que Loke no fuera desembarcado de sus cadenas y la ruina de los dioses realizada.
Cuando se hubo dado a conocer que nada en el mundo dañaría a Balder, los dioses en sus reuniones tuvieron como pasatiempo favorito el rogar a Balder que se levantara para que les sirviera de objetivo: unos le lanzaban dardos, otros piedras, mientras que otros le cortaban con sus sables y sus hachas de batalla, Le hicieran lo que le hicieran, nadie podía hacerle daño, y todos lo consideraban un gran honor para Balder. Pero cuando Loke Laufeyarson vio esta escena, se sintió muy molesto porque Balder no recibía ninguna herida, Por consiguiente, tomó la forma de una mujer y fue a Fensal, la morada de Frigg. Esta diosa, al ver a la pretendida mujer, le preguntó si sabía lo que hacían los dioses en sus reuniones. La mujer (Loke) respondió que lanzaban dardos y piedras a Balder sin conseguir herirlo.
- ¡Ah dijo Frigg, ni madera ni metal pueden herir a Balder, pues he exigido el juramento de todas esas cosas.
- Cómo! - exclamó la mujer, ¿todas las cosas han jurado no dañar a Balder?
-Todas las cosas, respondió Frigg, salvo un pequeño arbusto que crece sobre el lado oriental del Valhal, y que se llama muérdago: pensé que era demasiado joven y débil para exigirle un juramento.
En cuanto Loke supo esto, se fue, y recobrando su forma natural arrancó el muérdago y volvió al lugar donde estaban reunidos los dioses. Encontró a Holder que se mantenía alejado sin tomar parte en el juego, porque era ciego. Loke se dirigió a él y le dijo:
- ¿Por qué no tiráis igualmente algo sobre Balder?
-Porque soy ciego, respondió Hoder, y no puedo ver dónde está Balder, y además no tengo nada para tirarle.
- Venid, pues, dijo Loke, haced como los otros, y honrad a Balder tirándole este tallito; dirigiré vuestro brazo hacia el lugar donde está.
Hoder tomó pues el muérdago, y conducido por Loke, se lo lanzó a Balder, que cayó inanimado, atravesado de parte a parte. ¡En verdad, nadie fue jamás testigo, ni entre los dioses ni entre los hombres, de una acción más atroz! Cuando cayó Balder, los dioses se quedaron sin voz, paralizados de horror, luego se miraron unos a otros; todos estaban de acuerdo en querer apoderarse de e' que había realizado la acción; pero se vieron obligados a posponer su venganza, por respeto a la santidad del lugar (lugar de paz), donde se hallaban reunidos. Finalmente, dieron libre curso a su pena, con tan altas lamentaciones que eran incapaces de comunicárselo los unos a los otros.
No obstante Odín sentía esta desgracia en toda su dureza, porque era e1 que mejor comprendía el alcance de la fechoría y de la pérdida que los dioses habían sufrido con la muerte de Balder. Cuando los dioses se hubieron calmado un poco, Frigg les preguntó que quién, entre ellos, quería conquistar su favor y todo su amor yéndose a caballo al mundo inferior, para tratar de encontrar a Balder y ofrecer un rescate a Hel, si quería permitir que Balder volviera a Asgard; a lo que Hermod, apodado el Agil, se ofreció a emprender el viaje. El caballo de Odín, Sleipner, fue por consiguiente traído y preparado para el viaje. Hermod lo montó y se fue rápidamente al galope.
Entonces los dioses tomaron el cadáver de Balder y lo llevaron al mar, al lugar donde estaba el navío de Balder, Ringhorn, que era el mayor de todos los navíos. Pero cuando quisieron botar la nave, para construir la pira funeraria de Balder, les fue imposible hacerla cambiar de sitio. Ante esta situación, enviaron un mensajero a Jotunheim para llamar a una cierta giganta llamada Hyrroken (fuego humeante), que llegó cabalgando sobre un lobo y llevando serpientes enrolladas alrededor de los riñones. En cuanto pisó el suelo, Odín ordenó a cuatro de sus servidores que mantuviesen su montura, pero se vieron obligados a tirar al suelo al animal antes de poder realizarlo. Hyrroken se dirigió entonces a la proa del navío y con un solo impulso lo puso a flote; pero el movimiento fue tan violento, que unas chispas surgieron de los rollos que había encima y toda la tierra tembló. Thor, se enfureció al verlo, cogió su martillo y hubiera destrozado el cráneo de la mujer si los dioses no hubieran intercedido por ella. Seguidamente el cuerpo de Balder fue transportado a bordo del navío sobre la pira funeraria, y esta ceremonia tuvo un efecto tal sobre la mujer de Balder, Nanna, hija de Nep, que su corazón se partió de pena; su cuerpo fue colocado sobre la misma pita y quemado con el de su marido. Thor estaba detrás de la pira y la consagró con su martillo Mjolner. Delante de sus píes salió de la tierra un enano llamado Lit. flor lo empujó al fuego con el pie, de forma que también fue quemado. Acudió gran cantidad de gente a la procesión funeraria de Balder. Odín la encabezaba, acompañado de Frigg, de las Valquirias y de sus cuervos. Luego venía Frey en su carro, tirado por el puerco Gullinbursti (cepillo de oro), o Slidrugtanne (que tiene los Lentes agudos). Heimdal cabalgaba a lomos de su caballo Goldtop, y Freyja conducía su carro, tirado por unos gatos. También había un gran número de gigantes del frío y de gigantes de las montañas. Odín echó a la pira funeraria la famosa argolla Draupner que los enanos le habían hecho, y que poseía la propiedad de producir cada nueve noches ocho argollas de igual valor. El caballo de Balder, ricamente adornado, fue igualmente llevado a la pira y consumido por las mismas llamas que su amo.
Mientras tanto, Hermod se ocupaba de su misión. Debemos relatar que cabalgó durante nueve días y otras tantas noches a través de sombríos y profundos valles, tan sombríos que no podía distinguir nada, hasta que llegó al río Gjoly cruzó el puente Gjallar (puente sobre el río Gjol), que está cubierto de oro brillante. Modgud, la doncella que guardaba el puente, le preguntó su nombre y su parentesco, y añadió que la víspera, cinco fylkes (tropas) de hombres muertos habían cabalgado sobre el puente.
-Pero, añadió, no tembló más bajo todos ellos de lo que ahora tiembla bajo vuestros pies y no tenéis la tez de los muertos; ¿por qué cabalgáis, pues, por el camino que lleva a Hel?
-Cabalgo hacia Hel, respondió Hermod, para buscar a Balder; ¿acaso lo habéis visto pasar por este camino?
Ella respondió que Balder había cabalgado sobre el puente Bjallar, y que la ruta que lleva a la morada de la muerte (a Hel) se halla más abajo y hacia el norte.
Hermod prosiguió luego su viaje hasta que llegó a las puertas prohibidas de Hel. Entonces desmontó, apretó las cinchas, volvió a subir a su caballo y le golpeó los flancos con sus dos espuelas. El caballo atravesó la puerta en su galope desenfrenado y sin tocarla. Luego Hermod cabalgó hasta el palacio, se apeó y entró: encontró a su hermano Balder ocupando el asiento más distinguido de la sala, y pasó la noche en su compañía. A la mañana siguiente, suplicó a Hel (la muerte) que dejara a Balder volver a caballo a su patria, explicándole la pena que reinaba entre los dioses. Hel respondió que era necesario experimentar ahora si Balder era tan universalmente amado como se decía:
-Por consiguiente, si, añadió, todas las cosas del mundo, animadas o inanimadas, lloran por él, volverá a la morada de los dioses; pero si alguien habla en su contra o se niega a llorar, en este caso él lo guardará.
Tras lo que Hermod se levantó, y Balder salió con él de la sala y le dió la argolla Draupner para que se la ofreciera como recuerdo a Odín. Nanna envió a Frigg una alfombra y algunos regalos más, y un anillo de oro a Pulla. Después Hermod volvió a caballo a Asgard y contó todo lo que había visto y oído.
Los dioses enviaron mensajeros por todo el universo para suplicar a todas las cosas que lloraran, con e1 fin de que Balder pudiera ser liberado de poder de Hel. Todas las cosas accedieron de buen grado a la demanda: hombres, animales, la tierra, las piedras, los árboles y todos los metales, exactamente como vemos llorar a las cosas cuando salen del frío para entrar en un aire caliente. Cuando los mensajeros volvieron con la convicción que su misión había tenido un completo éxito, se encontraron por el camino a una giganta (ogro, isl. gygr), que se llamaba Thok. Le pidieron también que llorara por Balder para liberarle del poder de Hel. Pero ella respondió:


Thok llorará
Con Lágrimas secas
Por la muerte de Balder;
Ni en la vida ni en la muerte
Me ha dado ninguna alegría.
Dejad que Hel guarde lo que tiene.


Suponemos que esta giganta no era otra que Loke Laufeyarson en persona, que había causado tantas otras penas a los dioses. Así que Balder no puede salir del Hel y Odín solo se conforma sabiendo que un día, cuando suceda el incendio de los mundos, su hijo amado retornará para dar luz y paz, tras su larga ausencia.

 

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