free hosting   image hosting   hosting reseller   online album   e-shop   famous people 
Free Website Templates
Free Installer

... Inicio || || Foro || Firma mi Libro || Ver Firmas || Links || Escríbeme || [Volver]
ABC
Indice
.Africano
.Árabe
.Asirio
.Azteca
.Babilonio
.Caldeo
.Celta
.Chino
.Egipcio
.Escandinavo
.Etíope
.Fenicio
.Filisteo
.Griego
.Hitita
.Ibérico
.Inca
.Indú
.Japonés
.Maya
.Mesopotámico
.Norteamericano
.Persa
.Romano
Aborígenes
Brasileños
Guaches
Biografías
Nostradamus
Religiones
Islámica
Ordenes y Sectas
Cátaros
Esenios
Masones
Rosacruz
Templarios
 
Egipto Faraónico
Amenofis IV Akenatón

AKENATÓN EL HEREJE


Durante diecisiete años, de 1364 a 1347, Egipto va a conocer una extraña aventura bajo la dirección de Amenofis IV Akenatón. Este reinado marca una ruptura en la evolución histórica de Egipto. Elogiado por unos, considerado como un loco por otros, Akenatón es una figura excepcional. Cambió de nombre, modificó las tradiciones religiosas, creó una nueva capital, intentó organizar una sociedad diferente. Su evolución interna no hizo de él un místico estéril, ya que consiguió poner en práctica sus visiones, actuando en nombre del poder real de que estaba investido.
El arte de la época de Akenatón, que rompe claramente con la obra de los demás faraones, ha impresionado mucho a los estetas contemporáneos. Se ha hablado mucho de deformaciones, de excesos, de expresionismo a veces desmesurado.
Sin embargo, el egiptólogo Arthur Weigall trazó un retrato idílico de Akenatón: «Nos expuso, hace tres mil años, el ejemplo de lo que debía ser un esposo, un padre, un hombre honesto, de lo que debía sentir un poeta, enseñar un predicador, perseguir un artista, creer un sabio y pensar un filósofo. Al igual que otros grandes señores, lo sacrificó todo a sus ideales: su vida mostró hasta qué punto sus principios eran Impracticables». Se trata de un Akenatón romántico, un dechado de virtudes, aislado en un mundo demasiado duro. Como reacción a este análisis, otros egiptólogos se preguntaron si Akenatón no padeció alguna tara física. Alexandre Moret escribe: «Era un adolescente de talla mediana, de osamenta endeble y formas redondas y afeminadas. Los escultores de la época nos han legado fielmente ese cuerpo de andrógino de senos protuberantes, caderas demasiado anchas, muslos demasiado torneados, que le dan un aspecto equívoco y enfermizo. La cabeza no es menos singular, suavemente ovalada, con los ojos un poco oblicuos, una nariz larga y fina, la protuberancia de un labio inferior prominente, el cráneo redondo y hundido, inclinándose hacia adelante como si el cuello fuera demasiado débil para soportarlo». Entre el místico idealista y el enfermo mental, ¿dónde se sitúa la frontera? Algunos no han dudado en franquearla, otros han llegado a precisar la enfermedad que sufría el rey: el síndrome de Fróhlich, una enfermedad sexual grave. El gran Mariette consideraba que Akenatón era un prisionero castrado traído de Nubia por las tropas egipcias. Lefébvre se preguntaba si acaso no sería una mujer disfrazada de hombre.
Akenatón ha desencadenado pasiones tanto en su época como en la nuestra. Sin embargo, aunque un modesto fragmento de estatuilla (6 cm de altura, museo de Bruselas) nos restituya bien su rostro, cuánta serenidad, cuánta luz existe en la visión interior transmitida por ese objeto. Ningún rasgo anormal, ninguna deformación. Se trata de uno de los más bellos retratos del arte egipcio, donde la juventud se alía con la profundidad! y una sensibilidad intensa se une a la meditación. No cabe duda de que Akenatón fue un ser de contrastes y de conflictos; pero quizá llegó a alcanzar la luz glorificada por los textos dedicados a su dios, Atón.
Aunque la documentación sobre el reinado de Akenatón es relativamente abundante, los materiales históricos precisos son bastante raros. Por esta razón, muchos aspectos de esta problemática época siguen siendo oscuros
Se suele pensar que Amenofis IV Akenatón es el hijo de Amenofis III y de Tiyi. Su infancia y su adolescencia transcurrieron en el espléndido palacio tebano de Malgatta. La educación de un futuro faraón se basaba en una doble enseñanza, intelectual y física. En cuanto a la actividad deportiva, no parece que el joven rey haya manifestado un gusto especial por la caza y el manejo de las armas. En cambio, disfrutó de un clima de espiritualidad totalmente excepcional, del que el maestro de obras Amenhotep hijo de Hapu era en gran parte responsable. A Amenhotep, por su formación y por las exigencias de su arte, no le gustaban mucho los visionarios. Educó a Akenatón de una manera rigurosa y le indicó, al igual que su padre, los deberes sagrados inherentes al cargo de rey.
Las tendencias místicas del futuro monarca debían de ser fáciles de descubrir. Pero todavía se sigue discutiendo sobre si sufrió la influencia de Amenofis III y de ciertos pensadores. Nos parece que no se puede negar que esta época está marcada por una religión relativamente «abierta», donde los cultos solares ocupan un lugar importante junto a la veneración a Amón. Para un espíritu que debía hacer de la luz la «sustancia» divina por excelencia, el contexto intelectual era favorable.
Amenofis IV sube al trono en 1364, a la edad de quince anos. Probablemente, ya estaba casado con Nefertiti, cuyo nombre significa «la bella ha venido», pero se sabe que era egipcia. Sin embargo, el nuevo rey debería haberse casado con la princesa heredera. ¿Cabe hablar de una historia de amor entre dos adolescentes? Es poco probable. Los dirigentes de Egipto habían impuesto esta unión, de la que nacería una auténtica pasión entre dos seres excepcionales.
Se ha dicho a veces que Nefertiti era la hija de Amenofis III, pero no se ha presentado ninguna prueba decisiva para confirmar esta hipótesis. Ella nunca lleva el título de «hija del faraón». En realidad, Nefertiti pertenecía a la familia de un personaje importante de la corte.

Se plantea un problema fundamental para la lectura histórica de los principios del reinado: ¿Amenofis III y Amenofis IV reinaron varios años conjuntamente según los principios de la corregencia, o bien Amenofis IV ocupó el trono en solitario? El debate sigue abierto, aunque la primera hipótesis es la que se adopta con mayor frecuencia. Según la hipótesis que se elija, varían las fechas y la interpretación de algunos acontecimientos.
El nuevo faraón adopta los títulos tradicionales. Hasta el año 5 del reinado, simplemente se anotan algunas particularidades en las inscripciones. Amenofis IV se llama «Unico de Ra» o «Primer profeta de Ra-Har-ajty», demostrando así una devoción particular por el dios solar. En Tebas hizo construir un santuario llamado «Atón ha sido encontrado», donde se puede ver a Ra-Har-ajty en forma de disco un solar que emite rayos que terminan en manos. El Sol se considera como un rey, comparte la soberanía con el faraón, celebra jubileos como él.
Amenofis IV y su esposa Nefertiti son inseparables. Presiden conjuntamente los ritos religiosos y las ceremonias oficiales. La tumba del visir Ramosis es una excelente muestra de la evolución que se produce. Una parte del monumento de ese gran personaje está decorada a la manera clásica. Cuando Ramosis hace una ofrenda floral en honor de Amenofis IV, el rey está representado de manera «normal», en el estilo habitual; pero cuando Ramosis recibe unos collares de Akenatón y de Nefertiti, se adopta el estilo amarniano con su característica deformación de los cuerpos.
Durante el año 5 del reinado el joven rey toma una decisión capital. Cambia de nombre. Ya no se llama Amenofis, nombre en el que figura el rey Amón, sino Akenatón, que significa «servicial para Atón» o, quizá mejor, «espíritu eficaz de Atón». En lo sucesivo, el dios Atón protegerá la realeza. Al estar la política inseparablemente unida a la religión, se modifica el destino de todo Egipto.
El padre de Akenatón se llama Amenofis, pero su hijo no tiene ningún resentimiento hacia él. Existen varias representaciones donde el nuevo faraón presenta ofrendas a Amenofis III deificado. Akenatón no decidió combatir contra el dios Amón como tal, sino contra su clero, contra los hombres encargados de practicar su culto y que él juzgó sin duda que eran dignos de esa misión.

(Tomado de: L'Egypte des grands pharaons. Autor: Christian Jacq)

Maurisoft©®