"Dios
de la inmundicia" o Tlaelquani, "Comedor de porquería",
los aztecas la llamaban diosa de la Tierra, porque erradicaba
los pecados; los habitantes se confesaban con el sacerdote para
ser absueltos de sus faltas. El pecado se simbolizaba entre los
aztecas como excremento. La confeción solo cubría
los pecados de inmortalidad. Pero si Tlazolteotl era la diosa
de la confesión, también era patrona del deseo y
la lujuria. Era una sola diosa cuyo principal oficio era la erradicación
del pecado humano.