Dios azteca del cielo nocturno. Dios a la vez creador y a la
vez destructor. Dios de la pureza y el pecado. Inventor del
fuego, patrón de los príncipes.
El espíritu del muerto debe presentarse a Tezcatlipoca
vestido con piel de ocelote, y desnudo con un yugo de madera
al cuello, para recibir la sentencia. Al muerto se le somete
a unas pruebas que preceden la entrada a la morada de la muerte,
el reino de Mictlan, y para que no se encuentre ante
los peligros del viaje en una condición de indefención,
se le entrega un haz de jabalinas. Primero pasa entre dos altas
peñas, de donde se puede caer y estrellarse si no puede
escapar de ellas con habilidad. Luego una terrible serpiente
se interpone en su sendero y, si vence a este monstruo, le espera
el feroz caimán Xochitonal.
El desventurado espíritu deberá atravesar ocho
desiertos e igual número de montañas y habrá
que resistir un torbellino afilado como una espada, que puede
cortar hasta las más sólidas rocas.