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1. DESCRIPCIóN DE LA ÍNDOLE DE MUJER Y HOMBRE,
Y LOS MOTIVOS DE RECHAZO
Un hombre puede tener relaciones con las esposas de otro por las
razones ya expuestas(1). En relación con estas mujeres, hay
que analizar, desde el principio, si se las puede conquistar, la
falta de riesgos, si hay motivos para mantenerse alejados, las perspectivas
futuras y su comportamiento.
Sin embargo, cuando un hombre se da cuenta de que su deseo va quemando
etapas, entonces, para evitar que el cuerpo sufra, puede dirigirse
sin más a las esposas de otro. El deseo de amor tiene diez
etapas, cuyas características son: mirada agradable, dedicación
de la mente, nacimiento de la intención, falta de sueño,
adelgazamiento, desinterés por cuanto le rodea, pérdida
de todo pudor, locura, desfallecimiento, muerte.
En estas circunstancias, afirman algunos maestros, un hombre tiene
que saber deducir del aspecto y de signos concretos el carácter,
la sinceridad, la honestidad, la facilidad de conquista y la fogosidad
de una joven. Vatsyayana sostiene, por el contrario, que, si uno
tiene sólo en cuenta el aspecto y los signos específicos,
se puede equivocar, la conducta de una mujer hay que valorarla basándonos
únicamente en sus actitudes y en sus expresiones.
Gonikaputra opina que, cuando una mujer ve a un hombre guapo, colma
el vaso del deseo, y le pasa exactamente lo mismo a un hombre, cuando
ve a una mujer hermosa; pero, por distintas consideraciones, ellos
pueden quedarse quietos.
Sobre el particular hay una diferencia en lo que se refiere a la
mujer. Ella no toma en consideración ni lo que está
ni lo que no está permitido por la Ley Sagrada; simplemente
se inflama de pasión; pero con algunos escrúpulos
no se puede seguir adelante y, aunque el hombre la corteje como
le gusta a ella, por muchas ganas que tenga, tiende a retraerse.
Sin embargo, si se la somete a un cortejo atosigante, termina cediendo.
El hombre, por el contrario, que respeta las normas de la Ley Sagrada
y los usos y costumbres de los arios(2), aunque esté enamorado,
se tira para atrás. Por estos convencimientos no cede, aunque
le cortejen. Puede cortejar incluso sin motivo e, incluso después
de haberse comportado así, no continuar; más tarde,
cuando por fin ha conquistado a la mujer, se queda indiferente.
Desprecia a la mujer fácil de seducir y la desea si le cuesta
mucho conseguirla; es la opinión más corriente.
Exposición de motivos por los que una mujer no cede: Ama
a su esposo; respeta a sus hijos; es una persona madura; está
afligida por un dolor. Le resulta imposible quedarse sola; está
nerviosa, pues el hombre se le insinúa de forma poco respetuosa;
le falta convencimiento, porque no le resulta fácil entender
lo que piensa él. No ve perspectivas, pues sabe que se ausentará,
o que tiene puesta la mente en otro sitio; está preocupada,
y no puede ocultar su estado de ánimo; ha revelado sus sentimientos
a los amigos, y esto le preocupa. Sospecha que la corteja inútilmente;
tiene miedo, pues es un hombre potente; es una "cierva",
y por este motivo teme que sea muy fogoso o dotado. Se avergüenza,
porque es un elegante, un experto en las artes, o porque, con anterioridad,
le ha tratado como amigo. Está indignada, porque él
no busca ni el momento ni el lugar adecuados; no lo estima, pues
lo considera fuente de desprecio; tiene una pésima opinión
de él, desde el momento en que, aunque alentado, no se percata
de nada; y, si es una mujer "elefante", porque piensa
que es un hombre "liebre" y débil en el amor.
Tiene compasión de él; quiere evitar por todos los
medios que le pase algo desagradable. Siente desgana, porque ha
visto en él algún defecto; teme que, si la descubren,
la echen de su familia. Es esquiva, porque él tiene el pelo
blanco; sospecha que le haya enviado su marido para someterle a
una prueba; por último, respeta la Ley Sagrada.
Si un hombre se da cuenta de que tiene alguno de estos motivos para
ser rechazado, desde el principio debe poner remedio. Si los motivos
están ligados a los nobles sentimientos de la mujer, conseguirá
lo que se propone acrecentando su pasión; si nacen de una
imposibilidad, mostrándole los medios para superarla. Cuando
son ocasionados por el sometimiento, debe establecer una intimidad
profunda; si vienen del desprecio hacia él, debe mostrar
mucho orgullo y su valía. En caso de que surjan del poco
respeto hacia la mujer, lo remedie con la reverencia; si dependen
de un temor, inspirándole confianza.
LOS HOMBRES QUE TIENE ÉXITO CON I.AS MUJERES
Tienen éxito, generalmente, los siguientes hombres: los que
conocen el Kamasutra; saben contar historias con maestría;
han estado con ellas desde la infancia; se encuentran en plena juventud;
han conquistado la confianza de la mujer con juegos y cosas parecidas;
cumplen de buena gana encargos; conversan amablemente; hacen favores;
antes han sido alcahuetes de otro; saben cuáles son los puntos
débiles de la mujer.
También tienen éxito los que desea ardientemente a
una mujer; los que, a escondidas, están en estrechas relaciones
con una amiga; los que gozan de la fama de afortunados en el amor;
uno que ha crecido con ella; un vecino de casa o un criado, cuando
están enamorados; el esposo de la hermana de leche; un nuevo
pariente recién incorporado; un hombre que frecuenta espectáculos
y jardines y se muestra generoso; uno con reputación de ser
muy viril; el osado; un héroe; los que superan a su esposo
en cultura, encanto, cualidades y entrega en los placeres; y, por
último, los que visten y viven gastando mucho.
MUJERES QUE SE PUEDEN CONQUISTAR SIN ESFUERZO
De la misma forma que un hombre tiene que analizar sus probabilidades
de éxito, también debe tener en cuenta la facilidad
para seducir a una mujer; por este motivo vamos a hablar de las
mujeres que se pueden conquistar sin esfuerzo.
Se puede conquistar simplemente cortejándola: a la mujer
que siempre se entretiene a la puerta; desde la terraza de casa
mira a la calle; frecuenta una tertulia en la habitación
de un vecino joven; mira a los hombres descaradamente; cuando se
fijan en ella, responde con miradas de reojo. Del mismo modo a la
que, sin motivo, se deja descalzar por una rival; odia a su esposo
o éste la odia a ella; no guarda ninguna precaución;
no tiene hijos; ha vivido siempre en familia; sólo ha tenido
abortos; frecuenta las tertulias; es pródiga en atenciones.
Y también: a la mujer de un actor; a una chiquilla a la que
se le ha muerto el marido; a una mujer pobre amante de los placeres;
a una mujer más vieja con muchos cuñados; a la mujer
soberbia con un marido insignificante; a una mujer orgullosa de
sus cualidades y que se irrita por la estupidez de su esposo, por
su insensatez o por su codicia; a la mujer que, cuando era chiquilla,
un hombre prentendió como esposa con mucho ahínco,
sin conseguir su objetivo por algún motivo, y que ahora de
nuevo corteja.
Por último: a una mujer con idénticos puntos de vista,
carácter, inteligencia, distintas formas de actuar a iguales
costumbres; a una que espontáneamente tiende a ponerse de
parte de ese hombre; a una que se avergüenza sin haber cometido
falta alguna, y la humillan rivales de belleza parecida; a la que
tiene a su marido de viaje; para terminar, a las esposas de hombres
celosos o sucios, de coksa(3), de eunucos, de individuos que rechazan
todo, de afeminados, cheposos, enanos o personajes muy feos, de
cortadores de gemas, patanes, hombres que huelen mal, enfermos o
viejos.
Dos estrofas sobre los temas tratados:
Un deseo que surge de forma natural,
reforzado por la iniciativa,
y que la prudencia poda de la inquietud,
puede ser muy firme, no fugaz.
Si ha comprendido las perspectivas personales,
estudiado los signos que ofrecen las que son guapas,
y eliminado todo motivo de rechazo,
un hombre tiene éxito con las mujeres.
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