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1. DESCRIPCIÓN DEL PLACER SEGÚN LAS MEDIDAS,
LA DURACIÓN Y EL TEMPERAMENTO
Los distintos tipos de amante masculino, en relación con
el órgano sexual, son liebre, toro, caballo. La amante, por
el contrario, puede ser cierva, yegua o mujer elefante. En este
ámbito, cuando la relación tiene lugar a la par, se
dan tres uniones iguales. En caso contrario, existen seis desiguales(1).
Entre las desiguales, si la preponderancia es del hombre, cuando
la relación se efectúa entre categorías contiguas,
son posibles dos uniones altas. No contigua, existe una sola unión
superior(2). Si la preponderancia es de la mujer, por el contrario,
entre categorías contiguas, se dan dos uniones bajas, y,
no contigua, una unión inferior. Entre éstas, las
uniones iguales son las mejores; las peores, las marcadas por el
comparativo. Las otras son moderadamente buenas. Incluso en una
situación media, una unión definida "alta"
es preferible a una deflnida "baja". Son las nueve uniones
según las medidas.
Quien, en el momento de los abrazos, está desganado, tiene
poca virilidad y no aguanta los azotes cariñosos es un hombre
de pasión débil. En antítesis con esto hay
amantes de pasión moderada o ardiente; y lo mismo vale para
la enamorada. También en esto, como respecto a las medidas,
los tipos de unión son nueve.
En relación con la duración, los amantes pueden ser
veloces, medios o lentos. Hay diversidad de opiniones respecto a
la mujer. Hay quien sostiene que ella no consigue la satisfacción
igual que el hombre, sino que su deseo viene aplacado de forma continuada
por el macho. Este deseo produce, si viene acompañado de
la alegría de la conciencia, un placer distinto, en el que
la mujer tiene el conocimiento del deleite. Por otra parte, ni siquiera
el placer del hombre pertenece a las categorías definibles
por un acto cognoscitivo; y no basta informarse: "¿Cómo
es tu placer?"(3) Entonces, uno podría objetar: ¿Cómo
se puede entender [que el placer de la mujer es distinlo]? Porque
el hombre, llegado al orgasmo, se para, según sus deseos,
sin preocuparse de la mujer; ella, sin embargo, no se comporta igual.
Es lo que afirma Svetaketu.
Se puede rebatir: cuando el enamorado lo prolonga mucho, las mujeres
quedan satisfechas; mientras que, si es veloz, sin reparar en que
ellas hayan conseguido la satisfacción, éstas se irritan.
Todo esto indica que ellas han conseguido, o no, la satisfacción.
No es un planteamiento válido, pues la simple satisfacción
del deseo se aprecia, si dura mucho. Y como subsiste la duda, la
objeción no demuestra nada. [Svetaketu concluye:]
En la unión, el hombre acalla
el deseo de la mujer;
si va acompañado de conciencia,
se llama satisfacción.
Para otros, la joven consigue la satisfacción de forma continuada,
desde el inicio; el hombre, por el contrario, sólo al final.
Esto parece lógico; efectivamente, si ella no consiguiese
el deleite, no tendría lugar la concepción. Es la
opinión de los discípulos de Babhravya.
Ni siquiera el hecho de que [las mujeres queden satisfechas por
los amantes que lo prolongan mucho, ni al revéz], basta para
disipar las dudas. Se podría rebatir: si las mujeres alcanzan
el placer de forma continuada, no es normal que al inicio se sientan
indiferentes y sin muchas ganas; luego, gradualmente, se vuelvan
apasionadas sin preocuparse del cuerpo, y al final deseen parar.
Esto no quiere decir, en realidad, nada. Para el torno del alfarero,
o para la peonza, el hecho de girar es algo constante, parece normal
que, cuando uno de estos objetos gira, al principio sea lento, y
luego, gradualmente, alcance el máximo de velocidad. En cuanto
al deseo de parar, tiene lugar porque se ha terminado el semen.
Por este motivo, no hay una objeción contundente. [Para los
discípulos de Babhravya, las cosas están así:]
Los hombres gozan al final del amor,
y las mujeres en continuidad;
el deseo de pararse surge
porque se ha terminado el semen.
Basándonos en esto, [Vatsyayana opina que] la manifestación
de placer de la mujer hay que juzgarla igual a la del hombre: ¿Cómo
podría haber una diferencia de resultados, si la especie
[humana] es la misma, y los dos buscan lo mismo? ¿Quizá
por la diversidad de instrumentos y de conciencia? ¿Pero
cómo? La diversidad de instrumentos es por naturaleza: el
hombre es la parte activa, la mujer la parte pasiva. El agente realiza
una función, la parte pasiva obtiene otra; o sea, dada la
diversidad de instrumentos, hay también por naturaleza una
diferencia de conciencia. El hombre queda satisfecho, cuando piensa:
"Yo la conquisto"; y la mujer queda satisfecha, al pensar:
"Me ha poseído". Es la opinión de Vatsyayana.
Se podría objetar: dada la diversidad de instrumentos, ¿no
debería darse también una diferencia de resultados?
La diversidad de instrumentos está fundada en la desigualdad
de características: agente y parte pasiva; pero la diferencia
de resultados, sin base lógica, sería algo impropio,
ya que no existe diversidad de especie.
Llegados a este punto, se podría objetar: los que obran juntos
realizan una sola cosa; pero los dos amantes cumplen por separado
su fin. Por esto, el planteamiento no es correcto. Es evidente que
se consigue más de una meta a la vez, como en el choque de
dos carneros, cuando rompen uno contra otro dos frutos de kapittha,
o en la pelea entre dos luchadores. Si se objeta que aquí
no hay disparidad entre los agentes, la respuesta es que en nuestro
caso ni siquiera la diversidad es esencial; se ha dicho antes que
la diferencia de instrumentos es así por naturaleza. Lo que
nos lleva a la conclusión de que los dos amantes alcanzan
también igual satisfacción. [Concluye Vatsyayana]:
Ya que la especie no es distinta,
el esposo y la esposa buscan el mismo placer;
por esto hay que acariciar a la mujer para que ella
sea la primera en alcanzar el deleite.
Demostrada la igualdad, hay, como en el caso de las medidas, nueve
tipos de unión según la duración, y, basados
en ésta, también según el temperamento.
Los sinónimos de "orgasmo" son: placer, deleite,
amor, satisfacción, pasión, eyacular, cumplir. Los
sinónimos de "hacer el amor" son: relación
sexual, unión, tabú, acostarse, éxtasis. Como
cada una de las uniones producidas por la medida, duración
y temperamento es de nueve tipos, resulta imposible, cuando éstos
se mezclan, indicar los distintos modos del amor, son amplísimos.
En cada uno, dice Vatsyayana, se deben usar con criterio las iniciativas
eróticas.
Durante la primera unión el hombre es ardiente y veloz, al
contrario que en las sucesivas. La mujer, sin embargo, es al revés,
hasta que se termina el semen. Se suele decir que el hombre agota
el semen antes que la mujer.
Por el hecho de ser tiernas,
gracias a las caricias y por naturaleza;
las mujeres llegan al placer de prisa,
así lo han establecido los maestros.
Hasta aquí los sabios han expuesto
la doctrina de la unión:
para enseñar a los menos preparados,
pasemos ahora a una descripción detallada.
DISTINTAS CLASES DE AMOR
Los expertos en los tratados dicen
que el amor es de cuatro tipos:
por práctica y por conciencia,
por convencimiento y por sensualidad.
El amor que nace de una percepción,
y tiene como característica la reiteración,
hay que considerarlo amor "por práctica",
como sucede con la caza o actividades parecidas.
El amor por acciones nunca antes realizadas,
que no se basa en objetos sensoriales,
sino que nace de una idea,
será amor "por conciencia".
Esto se reconoce en el amor con la boca
de los eunucos o de las mujeres,
y en las distintas iniciativas
como besos y otras cosas parecidas.
Quien conoce los tratados llama
amor hecho "por convencimiento",
si piensa: "¡Es eso realmente",
cuando la causa del afecto es otra.
El amor evidente, conocido por todos,
es el que descansa en los objetos de los sentidos,
porque da los frutos más importantes:
de éste adquieren significado también los otros.
Una vez examinados según el tratado
estos tipos de amor definidos,
se pondrán en práctica de la forma adecuada,
basándose en cómo se nos presentan.
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