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Textos Antiguos
Génesis [40-50]

José interpreta sus sueños

40,1 Sucedió después que dos funcionarios, el jefe de los que preparaban las bebidas y el panadero principal del rey de Egipto, cometieron algunas faltas contra su señor, el rey de Egipto.
40,2 Faraón se enojó contra el jefe de los que preparaban las bebidas y el jefe de los panaderos.
40,3 Los puso en la cárcel bajo custodia del capitán de la guardia, en la misma cárcel donde estaba preso José.
40,4 El capitán de la guardia encargó a José que los atendiera, y pasaron algún tiempo bajo vigilancia.
40,5 El jefe de los que preparaban las bebidas y el panadero tuvieron ambos en una misma noche un sueño, y cada sueño tenía un significado.
40,6 cuando José los vino a ver, por la mañana, se dio cuenta de que estaban preocupados,
40,7 Preguntó entonces a los dos funcionarios de Faraón que estaban arrestados como él: «¿Por qué amanecieron con tan mala cara?»
40,8 Y le contestaron: «Hemos tenido un sueño y no hay quien lo interprete.» José les dijo: «Es cierto que sólo Dios puede dar la interpretación de un sueño; sin embargo, cuéntenme lo que soñaron.»
40,9 El jefe de los garzones contó primero su sueño de esta forma: «Soñaba que había frente a mí una parra
40,10 con tres sarmientos; y en cuánto brotó apareció su flor y maduraron los granos de los racimos.
40,11 Tomé los racimos y los estrujé en la copa de Faraón y puse la copa en manos de Faraón.»
40,12 José le respondió: «Esto es lo que quiere decir tu sueño. Los tres sarmientos significan tres días
40,13 que todavía faltan; después de ellos, Faraón se acordará de ti y te pondrá en tu puesto nuevamente, y volverás a colocar la copa en manos de Faraón, igual que antes, cuando eras jefe de los garzones.
40,14 Acuérdate, pues, de mí cuando recuperes tu puesto y háblale, por favor, de mí a Faraón para que me mande sacar de esta cárcel.
40,15 Pues contra mi voluntad me trajeron del país de los hebreos y aquí yo no he hecho nada para que merezca estar en prisión.»
40,16 Al ver el jefe de los panaderos que José había dado una interpretación favorable, le dijo: «Voy a contar ahora mi sueño: Había tres canastos de pan blanco sobre mi cabeza.»
40,17 En el canasto de arriba estaban tres clases de pasteles que come Faraón, pero venían los pájaros y se comían todo lo que había en el canasto que estaba sobre mi cabeza.»
40,18 Respondió José: «Este es el significado. Los tres canastos son tres días,
40,19 al término de los cuales Faraón te cortará la cabeza, te colgará de un árbol y las aves vendrán a comer tu carne.»
40,20 Al tercer día era el cumpleaños de Faraón, y dio un banquete a todos sus servidores. Y cuando estuvo con ellos se acordó del jefe de los que preparaban las bebidas y del jefe de los panaderos.
40,21 Devolvió a su puesto al jefe de los que preparaban las bebidas, quien puso en la mano de Faraón nuevamente su copa,
40,22 pero al jefe de los panaderos lo hizo colgar, tal como José lo había interpretado.
40,23 El jefe de los que preparaban las bebidas no se acordó más de José: sencillamente lo había olvidado.

Los sueños de Faraón

41,1 Dos años después, Faraón tuvo este sueño:
Estaba en la orilla del Nilo
41,2 cuando vi que salían del río siete vacas hermosas y muy gordas, que se pusieron a pastar entre los juncos.
41,3 Detrás de ellas salieron otras siete vacas feas y flacas que se pusieron al lado de las primeras junto a la orilla del Nilo.
41,4 Y estas vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas gordas y hermosas. Faraón despertó,
41,5 y al dormirse de nuevo tuvo otro sueño: soñó que siete espigas granadas y buenas salían de un mismo tallo,
41,6 pero que después de éstas brotaban otras siete delgadas y quemadas por el viento que se tragaban a las siete granadas y repletas.
41,7 Despertó Faraón y se dio cuenta que era un sueño.
41,8 A la mañana siguiente faraón se levantó muy preocupado. Mandó a llamar a todos los adivinos y sabios de Egipto y les contó sus sueños, pero nadie pudo darle una explicación.
41,9 Entonces, el jefe de los que sirven las bebidas pidió la palabra y dijo a Faraón: «Voy a recordar una falta mía.
41,10 Faraón se había enojado conmigo y me tenía detenido en la casa del capitán de la guardia, junto con el panadero del palacio.
41,11 Entonces los dos tuvimos sendos sueños, en la misma noche, con significación diferente;
41,12 había allí un joven hebreo, esclavo del capitán. Le contamos el sueño y él a cada uno le dio el significado de su sueño.
41,13 Y sucedió justo como él dijo. Yo fui repuesto en mi cargo y el otro ahorcado.»
41,14 Faraón entonces mandó llamar a José. Fue sacado rápidamente de la cárcel. Lo afeitaron y te cambiaron de ropa para presentarlo a Faraón.
41,15 Faraón dijo a José: «He tenido un sueño y nadie ha podido explicármelo. He oído decir que a ti te basta con que te cuenten un sueño para que tú lo explique.»»
41,16 A lo cual José respondió: «No soy yo, es Dios quien te dará una respuesta favorable.»
41,17 Faraón refirió su sueño a José.
41,18 «Estaba parado a la orilla del Nilo cuando de pronto subieron del río siete vacas hermosas y muy gordas que se pusieron a pastar entre los juncos.
41,19 Pero detrás de ellas. subieron otras siete vacas flacas y feas como no he visto nunca en todo Egipto,
41,20 y las siete vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas gordas,
41,21 que entraron en su vientre sin que se notara, porque siguieron tan flacas y feas como antes. Entonces me desperté.
41,22 Vi también en mi sueño siete espigas llenas y granadas que salían de un solo tallo.
41,23 Pero siete espigas secas, vanas y quemadas por el viento brotaban detrás de ellas.
41,24 Las espigas vanas se tragaron alas espigas hermosas. Se lo he contado a los adivinos y nadie me lo ha podido explicar.»
41,25 José respondió a Faraón: «Tu sueño, Señor, es uno solo. Dios te ha anunciado lo que El va a hacer.
41,26 Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas granadas, son siete años de abundancia.
41,27 Las siete vacas feas y raquíticas, que salieron detrás, al igual que las siete espigas vanas y quemadas por el viento del este, son siete años de hambre.
41,28 Esto es lo que puedo decirle a Faraón y que Dios ha querido mostrarle.
41,29 Vendrán siete años en que habrá de todo en abundancia en Egipto,
41,30 pero, en seguida, vendrán siete años de escasez que harán olvidar toda la abundancia anterior del país y que lo agotarán.
41,31 La escasez tremenda que sobrevendrá hará desaparecer la abundancia del país.
41,32 Si el sueño se te presentó dos veces, esto quiere decir que Dios, está muy decidido a realizar estas cosas y, que pronto las cumplirá.
41,33 Ahora, pues, aconsejo a Faraón que busque un hombre inteligente y sabio para ponerlo al frente de Egipto.
41,34 Que nombre, además, intendentes en todo el país que recauden la quinta parte de la cosecha durante estos siete años de abundancia:
41,35 recogerán los víveres de estos siete años buenos y almacenarán el grano en las ciudades donde lo guardarán bajo la autoridad de Faraón.
41,36 De esta manera quedarán reservas para los siete años de escasez que vendrán, y así el pueblo no morirá de hambre.»

José, primer ministro

41,37 A Faraón y a sus servidores les agradó el discurso de José.
41,38 Y dijo Faraón a sus oficiales: «¿Dónde encontraremos un hombre como éste que tenga el espíritu de Dios?»
41,39 Y dijo a José: «Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay hombre más inteligente ni sabio que tú.
41,40 Te pongo al frente de toda mi casa; todo mí pueblo obedecerá tus órdenes y ocuparás el segundo lugar en Egipto.»
41,41 Y añadió: «Mira, te pongo al frente de todo el país»
41,42 Y quitándose el anillo de la mano lo puso en la de José; lo hizo vestir con ropas de puro lino y colocó en su cuello un collar de oro.
41,43 Luego lo hizo subir a la segunda carroza del palacio y ordenó que alguien fuera delante de su carro anunciando: «¡Pongan atención¡» Así quedó José al frente de todo el país de Egipto.
41,44 Después, el rey dijo a José: «¡Yo soy Faraón! Sin tu orden nadie moverá mano ni pie en Egipto.»
41,45 Faraón llamó a José SafentaPaneaj y le dio por esposa a Asenat, hija de Putifar, sacerdote del dios On. Después de esto, salió José a recorrer todo el país de Egipto.
41,46 José tenía treinta años cuando se presentó ante Faraón, rey de Egipto. Se retiró de su presencia y se puso a recorrer todo el país de Egipto.
41,47 Durante los siete años de abundancia hubo grandes cosechas.
41,48 José reunió todos los víveres de estos años en que hubo abundancia y los depositó en las ciudades: en cada ciudad se almacenaban los productos del campo de los alrededores.
41,49 José juntó tanto, trigo como la arena del mar, a tal punto que debieron parar de contabilizarlo, pues sobrepasaba todo cálculo.
41,50 Antes que llegaran los años de hambre le nacieron a José dos hijos. La madre era Asenat, hija de un sacerdote del dios On.
41,51 Al primer niño lo llamó Manasés, o sea,: «He olvidado», pues decía: «Dios me ha hecho olvidar mi pena y a la familia de mi padre.»
41,52 Al segundo lo llamó Efraím, o sea, «He fructificado», pues decía: «Dios me ha hecho fecundo en la tierra de mi aflicción.
41,53 Pasados los siete años de abundancia en Egipto
41,54 llegaron los siete años de sequía, según lo anunciado por José. Hubo hambre por todos los países pero en Egipto había pan.
41,55 En todo Egipto empezó a sentirse el hambre; el pueblo, entonces, le pedía a gritos a Faraón pan, pero éste les decía a todos: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga.» El hambre se extendió además por el resto del mutado.
41,56 Jósé abrió los almacenes y vendió el trigo a los egipcios.
41,57 El hambre se hizo sentir más, y de todas partes llegaron a Egipto a comprar trigo a José, ya que la escasez era universal.

Los hijos de Jacob bajan a Egipto

42,1 Al saber Jacob que en Egipto había trigo, dijo a sus hijos: «¿Por qué se quedan mirándose unos a otros?
42,2 He oído que se vende trigo en Egipto. Vayan allá y compren trigo, a fin de que no muramos.»
42,3 Diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para comprar trigo,
42,4 pero Jacob no dejó ir con ellos a Benjamín, hermano de José, no sea, decía, que le vaya a pasar algo.
42,5 Fueron entonces los hijos de Jacob Israel, junto con otros cananeos, a comprar trigo, pues también había escasez en Canaán.
42,6 José era el dueño del país y vendía el trigo a todo el pueblo. Al llegar sus hermanos se postraron ante él tocando el suelo con la cara.
42,7 Apenas José vio a sus hermanos los reconoció; pero los trató duramente sin darse a conocer. Les preguntó: «¿De dónde vienen ustedes?» A lo que ellos respondieron: «Llegamos de la tierra de Cánaán para comprar trigo.»
42,8 José, pues, había reconocido a sus hermanos, pero no ellos a é1.
42,9 José se acordó entonces de los sueños que había tenido con respecto a ellos.
42,10 Les dijo: «Ustedes han venido a espiar las defensas del país.» Respondieron: «No, señor, únicamente hemos venido a comprar trigo.
42,11 Todos somos hermanos, hombres de bien y no espías.»
42,12 Pero él les dijo: «No, ustedes han venido a espiar.»
42,13 Ellos se defendieron diciéndole: «Eramos doce hermanos, hijos de un mismo padre establecido en Canaán. El menor quedó en casa y el otro ya no vive:»
42,14 José insistió: «Sí, tiene que ser como yo les he dicho: ustedes son espías
42,15 y ahora mismo los someteré a una prueba. Por la vida de Faraón, ustedes no saldrán de aquí mientras no venga su hermano menor.
42,16 Manden a uno de ustedes a buscar a su hermano y los demás quedarán presos. Así sabré si es cierto lo que acaban de decirme. Y si me han mentido, ¡por la vida de Faraón!, quedará así comprobado que son espías.»
42,17 Y os encarceló a todos.
42,18 Al tercer día, les dijo José: «Les doy un medio para salvarse, pues yo también tengo temor a Dios.
42,19 Si han dicho la verdad, que quede uno de ustedes preso en la casa de guardia donde están. Los demás llevarán el trigo que tanta falta hace a sus familias.
42,20 Pero habrán de traerme a su hermano menor para ver si es cierto lo que ustedes han dicho y puedan así conservar sus vidas.»
42,21 Así hicieron ellos y comentaban entre sí: «Verdaderamente estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano, pues a pesar de ver su aflicción y de oír sus súplicas, no le hicimos caso. Por eso, ahora, nos aflige esta desgracia.»
42,22 Rubén dijo a los demás: «¿No les decía yo que no le hicieran mal al muchacho y ustedes no me escucharon? Pues bien, ahora pagamos por su muerte.»
42,23 Ellos no sabían que José les entendía, pues entre él y ellos había un intérprete.
42,24 Al oír esto José, se apartó y lloró. Al volver ante ellos tomó a Simeón y lo hizo amarrar a vista de todos.
42,25 Después José mandó llenar los sacos de trigo, devolverles el dinero a cada uno dentro de sus sacos y que se les dieran provísiones para el camino; y así se hizo con ellos.
42,26 Cargaron, pues, el trigo sobre sus burros y se fueron.
42,27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos, al abrir su saca para dar forraje a su animal, se dio cuenta que su plata estaba en la boca del saco, casi encima del trigo.
42,28 Se lo comunicó a sus hermanos, diciéndoles: «Me han devuelto el dinero, aquí lo tengo en mi saco.» Se quedaron sin aliento y se miraban asustados diciendo: «¿Qué es esto que ha hecho Dios con nosotros?»
42,29 Llegaron después donde su padre Jacob a Canaán y le contaron todo lo que les había sucedido.
42,30 «El hombre que manda en ese país, nos habló con aspereza y pensó que íbamos a espiar el país.
42,31 Nosotros le dijimos que éramos gente honrada y no espías.
42,32 Eramos doce hermanos, hijos de un mismo padre, pero uno de nosotros ya no vive y el menor quedó con nuestro padre en el país de Canaán.
42,33 Entonces el señor de ese país, nos dijo: "Para que yo pueda comprobar si ustedes dicen la verdad, se va a quedar aquí conmigo uno de ustedes; mientras tanto, tomen lo que hace falta en sus casas y márchense.
42,34 Pero tráiganme a su hermano menor para que yo pueda estar seguro, de que ustedes son personas honradas y no espías. Sólo entonces les devolveré a su hermano y podrán andar libremente en este país."»
42,35 Pero cuando vaciaron sus sacos, vieron que en cada uno estaba la bolsa con su dinero. Este descubrimiento les produjo temor a ellos y a su padre.
42,36 Jacob, su, padre, les dijo: «Ustedes me van a dejar hijos; falta José, falta Simeón, y ahora quieren llevarse a Benjamín! ¡Sobre mí caen todas estas cosas!»
42,37 Pero Rubén dijo a su padre: «Quita la vida a mis dos hijos si yo no te lo devuelvo, confíalo a mis manos y yo te lo traigo de vuelta.»
42,38 Jacob respondió: «No bajará mi hijo con ustedes; su hermano ha muerto y sólo me queda él; si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje, ustedes serán culpables de que me muera de pena en mi ancianidad.»

Nuevo viaje a Egipto

43,1 La escasez de alimentos seguía siendo muy grande en el país,
43,2 y cuando se hubo terminado el trigo traído de Egipto, su padre les dijo: «Vuélvan a comprarnos un poco de comida:»
43,3 Judá contestó: «Aquel hombre nos dijo bien claro que no nos admitiría en su presencia si no iba con nosotros nuestro hermano.
43,4 Si mandas a Benjamín con nosotros, entonces iremos a buscar provisiones,
43,5 pero si no lo mandas no bajaremos, porque aquel hombre nos dijo: «No verán mi cara si no está con ustedes su hermano más pequeño.»
43,6 Dijo entonces Israel: «¿Por qué, para desgracia mía, le dijeron a ese hombre que tenían otro hermano?»
43,7 Ellos contestaron: «Aquel hombre nos preguntó con tanta insistencia sobre nosotros y nuestra familia: ¿Vive todavía su padre? ¿Tienen algún otro hermano?, y nosotros contestamos estas preguntas. ¿Cómo nos íbamos a imaginar que diría: Tráiganme a ese hermano?»
43,8 Dijo Judá a su padre Israel: «Deja que el muchacho venga conmigo a fin de que podamos partir. Solamente de esta manera conservaremos la vida en vez de morir nosotros y nuestros hijos.
43,9 Yo respondo por él, pídeme cuenta de él. Si no te lo traigo de vuelta ni te lo muestro de nuevo, no me perdones jamás esta falta.
43,10 Si no nos hubiéramos entretenido tanto, a estas horas ya hubiéramos vuelto dos veces.»
43,11 Israel, su padre, les dijo: «Ya que eso es inevitable, hagan lo siguiente. Lleven en sus sacos de los productos del país y ofrézcanselo como un regalo a aquel hombre un poco de tragacanto, un poco de miel, de gorra, láudano y almendras.
43,12 Lleven también doble cantidad de dinero y devuelvan personalmente el dinero que apareció en la boca de sus sacos, tal vez se deba a alguna equivocación.
43,13 Tomen a su hermano, levántense y vuelvan donde aquel hombre.
43,14 Que el Dios de las Alturas les haga hallar misericordia ante ese hombre para que les devuelva a su hermano y también a Benjamín. En cuanto a mí, si he perdido mis hijos, es que tenía que perderlos.»
43,15 Tomaron entonces los regalos, y la doble cantidad de su dinero y a Benjamín, y poniéndose en camino bajaron a Egipto. Se presentaron a José.
43,16 Este, al ver que los acompañaba Benjamín, dijo a su mayordomo: «Lleva a casa a estos hombres, haz matar algún, animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo a mediodía.»
43,17 El mayordomo hizo como José le ordenó y los llevó a casa de José.
43,18 Ellos se asustaron porque eran llevados a casa de José Y comentaban entre sí: «Seguramente nos meten aquí por causa del dinero que nos devolvieron en nuestros sacos. Nos han hecho entrar para asaltarnos. Nos tomarán como esclavos y se apoderarán de nuestros burros.»
43,19 Por eso, acercándose al mayor domo
43,20 le dijeron:'«Perdón, mi señor, pero ya vinimos una vez a comprar grano
43,21 y cuando en la posada abrimos nuestros sacos, el dinero de cada uno estaba en la boca de los sacos. Contamos bien el dinero y ahora lo tenemos aquí para devolverlo.
43,22 Pero, al mismo tiempo, tenemos más plata para comprar lo que necesitamos. No sabemos quién puso nuestro dinero en los sacos.» El les dijo: «Quédense tranquilos.
43,23 El Dios de ustedes, el Dios de sus padres les ha puesto un tesoro en sus sacos, ya que recibí su plata.» Luego les entregó a Simeón.
43,24 El hombre los hizo entrar en casa de José y les dio agua para que se lavaran los pies y forraje para sus burros.
43,25 Ellos prepararon el regalo esperando que José llegara al mediodía, porque habían oído decir que comería allí.
43,26 Al entrar José a la casa le ofrecieron el regalo y lo saludaron inclinándose hasta el suelo.
43,27 El les preguntó cómo estaban y agregó: «¿Está bien el padre de ustedes, aquel anciano de quien me hablaron? ¿Vive todavía?»
43,28 Ellos respondieron: «Tu siervo, nuestro padre, está bien y vive todavía:» Después se inclinaron hasta el suelo.
43,29 Entonces José levantando la vista vio a Benjamín, su hermano, hijo de su misma madre, y dijo: «¿Este es el hermano menor de quien me hablaron?», y agregó: «Dios te bendiga, hijo mío.»
43,30 José tuvo que salir rápidamente porque se sintió muy conmovido por la presencia de su hermano y le vinieron ganas de llorar.
43,31 Después se lavó la cara y volvió. Tratando de dominarse, ordenó: «Sirvan la comida.»
43,32 Se la sirvieron por separado; él comía aparte, ellos también aparte, y a los egipcios que comían con él también les sirvieron aparte.. Es que los egipcios no pueden comer con los hebreos; de hacerlo, Egipto se tendría por deshonrado.
43,33 Se sentaron, pues, frente a él; el mayor en el primer asiento y el menor en el último, mirándose el uno al otro con asombro.
43,34 Después separó para ellos partes de lo que se le había puesto en la mesa, y la parte de Benjamín era cinco veces más grande que la de los demás. Bebieron junto a él y se sintieron muy alegres.

La copa de José en el saco de Benjamín

44,1 Entonces José ordenó a su mayordomo: «Llena de alimentos los sacos de estos hombres, cuanto puedan llevar; coloca el dinero de cada uno en la boca del saco.
44,2 Y mi copa de plata ponla en la boca del saco del menor, junto con el dinero de su` trigo.» El hizo tal como José le había dicho
44,3 Al amanecer fueron despedidos los hombres con sus burros.
44,4 Cuando habían salido de la ciudad y todavía se encontraban a poca distancia, José dijo a su mayordomo: «Levántate, corre detrás de aquellos hombres y cuando los alcances diles. ¿Por qué han devuelto mal por bien?
44,5 ¿No es ésta la copa en que bebe mi señor y donde también practica la adivinación?, han obrado mal al hacer eso.»
44,6 Los alcanzó y les habló en esa forma.
44,7 Ellos le respondieron: «¿Por qué habla mi señor así?. Jamás haríamos nosotros cosa igual.
44,8 Te trajimos desde Canaán, la plata que encontramos en nuestros sacos y ¿cómo íbamos a robar ahora oro y plata de la casa de tu señor?
44,9 Si a alguno de nosotros, tus siervos, se le encuentra el objeto, que muera y nosotros mismos seremos esclavos de mi señor.»
44,10 «Muy bien dijo él, haremos desde ahora tal como ustedes dicen; aquel a quien se le encuentre el objeto será mi esclavo, pero ustedes quedarán libres.»
44,11 Y rápidamente bajaron cada uno su saco y cada uno lo abrió.
44,12 El los registró empezando por el mayor y terminando por el más joven y la copa se encontró en el saco de Benjamín.
44,13 Entonces rasgaron sus ropas y cargando cada uno su burro volvieron a la ciudad.
44,14 Judá y sus hermanos volvieron a casa de José, que todavía estaba allí, y se postraron delante de él.
44,15 José les dijo: «¿Qué es lo que han hecho? ¿No sabían que un hombre como yo iba a adivinarlo?»
44,16 Contestó Judá: «¿Qué podemos decir a mi señor?, ¿cómo podemos justificarnos? Dios ha descubierto nuestra falta, y aquí nos encontramos esclavos de mi señor, nosotros y aquel en cuyo poder se encontró la copa.»
44,17 Pero él respondió: «Jamás haría tal cosa. El hombre a quien se le halló la copa será mi esclavo; ustedes pueden volver en paz donde su padre.»
44,18 Entonces se adelantó Judá y le dijo: «Permítarne, señor mío, que pueda tu siervo decirte algunas palabras sin que te enojes contra mí, aunque tú eres como Faraón.
44,19 Tú, mi señor, nos preguntaste a nosotros tus siervos: «¿Tienen todavía padre o hermano?», y
44,20 nosotros contestamos: «Tenemos todavía padre anciano con un niño pequeño que le nació en su vejez. El otro hermano de éste murió y sólo le ha quedado este hijo de su madre, y su padre lo quiere mucho.»
44,21 Después nos dijiste: «Que baje con ustedes para que yo lo vea.»
44,22 Y nosotros te respondimos: «El joven no puede dejar a su padre porque si lo abandona éste morirá.»
44,23 Y tú nos dijiste: «Si su hermano menor no baja con ustedes, no los aceptaré en mi presencia:»
44,24 Subimos entonces a casa de nuestro padre y le dijimos tus palabras.
44,25 Y cuando nuestro padre dijo: «Vuelvan en busca de un poco de comida»,
44,26 nosotros respondimos: «No podemos ir, a menos que vaya con nosotros nuestro hermano menor, porque no nos recibirá aquel hombre sin que nuestro hermano menor esté con nosotros.»
44,27 Nuestro padre nos dijo: «Ustedes saben que mi esposa me dio dos hijos.
44,28 Uno se me fue y creo que habrá sido despedazado por las fieras y no lo he vuelto a ver hasta hoy.
44,29 Si ahora llevan de mi lado también a éste y si le sucede alguna desgracia, ustedes tendrán la culpa de que en mi ancianidad me muera de pura pena.»
44,30 Ahora no puedo volver donde mi padre sin que el muchacho vaya con nosotros, ya que su vida está ligada a la de él y al ver que el niño no está morirá;
44,31 por culpa de nosotros, nuestro padre morirá de pena en su vejez.
44,32 Yo, tu servidor, me hice responsable por el joven ante mi padre, le dije: «Si no te lo devuelvo, seré culpable ante mi padre para siempre.»
44,33 Ruégote, pues, que yo, tu siervo, quede en lugar del joven por esclavo, para que así el muchacho suba con sus hermanos.
44,34 Yo no podría volver a casa de mi padre sin el joven, no quiero ver la aflicción de mi padre.»
José se da a conocer

45,1 Entonces José no pudo contenerse más delante de toda aquella gente que estaba con él y dio una orden, gritando: «¡Salgan todos!» Y nadie había ahí cuando José se dio a conocer a sus hermanos.
45,2 Rompió a llorar tan fuerte que lo oyeron los egipcios y servidores de Faraón.
45,3 Acercándose a sus hermanos les dijo: «Yo soy José. ¿Vive aún mi padre?» Ellos no podían responderle, ya que estaban espantados de verlo.
45,4 El les dijo: «Acérquense», y se acercaron. «Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron a los egipcios.
45,5 Pero no se apenen ni les pese por haberme vendido; Dios me envió adelante para salvarles la vida.
45,6 Ahora ya van dos años de escasez y aún quedan cinco sin que se pueda arar ni cosechar.
45,7 Dios, pues, me ha enviado para asegurar la sobrevivencia de su descendencia en el país y para salvarles la vida a muchos de ustedes.
45,8 No fueron ustedes, sino Dios el que aquí me envió. El me ha hecho familiar de Faraón, dueño de su palacio y gobernador de todo el Egipto.
45,9 Vuelvan pronto donde mi padre y díganle: «Esto te manda decir tu hijo José: Dios me hizo dueño de todo el Egipto.
45,10 Ven para acá sin demora: Vivirás en la región de Gosén y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y tus nietos, con sus rebaños y todo cuanto tienes.
45,11 Yo cuidaré de tu subsistencia, para que ni a ti ni a tu familia nada les falte, durante los cinco años de hambre que aún quedan.»
45,12 Ustedes ven, y mi hermano Benjamín ve, que yo soy quien les hablo.
45,13 Todo lo que ustedes saben de mí y de mi gloria en Egipto, cuéntenselo a mi padre y tráiganlo pronto para acá.»
45,14 Dicho esto se abrazó llorando a Benjamín, el que también lloró.
45,15 Luego besó a todos sus hermanos, llorando al abrazarlos. Después de esto, sus hermanos se pusieron a conversar con él.
45,16 La noticia de que habían llegado los hermanos de José llegó hasta la casa de Faraón; se decía: «Han venido los hermanos de José.» Esto agradó a Faraón y a sus servidores.
45,17 Faraón dijo a José: «Diles esto a tus hermanos: "Carguen sus burros y vayan a Canaán,
45,18 tomen a su padre y a sus familias y vengan aquí, que yo les daré lo mejor del país de Egipto y comerán lo mejor de esta tierra.
45,19 Lleven de la tierra de Egipto carretas para sus niños y mujeres y traigan a su padre.
45,20 Y no tengan pena por las cosas que dejan allá, porque lo mejor de Egipto es para ustedes".»
45,21 Y así lo hicieron los hijos de Israel; José les consiguió carretas según la orden de Faraón y los proveyó de víveres para el camino.
45,22 A cada uno le regaló un traje de fiesta y cinco trajes, y a Benjamín le regaló trescientas monedas de plata y cinco vestidos.
45,23 A su padre le mandó diez burros cargados con los mejores productos de Egipto y diez mulas cargadas de trigo, pan y víveres para el uso de su padre durante el largo viaje.
45,24 Después despidió a sus hermanos que se fueron, no sin antes recomendarles que no pelearan por el camino.
45,25 subieron de Egipto y llegaron a Canaán donde Jacob, su padre.
45,26 Le dieron la buena nueva de que José vivía todavía y que era gobernador de todo el país de Egipto, pero su corazón no se conmovió porque no les creyó.
45,27 Ellos repitieron todas las palabras que José les había dicho y le mostraron las carretas que José les había mandado para que se trasladara. Entonces se revivió el espíritu de Jacób,
45,28 y declaró: «¡Me basta con saber que mi hijo José vive todavía! Iré donde él y lo veré antes de morir.»

Jacob baja a Egipto

46,1 Israel partió con todo lo que tenía y, cuando llegó a Bersebá, ofreció allí sacrificios al Dios de su padre Isaac.
46,2 Dios llamó a Israel en una visión durante la noche y le dijo: «Jacob, Jacob»
46,3 y él contestó: «Aquí estoy.» Dios prosiguió: «Yo soy el Dios de tu padre. No temas bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.
46,4 Yo te acompañaré; José te cerrará los ojos y, después de muerto, te haré volver aquí.»
46,5 Jacob salió de Bersebá y los hijos de Israel llevaron a su padre junto con sus hijos y mujeres en las carretas que Faraón había mandado para transportarlos.
46,6 También traían sus rebaños y todo lo que habían adquirido en Canaán, y así entraron en Egipto Jacob y toda su descendencia.
46,7 Sus hijos y los hijos de sus hijos con él, sus hijas y las hijas de sus hijas, en una palabra, hizo que toda su familia entrara con él a Egipto.
46,8 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén;
46,9 sus hijos Henoc, Falú, Hesrón y Carmi.
46,10 Hijos de Simeón: Jamuel y Jamín, Ahod, Juaqin, Sohar y Saúl, hijo de la cananea.
46,11 Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.
46,12 Hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Farés Zaraj. Pero Er y Onán habían muerto en la tierra de Canaán. Los hijos de Farés eran: Hesrón y Hamul.
46,13 Hijos de Isacar: Tola, Fua, Job y Sumrón.
46,14 Hijos de Zabulón: Sared,. Elón y Jahelel.
46,15 Estos son los hijos que Lía le dio a Jacob en PadánAram, además de su hija Dina. El total entre hilos e hijas era de treinta y tres personas.
46,16 Hijos de Gad: Señón, Haggi, Suni, Esebón, Heri, Arodi y Arelí.
46,17 Hijos de Aser: Jamne, Jesua, Jesui, Bería y su hermana Sara. Hjos de Beria: Hebel y Melquiel.
46,18 Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que Labán dio a su hija Lía. Zelfa fue la madre y Jacob el padre; en total, dieciséis personas.
46,19 Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín.
46,20 A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraím, que dio a luz Anesat hija de Putifar, sacerdote de On.
46,21 Hijos de Benjamín: Bela, Beker, Asbel, Gera, Naamán, Equi, Ros, Mofín, Ofín yAred
46,22 Estos son los hijos que dio Raquel a Jacob, en total, catorce personas.
46,23 Hijo de Dan: Husim.
46,24 Hijos de Neftalí. Jasiel, Guni, Jese y Sallem.
46,25 Estos son los hijos de Bilá que Labán dio a su hija Raquel. Bilá fue la madre y Jacob el padre. En total, siete personas.
46,26 El total de personas que entraron con Jacob en Egipto, todos descendientes suyos, era de sesenta y seis personas, sin contar las mujeres de sus hijos.
46,27 Y los hijos de José que nacieron en Egipto dos personas más.
Total de la familia que entró en Egipto: setenta personas.

Encuentro de Jacob con José

46,28 Antes de que entraran en Gosén, Jacob mandó delante de él a Judá, y luego llegaron todos.
46,29 José enganchó su carro y fue al encuentro de su padre a Gosén. Al verlo lo abrazó y lloró largamente sobre su cuello.
46,30 Y dijo Israel a José: «Ahora ya puedo morir, porque he visto tu rostro y porque vives todavía.»
46,31 Después dijo José a sus hermanos y a toda la familia de su padre: «Voy ahora mismo a anunciar a Faraón que mis hermanos y la familia de mi padre que vivían en tierra de Canaán acaban de llegar.
46,32 Le diré también que ustedes son pastores de ovejas, que se dedican a la crianza de animales y que han traído tanto sus ovejas como sus ganados junto con todas sus pertenencias.
46,33 Así, pues, cuando Faraón les llame y les pregunte: «¿Cuál es su oficio?»,
46,34 ustedes contestarán: «Tus servidores hemos sido pastores desde nuestra niñez hasta el día de hoy, al igual como lo fueron nuestros padres.» Así se podrán quedar ustedes en esta tierra de Gosén, pues los egipcios aborrecen a pastores de ovejas.»

47,1 Llegó, pues, José donde estaba Faraón, con la noticia de que su padre y sus hermanos habían llegado desde Canaán con sus ovejas, vacas y demás pertenencias y que se encontraban en la tierra de Gosén.
47,2 Después escogió de entre sus hermanos a cinco de ellos y los presentó a Faraón.
47,3 Este dijo a sus hermanos: «¿Cuál es su oficio?» Ellos contestaron: «Nosotros, tus servidores, somos pastores de ovejas, igual que nuestros padres.
47,4 Nos hemos venido a vivir en este país porque ya no hay pastos para los rebaños de tus servidores, debido a la gran sequía que se da en la tierra de Canaán. Por eso te rogamos que nos permitas vivir en la tierra de Gosén.»
47,5 Entonces Faraón dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti, todo el país de Egipto está a tu disposición; establece, pues, a tu padre y a tus hermanos en la mejor parte del país.
47,6 Que vivan en la tierra de Gosén, y si sabes que entre ellos hay hombres capaces, colócalos como pastores principales de mis ganados.» Los hijos de Jacob en Egipto
47,7 Luego José hizo venir a su padre Jacob y se lo presentó a Faraón. Después que Jacob lo saludó,
47,8 Faraón le preguntó: «¿Cuántos años tienes?»
47,9 A lo que Jacob respondió: «Los años de mi peregrinación son ciento treinta. Pocos y malos han sido los días de mi vida, y no alcanzan los años de vida de mis padres, los años de su peregrinación.»
47,10 Después de haber bendecido Jacob a Faraón se retiró de su presencia.
47,11 José estableció a su padre y a sus hermanos. Les dio una propiedad en la tierra de Egipto, en el mejor lugar de la comarca de Ramsés, tal como lo había ordenado Faraón.
47,12 José abasteció de pan a su padre, a sus hermanos y a toda la familia de su padre, teniendo en cuenta el número de sus hijos.
47,13 Ya no había pan en toda la tierra por la gran escasez de alimentos. Egipto y Canaán estaban agotados por esta escasez.
47,14 Entonces José llevó toda esa plata que había en la tierra de Egipto y de Canaán por el trigo que compraban. José llevó toda su plata al palacio de Faraón.
47,15 Cuando se acabó la plata de Egipto y Canaán, todos los egipcios comenzaron a llegar donde José para decirle: «Danos pan, ¿acaso nos vas a dejar morir porque se nos terminó el dinero?»
47,16 Pero José les respondía: «Si no tienen dinero, denme sus ganados y yo en cambio les daré pan.»
47,17 Trajeron su ganado a José, el cual les dio pan por sus caballos, ovejas, vacas y burros. Los abasteció de pan durante ese año a cambió de todos sus ganados.
47,18 Pero al año siguiente volvieron donde él diciendo: «No podemos ocultar a nuestro señor que se nos ha terminado el dinero, y los ganados ya son todos suyos. Nos quedan solamente nuestros cuerpos y nuestras tierras.
47,19 Tú no puedes vernos morir a nosotros y nuestras tierras; cómpranos, pues, a nosotros y a nuestras tierras a cambio de pan y seremos nosotros y nuestras tierras esclavos de Faraón. Danos trigo para que no muramos; así viviremos y nuestra tierra no se despoblará.»
47,20 Y de esta manera José obtuvo para Faraón toda la tierra de Egipto, pues los egipcios tuvieron que vender sus campos ya que la escasez de alimentos era muy grande y la tierra pasó a ser toda de Faraón.
47,21 Y a la gente la hizo vivir en las ciudades de un extremo al otro de todo el territorio egipcio.
47,22 La única tierra que no compró fue la de los sacerdotes, porque hay un decreto de Faraón en favor de ellos. Viven de lo que Faraón les dio por decreto. Por eso, no vendieron sus tierras.
47,23 Entonces José dijo al pueblo: «Ya ven que les compré a ustedes y sus tierras para Faraón; aquí tienen semillas, siembren en la tierra.
47,24 Cuando llegue el tiempo de la cosecha, darán una quinta parte a Faraón y las otras cuatro restantes serán para ustedes, para sus siembras, para que coman ustedes y su familia y los que estén en su casa.»
47,25 Ellos respondieron: «Puesto que nos has salvado la vida, sírvete aceptarnos como esclavos de Faraón.»
47,26 Así, José hizo ley aquello de que la quinta parte de los productos de la tierra de Egipto pertenece a Faraón, lo que dura hasta el día de hoy. Sólo las tierras de los sacerdotes no pasaron a poder de Faraón.
47,27 Los israelitas vivieron en el país de Egipto, en la tierra de Gosén. Tomaron posesión de ella, fructificaron y se multiplicaron mucho.
47,28 Jacob vivió en Egipto diecisiete de los ciento cuarenta y siete años de su vida.
47,29 Y cuando sus días se acercaron a su fin llamó a su hijo José al que dijo: «Si es que me aprecias de veras, te ruego que coloques tu mano bajo mi muslo para que prometas esta prueba de tu amor y fidelidad: no me sepultes en Egipto.
47,30 Cuando haya ido a descansar con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame en la tumba de ellos.» José respondió: «Lo haré tal como lo pides.» «Júramelo», le dijo; y José se lo juró.
47,31 Entonces Israel se inclinó hacia la cabecera de su cama.

Jacob adopta a los hijos de José

48,1 Después de esto, le avisaron a José. que su padre estaba enfermo. Tomó entonces con él a sus dos hijos Manasés y Efraím.
48,2 Le anunciaron a su padre: «Mira, tu hijo José viene a verte.» Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en la cama.
48,3 Y dijo a José: «El Dios de las Alturas se me apareció en Luz, ciudad en país cananeo, y me bendijo diciéndome:
48,4 Yo te aumentaré y multiplicaré; tú serás padre de varios pueblos y daré este, país para siempre a tu descendencia después de ti.
48,5 Desde ahora, pues, tus dos hijos nacidos en Egipto serán también míos. Efraím y Manasés serán hijos míos como Rubén o Simeón,
48,6 pero los hijos que has engendrado después de ellos serán tuyos y con el nombre de sus hermanos serán llamados a recibir su herencia.
48,7 Por lo que a mí toca, tu madre Raquel murió en mis brazos, cuando volvía de Padán, en la tierra de Canaán, pero antes de llegar a Efratá. Por eso la enterré en el camino de Efratá que es Belén.»
48,8 Al ver Israel a los dos hijos de José, le preguntó: «¿Quiénes son éstos?»
48,9 José le respondió: «Estos son los hijos que Dios me ha dado aquí.» «Acércalos, por favor, y los bendeciré.»
48,10 Israel tenía sus ojos debilitados por la vejez y no podía ver. José se los acercó, entonces él los abrazó y los beso.
48,11 Israel dijo a José: «Nunca pensé que volvería a verte, y ahora Dios me concede la gracia de ver aún a tus descendientes.»
48,12 José retiró los hijos de entre las rodillas de su padre y se hincó delante de su padre hasta tocar el suelo con la cara.
48,13 Colocó José a Efraím a su derecha, quedando a la izquierda de Israel; a Manasés a su izquierda, quedando a la derecha de su padre, y los acercó.
48,14 Israel alargó su mano derecha y la puso sobre la.cabeza de Efraím, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza de Manasés, quedando así con las manos cruzadas, ya que Manasés era el mayor.
48,15 Luego bendijo a José. con estas palabras: «Que el Dios ante el cual caminaron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde que existo hasta hoy,
48,16 el Angel que me liberó de todo mal, bendiga a estos muchachos y que en ellos se perpetúe mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac; que lleguen a ser muy numerosos en el país.»
48,17 José vio que su padre ponía su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, lo que le disgustó: Tomó, pues, la mano de su padre para cambiarla a la cabeza de Manasés
48,18 diciendo: «Así no, padre mío, que es éste mi hijo mayor. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza.»
48,19 Israel se negó y le dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé; también él se hará pueblo, también él llegará a ser grande, pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia formará una gran cantidad de pueblos.»
48,20 Y los bendijo aquel día con estas palabras: «A ustedes los tomarán como ejemplo cuando quieran bendecir a alguno en Israel; dirán: "Que Dios te haga semejante a Efraím y Manases".»
48,21 Así puso a Efraím antes que a Manasés. Después dijo Israel a José: «Yo voy a morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres.
48,22 A ti te doy más que a tus hermanos, una porción de tierra, a saber, Siquem, que conquisté de mano del amorreo con mi espada y mi arco.»

Las bendiciones de Jacob

49,1 Jacob llamódespués a sus hijos para decirles:«Júntense que les voy a anunciar lo que sucederá en el futuro.
49,2 Reúnanse para escuchar, hijos de Jacob, y oigan a Israel, su padre.
49,3 Rubén, tú eres mi primogénito, mi vigor y el primer fruto de mi virilidad, demasiado orgulloso e impulsivo.
49,4 Aunque eches espuma como las aguas, no tendrás más que un poder relativo. Subiste al lecho de tu padre y lo deshonraste.
49,5 Simeón y Leví son hermanos y sus cuchillos fueron instrumentos de violencia.
49,6 No concuerdo con sus planes, ni tomaré parte en su asamblea, porque en su furor mataron hombres, en su arrebato desjarretaron toros.
49,7 Sea maldita su cólera porque es violenta, y su furor porque fue cruel. Los dividiré en Jacob, los esparciré en Israel.
49,8 Judá, a ti te alabarán tus hermanos, tu mano agarrará del cuello a tus enemigos, y tus hermanos se inclinarán ante ti.
49,9 Eres cachorro de león, Judá. Al volver de caza, hijo mío, te agazapas o te echas cual león o cual leona, ¿quién se atreverá a levantarlo?
49,10 No le será arrebatada la corona ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que venga aquel a quien pertenece y a quien los pueblos obedecerán.
49,11 Amarras en la vid a tu burrito; lavas tus vestidos en el vino y tu mano en la sangre de los racimos.
49,12 Tus ojos están nublados por el vino y tus dientes están blancos por la leche.
49,13 Zabulán vivirá a orillas del mar; será tripulante de barcos y se extenderá hasta Sidón.
49,14 Isacar es un burro huesudo que vive echado entre dos establos;
49,15 como vio que el descansa era bueno y la tierra agradable, inclinó su espalda a la carga y se resignó al yugo de la esclavitud.
49,16 Dan juzgará a su pueblo como a las demás tribus de Israel.
49,17 Que sea como serpiente en el camino, como víbora en el sendero, que muerde los talones del caballo, para que caiga de espaldas el jinete.
49,18 ¡Oh Yavé, esperó en tú salvación!
49,19 A Gad le asaltan salteadores, pero él les asalta la retaguardia
49,20 Aser tiene pan rico, él prepara comidas de rey.
49,21 Neftalí es una cierva suelta que tiene hermosos cervatillos.
49,22 José es una patilla de buena cepa, es una parra nueva junto a la fuente, cuyos sarmientos suben por la muralla.
49,23 Los arqueros te han molestado, te han lanzado flechas y perseguido,
49,24 mas tu arco no se rompió ni se cansaron tus brazos. Contigo está el Fuerte de Jacob, la Roca de Israel y su Pastor.
49,25 El Dios de tu padre, el que te ayuda, que el Altísimo te bendiga: ¡bendiciones de los altos cielos! ¡bendiciones del profundo abismo! ¡bendición dé tu campo y de tu establo!
49,26 Las bendiciones de tu padre han sobrepasado a las bendiciones de los montes antiguos
y las riquezas de las lomas eternas, que todas ellas descansen sobre la cabeza de José
pues tú eres el elegido entre tus hermanos.
49,27 Benjamín es un lobo sanguinario que en la mañana devora su presa y en la tarde reparte los despojos.
49,28 Estas son las tribus de Israel: doce en total. Esto fue lo que les habló su padre cuando los bendijo: a cada uno lo bendijo según lo que le correspondía.

Muerte y funerales de Jacob

49,29 Después dio la siguiente orden: «Yo voy a reunirme con mi pueblo. Entiérrenme junto a mis padres en la caverna que existe en el campo de Efrón, el heteo,
49,30 o sea en la caverna que hay en el campo de Macpelá; frente a Mambré, en la tierra de Canaán. Ese es el campo que Abraham compró a Efrón, el heteo, para tener en él su sepultura.
49,31 Allí mismo enterraron a Abraham junto a Sara, su esposa, allí también enterraron a Isaac junto a Rebeca, su esposa; allí además también yo sepulté a Lía.
49,32 La compra del campo y de la caverna que hay en él se hizo a los hijos de Het»
49,33 Cuando Jacob hubo terminado de dar estas instrucciones a sus hijos, recogio sus pies en la cama y expiró, y se reunió con sus antepasados.

50,1 Al ver esto, José se acercó a la cama de su padre, lo abrazó llorando y lo besó.
50,2 Mandó después a los médicos que estaban a su servicio que embalsamaran a su padre y ellos lo embalsamaron.
50,3 Emplearon en ello cuarenta días, ya que éste es el tiempo necesario para el embalsamiento. Luego los egipcios lo lloraron durante setenta días.
50,4 Cuando pasó el tiempo de duelo, José habló a los principales de la gente de Faraón de esta manera: «Si mi persona les es grata, les ruego hagan llegar a oídos de Faraón lo siguiente:
50,5 Antes de morir, mi padre me hizo prometerle bajo juramento que yo lo sepultaría en el sepulcro que él se había cavado en el país de Canaán. Pues bien, permítanme ahora subir a enterrar a mi padre.»
50,6 Faraón le mandó a decir: «Sube y entierra a tu padre, tal como te hizo jurar.»
50,7 Subió José a sepultar a su padre y subieron también con él todos los servidores de Faraón, los principales de su familia y todos los jefes de Egipto,
50,8 toda la gente de la familia de José, sus hermanos y la gente de su padre. Sólo dejaron en la tierra de Gosén a sus niños junto con sus ovejas y demás animales.
50,9 Lo acompañaban carros y soldados a caballo; se veía, pues, que era una caravana muy grande.
50,10 Cuándo llegaron a GosénAtad, que está al otro lado del Jordán, celebraron unos funerales grandes y solemnes. Estos funerales que José celebró por su padre duraron siete días.
50,11 Los cananeos que vivían ahí, al ver los funerales que se hacían en GorénAtad, se dijeron: «Estos son unos funerales muy solemnes para los egipcios.» Por eso aquel lugar se llamó AbelMisraim (o sea, duelo de los egipcios) y está al otro lado del Jordán.
50,12 Los hijos de Jacob cumplieron todo lo que les mandó.
50,13 Ellos lo trasladaron a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la caverna del campo de Macpelá, en el campo que Abraham había comprado a Efrón, el heteo, frente a Mambré, como propiedad para sepultura.
50,14 José, después de sepultar a su padre, volvió a Egipto con sus hermanos y con todos los que lo habían ído a acompañar en el funeral de su padre.

Ultimos años de José

50,15 Después de que murió su padre, los hermanos de José se dijeron: «A lo mejor José nos guarda rencor y ahora nos devuelve todo el mal que le hicimos»,
50,16 entonces le mandaron a decir: «Tu padre antes de morir nos mandó que te habláramos así:
50,17 "Perdona el mal de tus hermanos y el pecado que cometieron cuando te hicieron el mal. Por eso perdona la falta de los servidores del Dios de tu padre."» José, al oír estas palabras se puso a llorar.
50,18 Sus hermanos vinieron a echarse a sus pies, diciéndole: «Aquí nos tienes, somos tus esclavos.»
50,19 José respondió: «No teman; ¿acaso podría yo ponerme en lugar de Dios?,
50,20 ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios quiso convertirlo en bien para que se realizara lo que hoy ven: conservar la vida de un pueblo numeroso.
50,21 Nada teman, entonces; yo los mantendré a ustedes y a sus hijos.» Luego los consoló, hablándoles palabras cariñosas.
50,22 José permaneció en Egipto junto con toda la familia y gente de su padre. Murió a la edad de ciento diez años.
50,23 Alcanzó a ver a los hijos de Efraím hasta la tercera generación. También los hijos de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.
50,24 José dijo a sus hermanos: «Voy a morir, pero estén seguros que Dios los visitará y los hará subir de este país a la tierra que juró dar a Abraham, Isaac y Jacob.»
50,25 Y José los hizo jurar, pidiéndoles este favor: «Cuándo Dios los visite, lleven mis huesos de aquí junto con ustedes.»
50,26 Cuando murió José en Egipto, a la edad de ciento diez años lo embalsamaron y lo colocaron en un ataúd en Egipto.

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