|
José interpreta sus sueños
40,1 Sucedió después que dos funcionarios, el jefe
de los que preparaban las bebidas y el panadero principal del rey
de Egipto, cometieron algunas faltas contra su señor, el
rey de Egipto.
40,2 Faraón se enojó contra el jefe de los que preparaban
las bebidas y el jefe de los panaderos.
40,3 Los puso en la cárcel bajo custodia del capitán
de la guardia, en la misma cárcel donde estaba preso José.
40,4 El capitán de la guardia encargó a José
que los atendiera, y pasaron algún tiempo bajo vigilancia.
40,5 El jefe de los que preparaban las bebidas y el panadero tuvieron
ambos en una misma noche un sueño, y cada sueño tenía
un significado.
40,6 cuando José los vino a ver, por la mañana, se
dio cuenta de que estaban preocupados,
40,7 Preguntó entonces a los dos funcionarios de Faraón
que estaban arrestados como él: «¿Por qué
amanecieron con tan mala cara?»
40,8 Y le contestaron: «Hemos tenido un sueño y no
hay quien lo interprete.» José les dijo: «Es
cierto que sólo Dios puede dar la interpretación de
un sueño; sin embargo, cuéntenme lo que soñaron.»
40,9 El jefe de los garzones contó primero su sueño
de esta forma: «Soñaba que había frente a mí
una parra
40,10 con tres sarmientos; y en cuánto brotó apareció
su flor y maduraron los granos de los racimos.
40,11 Tomé los racimos y los estrujé en la copa de
Faraón y puse la copa en manos de Faraón.»
40,12 José le respondió: «Esto es lo que quiere
decir tu sueño. Los tres sarmientos significan tres días
40,13 que todavía faltan; después de ellos, Faraón
se acordará de ti y te pondrá en tu puesto nuevamente,
y volverás a colocar la copa en manos de Faraón, igual
que antes, cuando eras jefe de los garzones.
40,14 Acuérdate, pues, de mí cuando recuperes tu puesto
y háblale, por favor, de mí a Faraón para que
me mande sacar de esta cárcel.
40,15 Pues contra mi voluntad me trajeron del país de los
hebreos y aquí yo no he hecho nada para que merezca estar
en prisión.»
40,16 Al ver el jefe de los panaderos que José había
dado una interpretación favorable, le dijo: «Voy a
contar ahora mi sueño: Había tres canastos de pan
blanco sobre mi cabeza.»
40,17 En el canasto de arriba estaban tres clases de pasteles que
come Faraón, pero venían los pájaros y se comían
todo lo que había en el canasto que estaba sobre mi cabeza.»
40,18 Respondió José: «Este es el significado.
Los tres canastos son tres días,
40,19 al término de los cuales Faraón te cortará
la cabeza, te colgará de un árbol y las aves vendrán
a comer tu carne.»
40,20 Al tercer día era el cumpleaños de Faraón,
y dio un banquete a todos sus servidores. Y cuando estuvo con ellos
se acordó del jefe de los que preparaban las bebidas y del
jefe de los panaderos.
40,21 Devolvió a su puesto al jefe de los que preparaban
las bebidas, quien puso en la mano de Faraón nuevamente su
copa,
40,22 pero al jefe de los panaderos lo hizo colgar, tal como José
lo había interpretado.
40,23 El jefe de los que preparaban las bebidas no se acordó
más de José: sencillamente lo había olvidado.
Los sueños de Faraón
41,1 Dos años después, Faraón tuvo este sueño:
Estaba en la orilla del Nilo
41,2 cuando vi que salían del río siete vacas hermosas
y muy gordas, que se pusieron a pastar entre los juncos.
41,3 Detrás de ellas salieron otras siete vacas feas y flacas
que se pusieron al lado de las primeras junto a la orilla del Nilo.
41,4 Y estas vacas feas y flacas se comieron a las siete vacas gordas
y hermosas. Faraón despertó,
41,5 y al dormirse de nuevo tuvo otro sueño: soñó
que siete espigas granadas y buenas salían de un mismo tallo,
41,6 pero que después de éstas brotaban otras siete
delgadas y quemadas por el viento que se tragaban a las siete granadas
y repletas.
41,7 Despertó Faraón y se dio cuenta que era un sueño.
41,8 A la mañana siguiente faraón se levantó
muy preocupado. Mandó a llamar a todos los adivinos y sabios
de Egipto y les contó sus sueños, pero nadie pudo
darle una explicación.
41,9 Entonces, el jefe de los que sirven las bebidas pidió
la palabra y dijo a Faraón: «Voy a recordar una falta
mía.
41,10 Faraón se había enojado conmigo y me tenía
detenido en la casa del capitán de la guardia, junto con
el panadero del palacio.
41,11 Entonces los dos tuvimos sendos sueños, en la misma
noche, con significación diferente;
41,12 había allí un joven hebreo, esclavo del capitán.
Le contamos el sueño y él a cada uno le dio el significado
de su sueño.
41,13 Y sucedió justo como él dijo. Yo fui repuesto
en mi cargo y el otro ahorcado.»
41,14 Faraón entonces mandó llamar a José.
Fue sacado rápidamente de la cárcel. Lo afeitaron
y te cambiaron de ropa para presentarlo a Faraón.
41,15 Faraón dijo a José: «He tenido un sueño
y nadie ha podido explicármelo. He oído decir que
a ti te basta con que te cuenten un sueño para que tú
lo explique.»»
41,16 A lo cual José respondió: «No soy yo,
es Dios quien te dará una respuesta favorable.»
41,17 Faraón refirió su sueño a José.
41,18 «Estaba parado a la orilla del Nilo cuando de pronto
subieron del río siete vacas hermosas y muy gordas que se
pusieron a pastar entre los juncos.
41,19 Pero detrás de ellas. subieron otras siete vacas flacas
y feas como no he visto nunca en todo Egipto,
41,20 y las siete vacas flacas y feas se comieron a las siete vacas
gordas,
41,21 que entraron en su vientre sin que se notara, porque siguieron
tan flacas y feas como antes. Entonces me desperté.
41,22 Vi también en mi sueño siete espigas llenas
y granadas que salían de un solo tallo.
41,23 Pero siete espigas secas, vanas y quemadas por el viento brotaban
detrás de ellas.
41,24 Las espigas vanas se tragaron alas espigas hermosas. Se lo
he contado a los adivinos y nadie me lo ha podido explicar.»
41,25 José respondió a Faraón: «Tu sueño,
Señor, es uno solo. Dios te ha anunciado lo que El va a hacer.
41,26 Las siete vacas hermosas, al igual que las siete espigas granadas,
son siete años de abundancia.
41,27 Las siete vacas feas y raquíticas, que salieron detrás,
al igual que las siete espigas vanas y quemadas por el viento del
este, son siete años de hambre.
41,28 Esto es lo que puedo decirle a Faraón y que Dios ha
querido mostrarle.
41,29 Vendrán siete años en que habrá de todo
en abundancia en Egipto,
41,30 pero, en seguida, vendrán siete años de escasez
que harán olvidar toda la abundancia anterior del país
y que lo agotarán.
41,31 La escasez tremenda que sobrevendrá hará desaparecer
la abundancia del país.
41,32 Si el sueño se te presentó dos veces, esto quiere
decir que Dios, está muy decidido a realizar estas cosas
y, que pronto las cumplirá.
41,33 Ahora, pues, aconsejo a Faraón que busque un hombre
inteligente y sabio para ponerlo al frente de Egipto.
41,34 Que nombre, además, intendentes en todo el país
que recauden la quinta parte de la cosecha durante estos siete años
de abundancia:
41,35 recogerán los víveres de estos siete años
buenos y almacenarán el grano en las ciudades donde lo guardarán
bajo la autoridad de Faraón.
41,36 De esta manera quedarán reservas para los siete años
de escasez que vendrán, y así el pueblo no morirá
de hambre.»
José, primer ministro
41,37 A Faraón y a sus servidores les agradó el discurso
de José.
41,38 Y dijo Faraón a sus oficiales: «¿Dónde
encontraremos un hombre como éste que tenga el espíritu
de Dios?»
41,39 Y dijo a José: «Puesto que Dios te ha hecho saber
todo esto, no hay hombre más inteligente ni sabio que tú.
41,40 Te pongo al frente de toda mi casa; todo mí pueblo
obedecerá tus órdenes y ocuparás el segundo
lugar en Egipto.»
41,41 Y añadió: «Mira, te pongo al frente de
todo el país»
41,42 Y quitándose el anillo de la mano lo puso en la de
José; lo hizo vestir con ropas de puro lino y colocó
en su cuello un collar de oro.
41,43 Luego lo hizo subir a la segunda carroza del palacio y ordenó
que alguien fuera delante de su carro anunciando: «¡Pongan
atención¡» Así quedó José
al frente de todo el país de Egipto.
41,44 Después, el rey dijo a José: «¡Yo
soy Faraón! Sin tu orden nadie moverá mano ni pie
en Egipto.»
41,45 Faraón llamó a José SafentaPaneaj y le
dio por esposa a Asenat, hija de Putifar, sacerdote del dios On.
Después de esto, salió José a recorrer todo
el país de Egipto.
41,46 José tenía treinta años cuando se presentó
ante Faraón, rey de Egipto. Se retiró de su presencia
y se puso a recorrer todo el país de Egipto.
41,47 Durante los siete años de abundancia hubo grandes cosechas.
41,48 José reunió todos los víveres de estos
años en que hubo abundancia y los depositó en las
ciudades: en cada ciudad se almacenaban los productos del campo
de los alrededores.
41,49 José juntó tanto, trigo como la arena del mar,
a tal punto que debieron parar de contabilizarlo, pues sobrepasaba
todo cálculo.
41,50 Antes que llegaran los años de hambre le nacieron a
José dos hijos. La madre era Asenat, hija de un sacerdote
del dios On.
41,51 Al primer niño lo llamó Manasés, o sea,:
«He olvidado», pues decía: «Dios me ha
hecho olvidar mi pena y a la familia de mi padre.»
41,52 Al segundo lo llamó Efraím, o sea, «He
fructificado», pues decía: «Dios me ha hecho
fecundo en la tierra de mi aflicción.
41,53 Pasados los siete años de abundancia en Egipto
41,54 llegaron los siete años de sequía, según
lo anunciado por José. Hubo hambre por todos los países
pero en Egipto había pan.
41,55 En todo Egipto empezó a sentirse el hambre; el pueblo,
entonces, le pedía a gritos a Faraón pan, pero éste
les decía a todos: «Vayan donde José y hagan
lo que él les diga.» El hambre se extendió además
por el resto del mutado.
41,56 Jósé abrió los almacenes y vendió
el trigo a los egipcios.
41,57 El hambre se hizo sentir más, y de todas partes llegaron
a Egipto a comprar trigo a José, ya que la escasez era universal.
Los hijos de Jacob bajan a Egipto
42,1 Al saber Jacob que en Egipto había trigo, dijo a sus
hijos: «¿Por qué se quedan mirándose
unos a otros?
42,2 He oído que se vende trigo en Egipto. Vayan allá
y compren trigo, a fin de que no muramos.»
42,3 Diez de los hermanos de José bajaron a Egipto para comprar
trigo,
42,4 pero Jacob no dejó ir con ellos a Benjamín, hermano
de José, no sea, decía, que le vaya a pasar algo.
42,5 Fueron entonces los hijos de Jacob Israel, junto con otros
cananeos, a comprar trigo, pues también había escasez
en Canaán.
42,6 José era el dueño del país y vendía
el trigo a todo el pueblo. Al llegar sus hermanos se postraron ante
él tocando el suelo con la cara.
42,7 Apenas José vio a sus hermanos los reconoció;
pero los trató duramente sin darse a conocer. Les preguntó:
«¿De dónde vienen ustedes?» A lo que ellos
respondieron: «Llegamos de la tierra de Cánaán
para comprar trigo.»
42,8 José, pues, había reconocido a sus hermanos,
pero no ellos a é1.
42,9 José se acordó entonces de los sueños
que había tenido con respecto a ellos.
42,10 Les dijo: «Ustedes han venido a espiar las defensas
del país.» Respondieron: «No, señor, únicamente
hemos venido a comprar trigo.
42,11 Todos somos hermanos, hombres de bien y no espías.»
42,12 Pero él les dijo: «No, ustedes han venido a espiar.»
42,13 Ellos se defendieron diciéndole: «Eramos doce
hermanos, hijos de un mismo padre establecido en Canaán.
El menor quedó en casa y el otro ya no vive:»
42,14 José insistió: «Sí, tiene que ser
como yo les he dicho: ustedes son espías
42,15 y ahora mismo los someteré a una prueba. Por la vida
de Faraón, ustedes no saldrán de aquí mientras
no venga su hermano menor.
42,16 Manden a uno de ustedes a buscar a su hermano y los demás
quedarán presos. Así sabré si es cierto lo
que acaban de decirme. Y si me han mentido, ¡por la vida de
Faraón!, quedará así comprobado que son espías.»
42,17 Y os encarceló a todos.
42,18 Al tercer día, les dijo José: «Les doy
un medio para salvarse, pues yo también tengo temor a Dios.
42,19 Si han dicho la verdad, que quede uno de ustedes preso en
la casa de guardia donde están. Los demás llevarán
el trigo que tanta falta hace a sus familias.
42,20 Pero habrán de traerme a su hermano menor para ver
si es cierto lo que ustedes han dicho y puedan así conservar
sus vidas.»
42,21 Así hicieron ellos y comentaban entre sí: «Verdaderamente
estamos pagando lo que hicimos con nuestro hermano, pues a pesar
de ver su aflicción y de oír sus súplicas,
no le hicimos caso. Por eso, ahora, nos aflige esta desgracia.»
42,22 Rubén dijo a los demás: «¿No les
decía yo que no le hicieran mal al muchacho y ustedes no
me escucharon? Pues bien, ahora pagamos por su muerte.»
42,23 Ellos no sabían que José les entendía,
pues entre él y ellos había un intérprete.
42,24 Al oír esto José, se apartó y lloró.
Al volver ante ellos tomó a Simeón y lo hizo amarrar
a vista de todos.
42,25 Después José mandó llenar los sacos de
trigo, devolverles el dinero a cada uno dentro de sus sacos y que
se les dieran provísiones para el camino; y así se
hizo con ellos.
42,26 Cargaron, pues, el trigo sobre sus burros y se fueron.
42,27 Cuando acamparon para pasar la noche, uno de ellos, al abrir
su saca para dar forraje a su animal, se dio cuenta que su plata
estaba en la boca del saco, casi encima del trigo.
42,28 Se lo comunicó a sus hermanos, diciéndoles:
«Me han devuelto el dinero, aquí lo tengo en mi saco.»
Se quedaron sin aliento y se miraban asustados diciendo: «¿Qué
es esto que ha hecho Dios con nosotros?»
42,29 Llegaron después donde su padre Jacob a Canaán
y le contaron todo lo que les había sucedido.
42,30 «El hombre que manda en ese país, nos habló
con aspereza y pensó que íbamos a espiar el país.
42,31 Nosotros le dijimos que éramos gente honrada y no espías.
42,32 Eramos doce hermanos, hijos de un mismo padre, pero uno de
nosotros ya no vive y el menor quedó con nuestro padre en
el país de Canaán.
42,33 Entonces el señor de ese país, nos dijo: "Para
que yo pueda comprobar si ustedes dicen la verdad, se va a quedar
aquí conmigo uno de ustedes; mientras tanto, tomen lo que
hace falta en sus casas y márchense.
42,34 Pero tráiganme a su hermano menor para que yo pueda
estar seguro, de que ustedes son personas honradas y no espías.
Sólo entonces les devolveré a su hermano y podrán
andar libremente en este país."»
42,35 Pero cuando vaciaron sus sacos, vieron que en cada uno estaba
la bolsa con su dinero. Este descubrimiento les produjo temor a
ellos y a su padre.
42,36 Jacob, su, padre, les dijo: «Ustedes me van a dejar
hijos; falta José, falta Simeón, y ahora quieren llevarse
a Benjamín! ¡Sobre mí caen todas estas cosas!»
42,37 Pero Rubén dijo a su padre: «Quita la vida a
mis dos hijos si yo no te lo devuelvo, confíalo a mis manos
y yo te lo traigo de vuelta.»
42,38 Jacob respondió: «No bajará mi hijo con
ustedes; su hermano ha muerto y sólo me queda él;
si le ocurre cualquier desgracia en ese viaje, ustedes serán
culpables de que me muera de pena en mi ancianidad.»
Nuevo viaje a Egipto
43,1 La escasez de alimentos seguía siendo muy grande en
el país,
43,2 y cuando se hubo terminado el trigo traído de Egipto,
su padre les dijo: «Vuélvan a comprarnos un poco de
comida:»
43,3 Judá contestó: «Aquel hombre nos dijo bien
claro que no nos admitiría en su presencia si no iba con
nosotros nuestro hermano.
43,4 Si mandas a Benjamín con nosotros, entonces iremos a
buscar provisiones,
43,5 pero si no lo mandas no bajaremos, porque aquel hombre nos
dijo: «No verán mi cara si no está con ustedes
su hermano más pequeño.»
43,6 Dijo entonces Israel: «¿Por qué, para desgracia
mía, le dijeron a ese hombre que tenían otro hermano?»
43,7 Ellos contestaron: «Aquel hombre nos preguntó
con tanta insistencia sobre nosotros y nuestra familia: ¿Vive
todavía su padre? ¿Tienen algún otro hermano?,
y nosotros contestamos estas preguntas. ¿Cómo nos
íbamos a imaginar que diría: Tráiganme a ese
hermano?»
43,8 Dijo Judá a su padre Israel: «Deja que el muchacho
venga conmigo a fin de que podamos partir. Solamente de esta manera
conservaremos la vida en vez de morir nosotros y nuestros hijos.
43,9 Yo respondo por él, pídeme cuenta de él.
Si no te lo traigo de vuelta ni te lo muestro de nuevo, no me perdones
jamás esta falta.
43,10 Si no nos hubiéramos entretenido tanto, a estas horas
ya hubiéramos vuelto dos veces.»
43,11 Israel, su padre, les dijo: «Ya que eso es inevitable,
hagan lo siguiente. Lleven en sus sacos de los productos del país
y ofrézcanselo como un regalo a aquel hombre un poco de tragacanto,
un poco de miel, de gorra, láudano y almendras.
43,12 Lleven también doble cantidad de dinero y devuelvan
personalmente el dinero que apareció en la boca de sus sacos,
tal vez se deba a alguna equivocación.
43,13 Tomen a su hermano, levántense y vuelvan donde aquel
hombre.
43,14 Que el Dios de las Alturas les haga hallar misericordia ante
ese hombre para que les devuelva a su hermano y también a
Benjamín. En cuanto a mí, si he perdido mis hijos,
es que tenía que perderlos.»
43,15 Tomaron entonces los regalos, y la doble cantidad de su dinero
y a Benjamín, y poniéndose en camino bajaron a Egipto.
Se presentaron a José.
43,16 Este, al ver que los acompañaba Benjamín, dijo
a su mayordomo: «Lleva a casa a estos hombres, haz matar algún,
animal y prepáralo, porque estos hombres comerán conmigo
a mediodía.»
43,17 El mayordomo hizo como José le ordenó y los
llevó a casa de José.
43,18 Ellos se asustaron porque eran llevados a casa de José
Y comentaban entre sí: «Seguramente nos meten aquí
por causa del dinero que nos devolvieron en nuestros sacos. Nos
han hecho entrar para asaltarnos. Nos tomarán como esclavos
y se apoderarán de nuestros burros.»
43,19 Por eso, acercándose al mayor domo
43,20 le dijeron:'«Perdón, mi señor, pero ya
vinimos una vez a comprar grano
43,21 y cuando en la posada abrimos nuestros sacos, el dinero de
cada uno estaba en la boca de los sacos. Contamos bien el dinero
y ahora lo tenemos aquí para devolverlo.
43,22 Pero, al mismo tiempo, tenemos más plata para comprar
lo que necesitamos. No sabemos quién puso nuestro dinero
en los sacos.» El les dijo: «Quédense tranquilos.
43,23 El Dios de ustedes, el Dios de sus padres les ha puesto un
tesoro en sus sacos, ya que recibí su plata.» Luego
les entregó a Simeón.
43,24 El hombre los hizo entrar en casa de José y les dio
agua para que se lavaran los pies y forraje para sus burros.
43,25 Ellos prepararon el regalo esperando que José llegara
al mediodía, porque habían oído decir que comería
allí.
43,26 Al entrar José a la casa le ofrecieron el regalo y
lo saludaron inclinándose hasta el suelo.
43,27 El les preguntó cómo estaban y agregó:
«¿Está bien el padre de ustedes, aquel anciano
de quien me hablaron? ¿Vive todavía?»
43,28 Ellos respondieron: «Tu siervo, nuestro padre, está
bien y vive todavía:» Después se inclinaron
hasta el suelo.
43,29 Entonces José levantando la vista vio a Benjamín,
su hermano, hijo de su misma madre, y dijo: «¿Este
es el hermano menor de quien me hablaron?», y agregó:
«Dios te bendiga, hijo mío.»
43,30 José tuvo que salir rápidamente porque se sintió
muy conmovido por la presencia de su hermano y le vinieron ganas
de llorar.
43,31 Después se lavó la cara y volvió. Tratando
de dominarse, ordenó: «Sirvan la comida.»
43,32 Se la sirvieron por separado; él comía aparte,
ellos también aparte, y a los egipcios que comían
con él también les sirvieron aparte.. Es que los egipcios
no pueden comer con los hebreos; de hacerlo, Egipto se tendría
por deshonrado.
43,33 Se sentaron, pues, frente a él; el mayor en el primer
asiento y el menor en el último, mirándose el uno
al otro con asombro.
43,34 Después separó para ellos partes de lo que se
le había puesto en la mesa, y la parte de Benjamín
era cinco veces más grande que la de los demás. Bebieron
junto a él y se sintieron muy alegres.
La copa de José en el saco de Benjamín
44,1 Entonces José ordenó a su mayordomo: «Llena
de alimentos los sacos de estos hombres, cuanto puedan llevar; coloca
el dinero de cada uno en la boca del saco.
44,2 Y mi copa de plata ponla en la boca del saco del menor, junto
con el dinero de su` trigo.» El hizo tal como José
le había dicho
44,3 Al amanecer fueron despedidos los hombres con sus burros.
44,4 Cuando habían salido de la ciudad y todavía se
encontraban a poca distancia, José dijo a su mayordomo: «Levántate,
corre detrás de aquellos hombres y cuando los alcances diles.
¿Por qué han devuelto mal por bien?
44,5 ¿No es ésta la copa en que bebe mi señor
y donde también practica la adivinación?, han obrado
mal al hacer eso.»
44,6 Los alcanzó y les habló en esa forma.
44,7 Ellos le respondieron: «¿Por qué habla
mi señor así?. Jamás haríamos nosotros
cosa igual.
44,8 Te trajimos desde Canaán, la plata que encontramos en
nuestros sacos y ¿cómo íbamos a robar ahora
oro y plata de la casa de tu señor?
44,9 Si a alguno de nosotros, tus siervos, se le encuentra el objeto,
que muera y nosotros mismos seremos esclavos de mi señor.»
44,10 «Muy bien dijo él, haremos desde ahora tal como
ustedes dicen; aquel a quien se le encuentre el objeto será
mi esclavo, pero ustedes quedarán libres.»
44,11 Y rápidamente bajaron cada uno su saco y cada uno lo
abrió.
44,12 El los registró empezando por el mayor y terminando
por el más joven y la copa se encontró en el saco
de Benjamín.
44,13 Entonces rasgaron sus ropas y cargando cada uno su burro volvieron
a la ciudad.
44,14 Judá y sus hermanos volvieron a casa de José,
que todavía estaba allí, y se postraron delante de
él.
44,15 José les dijo: «¿Qué es lo que
han hecho? ¿No sabían que un hombre como yo iba a
adivinarlo?»
44,16 Contestó Judá: «¿Qué podemos
decir a mi señor?, ¿cómo podemos justificarnos?
Dios ha descubierto nuestra falta, y aquí nos encontramos
esclavos de mi señor, nosotros y aquel en cuyo poder se encontró
la copa.»
44,17 Pero él respondió: «Jamás haría
tal cosa. El hombre a quien se le halló la copa será
mi esclavo; ustedes pueden volver en paz donde su padre.»
44,18 Entonces se adelantó Judá y le dijo: «Permítarne,
señor mío, que pueda tu siervo decirte algunas palabras
sin que te enojes contra mí, aunque tú eres como Faraón.
44,19 Tú, mi señor, nos preguntaste a nosotros tus
siervos: «¿Tienen todavía padre o hermano?»,
y
44,20 nosotros contestamos: «Tenemos todavía padre
anciano con un niño pequeño que le nació en
su vejez. El otro hermano de éste murió y sólo
le ha quedado este hijo de su madre, y su padre lo quiere mucho.»
44,21 Después nos dijiste: «Que baje con ustedes para
que yo lo vea.»
44,22 Y nosotros te respondimos: «El joven no puede dejar
a su padre porque si lo abandona éste morirá.»
44,23 Y tú nos dijiste: «Si su hermano menor no baja
con ustedes, no los aceptaré en mi presencia:»
44,24 Subimos entonces a casa de nuestro padre y le dijimos tus
palabras.
44,25 Y cuando nuestro padre dijo: «Vuelvan en busca de un
poco de comida»,
44,26 nosotros respondimos: «No podemos ir, a menos que vaya
con nosotros nuestro hermano menor, porque no nos recibirá
aquel hombre sin que nuestro hermano menor esté con nosotros.»
44,27 Nuestro padre nos dijo: «Ustedes saben que mi esposa
me dio dos hijos.
44,28 Uno se me fue y creo que habrá sido despedazado por
las fieras y no lo he vuelto a ver hasta hoy.
44,29 Si ahora llevan de mi lado también a éste y
si le sucede alguna desgracia, ustedes tendrán la culpa de
que en mi ancianidad me muera de pura pena.»
44,30 Ahora no puedo volver donde mi padre sin que el muchacho vaya
con nosotros, ya que su vida está ligada a la de él
y al ver que el niño no está morirá;
44,31 por culpa de nosotros, nuestro padre morirá de pena
en su vejez.
44,32 Yo, tu servidor, me hice responsable por el joven ante mi
padre, le dije: «Si no te lo devuelvo, seré culpable
ante mi padre para siempre.»
44,33 Ruégote, pues, que yo, tu siervo, quede en lugar del
joven por esclavo, para que así el muchacho suba con sus
hermanos.
44,34 Yo no podría volver a casa de mi padre sin el joven,
no quiero ver la aflicción de mi padre.»
José se da a conocer
45,1 Entonces José no pudo contenerse más delante
de toda aquella gente que estaba con él y dio una orden,
gritando: «¡Salgan todos!» Y nadie había
ahí cuando José se dio a conocer a sus hermanos.
45,2 Rompió a llorar tan fuerte que lo oyeron los egipcios
y servidores de Faraón.
45,3 Acercándose a sus hermanos les dijo: «Yo soy José.
¿Vive aún mi padre?» Ellos no podían
responderle, ya que estaban espantados de verlo.
45,4 El les dijo: «Acérquense», y se acercaron.
«Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron
a los egipcios.
45,5 Pero no se apenen ni les pese por haberme vendido; Dios me
envió adelante para salvarles la vida.
45,6 Ahora ya van dos años de escasez y aún quedan
cinco sin que se pueda arar ni cosechar.
45,7 Dios, pues, me ha enviado para asegurar la sobrevivencia de
su descendencia en el país y para salvarles la vida a muchos
de ustedes.
45,8 No fueron ustedes, sino Dios el que aquí me envió.
El me ha hecho familiar de Faraón, dueño de su palacio
y gobernador de todo el Egipto.
45,9 Vuelvan pronto donde mi padre y díganle: «Esto
te manda decir tu hijo José: Dios me hizo dueño de
todo el Egipto.
45,10 Ven para acá sin demora: Vivirás en la región
de Gosén y estarás cerca de mí, tú y
tus hijos, y tus nietos, con sus rebaños y todo cuanto tienes.
45,11 Yo cuidaré de tu subsistencia, para que ni a ti ni
a tu familia nada les falte, durante los cinco años de hambre
que aún quedan.»
45,12 Ustedes ven, y mi hermano Benjamín ve, que yo soy quien
les hablo.
45,13 Todo lo que ustedes saben de mí y de mi gloria en Egipto,
cuéntenselo a mi padre y tráiganlo pronto para acá.»
45,14 Dicho esto se abrazó llorando a Benjamín, el
que también lloró.
45,15 Luego besó a todos sus hermanos, llorando al abrazarlos.
Después de esto, sus hermanos se pusieron a conversar con
él.
45,16 La noticia de que habían llegado los hermanos de José
llegó hasta la casa de Faraón; se decía: «Han
venido los hermanos de José.» Esto agradó a
Faraón y a sus servidores.
45,17 Faraón dijo a José: «Diles esto a tus
hermanos: "Carguen sus burros y vayan a Canaán,
45,18 tomen a su padre y a sus familias y vengan aquí, que
yo les daré lo mejor del país de Egipto y comerán
lo mejor de esta tierra.
45,19 Lleven de la tierra de Egipto carretas para sus niños
y mujeres y traigan a su padre.
45,20 Y no tengan pena por las cosas que dejan allá, porque
lo mejor de Egipto es para ustedes".»
45,21 Y así lo hicieron los hijos de Israel; José
les consiguió carretas según la orden de Faraón
y los proveyó de víveres para el camino.
45,22 A cada uno le regaló un traje de fiesta y cinco trajes,
y a Benjamín le regaló trescientas monedas de plata
y cinco vestidos.
45,23 A su padre le mandó diez burros cargados con los mejores
productos de Egipto y diez mulas cargadas de trigo, pan y víveres
para el uso de su padre durante el largo viaje.
45,24 Después despidió a sus hermanos que se fueron,
no sin antes recomendarles que no pelearan por el camino.
45,25 subieron de Egipto y llegaron a Canaán donde Jacob,
su padre.
45,26 Le dieron la buena nueva de que José vivía todavía
y que era gobernador de todo el país de Egipto, pero su corazón
no se conmovió porque no les creyó.
45,27 Ellos repitieron todas las palabras que José les había
dicho y le mostraron las carretas que José les había
mandado para que se trasladara. Entonces se revivió el espíritu
de Jacób,
45,28 y declaró: «¡Me basta con saber que mi
hijo José vive todavía! Iré donde él
y lo veré antes de morir.»
Jacob baja a Egipto
46,1 Israel partió con todo lo que tenía y, cuando
llegó a Bersebá, ofreció allí sacrificios
al Dios de su padre Isaac.
46,2 Dios llamó a Israel en una visión durante la
noche y le dijo: «Jacob, Jacob»
46,3 y él contestó: «Aquí estoy.»
Dios prosiguió: «Yo soy el Dios de tu padre. No temas
bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.
46,4 Yo te acompañaré; José te cerrará
los ojos y, después de muerto, te haré volver aquí.»
46,5 Jacob salió de Bersebá y los hijos de Israel
llevaron a su padre junto con sus hijos y mujeres en las carretas
que Faraón había mandado para transportarlos.
46,6 También traían sus rebaños y todo lo que
habían adquirido en Canaán, y así entraron
en Egipto Jacob y toda su descendencia.
46,7 Sus hijos y los hijos de sus hijos con él, sus hijas
y las hijas de sus hijas, en una palabra, hizo que toda su familia
entrara con él a Egipto.
46,8 Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en
Egipto: Jacob y sus hijos. El primogénito de Jacob: Rubén;
46,9 sus hijos Henoc, Falú, Hesrón y Carmi.
46,10 Hijos de Simeón: Jamuel y Jamín, Ahod, Juaqin,
Sohar y Saúl, hijo de la cananea.
46,11 Hijos de Leví: Guersón, Quehat y Merarí.
46,12 Hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Farés
Zaraj. Pero Er y Onán habían muerto en la tierra de
Canaán. Los hijos de Farés eran: Hesrón y Hamul.
46,13 Hijos de Isacar: Tola, Fua, Job y Sumrón.
46,14 Hijos de Zabulón: Sared,. Elón y Jahelel.
46,15 Estos son los hijos que Lía le dio a Jacob en PadánAram,
además de su hija Dina. El total entre hilos e hijas era
de treinta y tres personas.
46,16 Hijos de Gad: Señón, Haggi, Suni, Esebón,
Heri, Arodi y Arelí.
46,17 Hijos de Aser: Jamne, Jesua, Jesui, Bería y su hermana
Sara. Hjos de Beria: Hebel y Melquiel.
46,18 Estos son los hijos de Zelfa, la esclava que Labán
dio a su hija Lía. Zelfa fue la madre y Jacob el padre; en
total, dieciséis personas.
46,19 Hijos de Raquel, esposa de Jacob: José y Benjamín.
46,20 A José le nacieron en Egipto Manasés y Efraím,
que dio a luz Anesat hija de Putifar, sacerdote de On.
46,21 Hijos de Benjamín: Bela, Beker, Asbel, Gera, Naamán,
Equi, Ros, Mofín, Ofín yAred
46,22 Estos son los hijos que dio Raquel a Jacob, en total, catorce
personas.
46,23 Hijo de Dan: Husim.
46,24 Hijos de Neftalí. Jasiel, Guni, Jese y Sallem.
46,25 Estos son los hijos de Bilá que Labán dio a
su hija Raquel. Bilá fue la madre y Jacob el padre. En total,
siete personas.
46,26 El total de personas que entraron con Jacob en Egipto, todos
descendientes suyos, era de sesenta y seis personas, sin contar
las mujeres de sus hijos.
46,27 Y los hijos de José que nacieron en Egipto dos personas
más.
Total de la familia que entró en Egipto: setenta personas.
Encuentro de Jacob con José
46,28 Antes de que entraran en Gosén, Jacob mandó
delante de él a Judá, y luego llegaron todos.
46,29 José enganchó su carro y fue al encuentro de
su padre a Gosén. Al verlo lo abrazó y lloró
largamente sobre su cuello.
46,30 Y dijo Israel a José: «Ahora ya puedo morir,
porque he visto tu rostro y porque vives todavía.»
46,31 Después dijo José a sus hermanos y a toda la
familia de su padre: «Voy ahora mismo a anunciar a Faraón
que mis hermanos y la familia de mi padre que vivían en tierra
de Canaán acaban de llegar.
46,32 Le diré también que ustedes son pastores de
ovejas, que se dedican a la crianza de animales y que han traído
tanto sus ovejas como sus ganados junto con todas sus pertenencias.
46,33 Así, pues, cuando Faraón les llame y les pregunte:
«¿Cuál es su oficio?»,
46,34 ustedes contestarán: «Tus servidores hemos sido
pastores desde nuestra niñez hasta el día de hoy,
al igual como lo fueron nuestros padres.» Así se podrán
quedar ustedes en esta tierra de Gosén, pues los egipcios
aborrecen a pastores de ovejas.»
47,1 Llegó, pues, José donde estaba Faraón,
con la noticia de que su padre y sus hermanos habían llegado
desde Canaán con sus ovejas, vacas y demás pertenencias
y que se encontraban en la tierra de Gosén.
47,2 Después escogió de entre sus hermanos a cinco
de ellos y los presentó a Faraón.
47,3 Este dijo a sus hermanos: «¿Cuál es su
oficio?» Ellos contestaron: «Nosotros, tus servidores,
somos pastores de ovejas, igual que nuestros padres.
47,4 Nos hemos venido a vivir en este país porque ya no hay
pastos para los rebaños de tus servidores, debido a la gran
sequía que se da en la tierra de Canaán. Por eso te
rogamos que nos permitas vivir en la tierra de Gosén.»
47,5 Entonces Faraón dijo a José: «Tu padre
y tus hermanos han venido a ti, todo el país de Egipto está
a tu disposición; establece, pues, a tu padre y a tus hermanos
en la mejor parte del país.
47,6 Que vivan en la tierra de Gosén, y si sabes que entre
ellos hay hombres capaces, colócalos como pastores principales
de mis ganados.» Los hijos de Jacob en Egipto
47,7 Luego José hizo venir a su padre Jacob y se lo presentó
a Faraón. Después que Jacob lo saludó,
47,8 Faraón le preguntó: «¿Cuántos
años tienes?»
47,9 A lo que Jacob respondió: «Los años de
mi peregrinación son ciento treinta. Pocos y malos han sido
los días de mi vida, y no alcanzan los años de vida
de mis padres, los años de su peregrinación.»
47,10 Después de haber bendecido Jacob a Faraón se
retiró de su presencia.
47,11 José estableció a su padre y a sus hermanos.
Les dio una propiedad en la tierra de Egipto, en el mejor lugar
de la comarca de Ramsés, tal como lo había ordenado
Faraón.
47,12 José abasteció de pan a su padre, a sus hermanos
y a toda la familia de su padre, teniendo en cuenta el número
de sus hijos.
47,13 Ya no había pan en toda la tierra por la gran escasez
de alimentos. Egipto y Canaán estaban agotados por esta escasez.
47,14 Entonces José llevó toda esa plata que había
en la tierra de Egipto y de Canaán por el trigo que compraban.
José llevó toda su plata al palacio de Faraón.
47,15 Cuando se acabó la plata de Egipto y Canaán,
todos los egipcios comenzaron a llegar donde José para decirle:
«Danos pan, ¿acaso nos vas a dejar morir porque se
nos terminó el dinero?»
47,16 Pero José les respondía: «Si no tienen
dinero, denme sus ganados y yo en cambio les daré pan.»
47,17 Trajeron su ganado a José, el cual les dio pan por
sus caballos, ovejas, vacas y burros. Los abasteció de pan
durante ese año a cambió de todos sus ganados.
47,18 Pero al año siguiente volvieron donde él diciendo:
«No podemos ocultar a nuestro señor que se nos ha terminado
el dinero, y los ganados ya son todos suyos. Nos quedan solamente
nuestros cuerpos y nuestras tierras.
47,19 Tú no puedes vernos morir a nosotros y nuestras tierras;
cómpranos, pues, a nosotros y a nuestras tierras a cambio
de pan y seremos nosotros y nuestras tierras esclavos de Faraón.
Danos trigo para que no muramos; así viviremos y nuestra
tierra no se despoblará.»
47,20 Y de esta manera José obtuvo para Faraón toda
la tierra de Egipto, pues los egipcios tuvieron que vender sus campos
ya que la escasez de alimentos era muy grande y la tierra pasó
a ser toda de Faraón.
47,21 Y a la gente la hizo vivir en las ciudades de un extremo al
otro de todo el territorio egipcio.
47,22 La única tierra que no compró fue la de los
sacerdotes, porque hay un decreto de Faraón en favor de ellos.
Viven de lo que Faraón les dio por decreto. Por eso, no vendieron
sus tierras.
47,23 Entonces José dijo al pueblo: «Ya ven que les
compré a ustedes y sus tierras para Faraón; aquí
tienen semillas, siembren en la tierra.
47,24 Cuando llegue el tiempo de la cosecha, darán una quinta
parte a Faraón y las otras cuatro restantes serán
para ustedes, para sus siembras, para que coman ustedes y su familia
y los que estén en su casa.»
47,25 Ellos respondieron: «Puesto que nos has salvado la vida,
sírvete aceptarnos como esclavos de Faraón.»
47,26 Así, José hizo ley aquello de que la quinta
parte de los productos de la tierra de Egipto pertenece a Faraón,
lo que dura hasta el día de hoy. Sólo las tierras
de los sacerdotes no pasaron a poder de Faraón.
47,27 Los israelitas vivieron en el país de Egipto, en la
tierra de Gosén. Tomaron posesión de ella, fructificaron
y se multiplicaron mucho.
47,28 Jacob vivió en Egipto diecisiete de los ciento cuarenta
y siete años de su vida.
47,29 Y cuando sus días se acercaron a su fin llamó
a su hijo José al que dijo: «Si es que me aprecias
de veras, te ruego que coloques tu mano bajo mi muslo para que prometas
esta prueba de tu amor y fidelidad: no me sepultes en Egipto.
47,30 Cuando haya ido a descansar con mis padres, sácame
de Egipto y entiérrame en la tumba de ellos.» José
respondió: «Lo haré tal como lo pides.»
«Júramelo», le dijo; y José se lo juró.
47,31 Entonces Israel se inclinó hacia la cabecera de su
cama.
Jacob adopta a los hijos de José
48,1 Después de esto, le avisaron a José. que su
padre estaba enfermo. Tomó entonces con él a sus dos
hijos Manasés y Efraím.
48,2 Le anunciaron a su padre: «Mira, tu hijo José
viene a verte.» Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó
en la cama.
48,3 Y dijo a José: «El Dios de las Alturas se me apareció
en Luz, ciudad en país cananeo, y me bendijo diciéndome:
48,4 Yo te aumentaré y multiplicaré; tú serás
padre de varios pueblos y daré este, país para siempre
a tu descendencia después de ti.
48,5 Desde ahora, pues, tus dos hijos nacidos en Egipto serán
también míos. Efraím y Manasés serán
hijos míos como Rubén o Simeón,
48,6 pero los hijos que has engendrado después de ellos serán
tuyos y con el nombre de sus hermanos serán llamados a recibir
su herencia.
48,7 Por lo que a mí toca, tu madre Raquel murió en
mis brazos, cuando volvía de Padán, en la tierra de
Canaán, pero antes de llegar a Efratá. Por eso la
enterré en el camino de Efratá que es Belén.»
48,8 Al ver Israel a los dos hijos de José, le preguntó:
«¿Quiénes son éstos?»
48,9 José le respondió: «Estos son los hijos
que Dios me ha dado aquí.» «Acércalos,
por favor, y los bendeciré.»
48,10 Israel tenía sus ojos debilitados por la vejez y no
podía ver. José se los acercó, entonces él
los abrazó y los beso.
48,11 Israel dijo a José: «Nunca pensé que volvería
a verte, y ahora Dios me concede la gracia de ver aún a tus
descendientes.»
48,12 José retiró los hijos de entre las rodillas
de su padre y se hincó delante de su padre hasta tocar el
suelo con la cara.
48,13 Colocó José a Efraím a su derecha, quedando
a la izquierda de Israel; a Manasés a su izquierda, quedando
a la derecha de su padre, y los acercó.
48,14 Israel alargó su mano derecha y la puso sobre la.cabeza
de Efraím, que era el menor, y su izquierda sobre la cabeza
de Manasés, quedando así con las manos cruzadas, ya
que Manasés era el mayor.
48,15 Luego bendijo a José. con estas palabras: «Que
el Dios ante el cual caminaron mis padres Abraham e Isaac, el Dios
que ha sido mi pastor desde que existo hasta hoy,
48,16 el Angel que me liberó de todo mal, bendiga a estos
muchachos y que en ellos se perpetúe mi nombre y el nombre
de mis padres Abraham e Isaac; que lleguen a ser muy numerosos en
el país.»
48,17 José vio que su padre ponía su mano derecha
sobre la cabeza de Efraím, lo que le disgustó: Tomó,
pues, la mano de su padre para cambiarla a la cabeza de Manasés
48,18 diciendo: «Así no, padre mío, que es éste
mi hijo mayor. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza.»
48,19 Israel se negó y le dijo: «Lo sé, hijo
mío, lo sé; también él se hará
pueblo, también él llegará a ser grande, pero
su hermano menor será más grande que él y su
descendencia formará una gran cantidad de pueblos.»
48,20 Y los bendijo aquel día con estas palabras: «A
ustedes los tomarán como ejemplo cuando quieran bendecir
a alguno en Israel; dirán: "Que Dios te haga semejante
a Efraím y Manases".»
48,21 Así puso a Efraím antes que a Manasés.
Después dijo Israel a José: «Yo voy a morir,
pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la
tierra de sus padres.
48,22 A ti te doy más que a tus hermanos, una porción
de tierra, a saber, Siquem, que conquisté de mano del amorreo
con mi espada y mi arco.»
Las bendiciones de Jacob
49,1 Jacob llamódespués a sus hijos para decirles:«Júntense
que les voy a anunciar lo que sucederá en el futuro.
49,2 Reúnanse para escuchar, hijos de Jacob, y oigan a Israel,
su padre.
49,3 Rubén, tú eres mi primogénito, mi vigor
y el primer fruto de mi virilidad, demasiado orgulloso e impulsivo.
49,4 Aunque eches espuma como las aguas, no tendrás más
que un poder relativo. Subiste al lecho de tu padre y lo deshonraste.
49,5 Simeón y Leví son hermanos y sus cuchillos fueron
instrumentos de violencia.
49,6 No concuerdo con sus planes, ni tomaré parte en su asamblea,
porque en su furor mataron hombres, en su arrebato desjarretaron
toros.
49,7 Sea maldita su cólera porque es violenta, y su furor
porque fue cruel. Los dividiré en Jacob, los esparciré
en Israel.
49,8 Judá, a ti te alabarán tus hermanos, tu mano
agarrará del cuello a tus enemigos, y tus hermanos se inclinarán
ante ti.
49,9 Eres cachorro de león, Judá. Al volver de caza,
hijo mío, te agazapas o te echas cual león o cual
leona, ¿quién se atreverá a levantarlo?
49,10 No le será arrebatada la corona ni el bastón
de mando de entre sus piernas, hasta que venga aquel a quien pertenece
y a quien los pueblos obedecerán.
49,11 Amarras en la vid a tu burrito; lavas tus vestidos en el vino
y tu mano en la sangre de los racimos.
49,12 Tus ojos están nublados por el vino y tus dientes están
blancos por la leche.
49,13 Zabulán vivirá a orillas del mar; será
tripulante de barcos y se extenderá hasta Sidón.
49,14 Isacar es un burro huesudo que vive echado entre dos establos;
49,15 como vio que el descansa era bueno y la tierra agradable,
inclinó su espalda a la carga y se resignó al yugo
de la esclavitud.
49,16 Dan juzgará a su pueblo como a las demás tribus
de Israel.
49,17 Que sea como serpiente en el camino, como víbora en
el sendero, que muerde los talones del caballo, para que caiga de
espaldas el jinete.
49,18 ¡Oh Yavé, esperó en tú salvación!
49,19 A Gad le asaltan salteadores, pero él les asalta la
retaguardia
49,20 Aser tiene pan rico, él prepara comidas de rey.
49,21 Neftalí es una cierva suelta que tiene hermosos cervatillos.
49,22 José es una patilla de buena cepa, es una parra nueva
junto a la fuente, cuyos sarmientos suben por la muralla.
49,23 Los arqueros te han molestado, te han lanzado flechas y perseguido,
49,24 mas tu arco no se rompió ni se cansaron tus brazos.
Contigo está el Fuerte de Jacob, la Roca de Israel y su Pastor.
49,25 El Dios de tu padre, el que te ayuda, que el Altísimo
te bendiga: ¡bendiciones de los altos cielos! ¡bendiciones
del profundo abismo! ¡bendición dé tu campo
y de tu establo!
49,26 Las bendiciones de tu padre han sobrepasado a las bendiciones
de los montes antiguos
y las riquezas de las lomas eternas, que todas ellas descansen sobre
la cabeza de José
pues tú eres el elegido entre tus hermanos.
49,27 Benjamín es un lobo sanguinario que en la mañana
devora su presa y en la tarde reparte los despojos.
49,28 Estas son las tribus de Israel: doce en total. Esto fue lo
que les habló su padre cuando los bendijo: a cada uno lo
bendijo según lo que le correspondía.
Muerte y funerales de Jacob
49,29 Después dio la siguiente orden: «Yo voy a reunirme
con mi pueblo. Entiérrenme junto a mis padres en la caverna
que existe en el campo de Efrón, el heteo,
49,30 o sea en la caverna que hay en el campo de Macpelá;
frente a Mambré, en la tierra de Canaán. Ese es el
campo que Abraham compró a Efrón, el heteo, para tener
en él su sepultura.
49,31 Allí mismo enterraron a Abraham junto a Sara, su esposa,
allí también enterraron a Isaac junto a Rebeca, su
esposa; allí además también yo sepulté
a Lía.
49,32 La compra del campo y de la caverna que hay en él se
hizo a los hijos de Het»
49,33 Cuando Jacob hubo terminado de dar estas instrucciones a sus
hijos, recogio sus pies en la cama y expiró, y se reunió
con sus antepasados.
50,1 Al ver esto, José se acercó a la cama de su
padre, lo abrazó llorando y lo besó.
50,2 Mandó después a los médicos que estaban
a su servicio que embalsamaran a su padre y ellos lo embalsamaron.
50,3 Emplearon en ello cuarenta días, ya que éste
es el tiempo necesario para el embalsamiento. Luego los egipcios
lo lloraron durante setenta días.
50,4 Cuando pasó el tiempo de duelo, José habló
a los principales de la gente de Faraón de esta manera: «Si
mi persona les es grata, les ruego hagan llegar a oídos de
Faraón lo siguiente:
50,5 Antes de morir, mi padre me hizo prometerle bajo juramento
que yo lo sepultaría en el sepulcro que él se había
cavado en el país de Canaán. Pues bien, permítanme
ahora subir a enterrar a mi padre.»
50,6 Faraón le mandó a decir: «Sube y entierra
a tu padre, tal como te hizo jurar.»
50,7 Subió José a sepultar a su padre y subieron también
con él todos los servidores de Faraón, los principales
de su familia y todos los jefes de Egipto,
50,8 toda la gente de la familia de José, sus hermanos y
la gente de su padre. Sólo dejaron en la tierra de Gosén
a sus niños junto con sus ovejas y demás animales.
50,9 Lo acompañaban carros y soldados a caballo; se veía,
pues, que era una caravana muy grande.
50,10 Cuándo llegaron a GosénAtad, que está
al otro lado del Jordán, celebraron unos funerales grandes
y solemnes. Estos funerales que José celebró por su
padre duraron siete días.
50,11 Los cananeos que vivían ahí, al ver los funerales
que se hacían en GorénAtad, se dijeron: «Estos
son unos funerales muy solemnes para los egipcios.» Por eso
aquel lugar se llamó AbelMisraim (o sea, duelo de los egipcios)
y está al otro lado del Jordán.
50,12 Los hijos de Jacob cumplieron todo lo que les mandó.
50,13 Ellos lo trasladaron a la tierra de Canaán, y lo sepultaron
en la caverna del campo de Macpelá, en el campo que Abraham
había comprado a Efrón, el heteo, frente a Mambré,
como propiedad para sepultura.
50,14 José, después de sepultar a su padre, volvió
a Egipto con sus hermanos y con todos los que lo habían ído
a acompañar en el funeral de su padre.
Ultimos años de José
50,15 Después de que murió su padre, los hermanos
de José se dijeron: «A lo mejor José nos guarda
rencor y ahora nos devuelve todo el mal que le hicimos»,
50,16 entonces le mandaron a decir: «Tu padre antes de morir
nos mandó que te habláramos así:
50,17 "Perdona el mal de tus hermanos y el pecado que cometieron
cuando te hicieron el mal. Por eso perdona la falta de los servidores
del Dios de tu padre."» José, al oír estas
palabras se puso a llorar.
50,18 Sus hermanos vinieron a echarse a sus pies, diciéndole:
«Aquí nos tienes, somos tus esclavos.»
50,19 José respondió: «No teman; ¿acaso
podría yo ponerme en lugar de Dios?,
50,20 ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios quiso convertirlo
en bien para que se realizara lo que hoy ven: conservar la vida
de un pueblo numeroso.
50,21 Nada teman, entonces; yo los mantendré a ustedes y
a sus hijos.» Luego los consoló, hablándoles
palabras cariñosas.
50,22 José permaneció en Egipto junto con toda la
familia y gente de su padre. Murió a la edad de ciento diez
años.
50,23 Alcanzó a ver a los hijos de Efraím hasta la
tercera generación. También los hijos de Maquir, hijo
de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.
50,24 José dijo a sus hermanos: «Voy a morir, pero
estén seguros que Dios los visitará y los hará
subir de este país a la tierra que juró dar a Abraham,
Isaac y Jacob.»
50,25 Y José los hizo jurar, pidiéndoles este favor:
«Cuándo Dios los visite, lleven mis huesos de aquí
junto con ustedes.»
50,26 Cuando murió José en Egipto, a la edad de ciento
diez años lo embalsamaron y lo colocaron en un ataúd
en Egipto.
|