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1,1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra
1,2 La tierra estaba desierta y sin nada, y las tinieblas cubrían
los abismos mientras el espíritu de Dios aleteaba sobre la
superficie de las aguas.
1,3 Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.
1,4 Dios vio que la luz era buena y la separó de las tinieblas.
1,5 Dios llamó a la luz "Día" y a las tinieblas
"Noche". Y atardeció y amaneció el día
Primero.
1,6 Dijo Dios: «Haya un firmamento en medio de las aguas y
que separe a unas aguas de otras.»
1,7 Hizo Dios entonces el firmamento separando a unas aguas de
otras, las que estaban encima del firmamento, de las que estaban
debajo de él.
1,8 Y llamó Dios al firmamento Cielo. Y así sucedió.
Y atardeció y amaneció el día Segundo.
1,9 Dijo Dios: «Júntense las aguas de debajo de los
cielos en un solo lugar y aparezca el suelo seco. » Y así
fue.
1,10 Dios llamó al suelo seco "Tierra" y a la masa
de agua "Mares". Y vio Dios que todo era bueno.
1,11 Dijo Dios: «Produzca la tierra pasto y hierbas que den
semilla y árboles frutales que den sobre la tierra fruto
con su semilla adentro.» Y así fue.
1,12 La tierra produjo pasto y hierbas que dan semillas y árboles
frutales que den fruto con su semilla adentro según la especie
de cada uno. Y vio Dios que esto era bueno.
1,13 Y atardeció y amaneció del día Tercero.
1,14 Dijo Dios: «Haya lámparas en el cielo que separen
el día de la noche. Sirvan de signos para distinguir tanto
las estaciones como los días y los años.
1,15 Y que brillen en el firmamento para iluminar la tierra.»
Y así fue.
1,16 Hizo pues, Dios dos grandes lámparas: una grande para
presidir el día y otra más chica para presidir la
noche; también hizo las estrellas.
1,17 Yavé las colocó en lo alto de los cielos para
alumbrar la tierra,
1,18 para mandar al día y a la noche y separar la luz de
las tinieblas. Y vio Dios que esto era bueno.
1,19 Y atardeció y amaneció el día Cuarto.
1,20 Dijo Dios: «Llénense las aguas de seres vivientes
y revoloteen aves sobre la tierra y bajo el firmamento.»
1,21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todos los
seres que viven en el agua y todas las aves. Y vio Dios que estaba
bien.
1,22 Los bendijo Dios, diciendo: «Crezcan, multiplíquense
y llenen las aguas del mar, y multiplíquense asimismo las
aves en la tierra.».
1,23 Y atardeció y amaneció el día Quinto.
1,24 Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes, de
diferentes especies, bestias, reptiles y animales salvajes. »
Y así fue.
1,25 E hizo Dios las distintas clases de animales salvajes, de bestias
y de reptiles. Y vio Dios que esto era bueno.
1,26 Dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.
Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias,
a las fieras salvajes y a los reptíles que se arrastran
por el suelo.»
1,27 Y creó Dios al hombre a su imagen.
A imagen de Dios lo creó.
Macho y hembra los creó.
1,28 Dios los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos
y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden
a los peces del mar, a las aves del cielo y a cuanto animal viva
en la tierra.»
1,29 Díjo Dios: «Yo les entrego, para que ustedes se
alimenten, toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles
frutales.
1,30 A los animales salvajes, a las aves de los cielos y a cuanto
ser viviente se mueve en la tierra, les doy para que coman pasto
verde
1,31 Y así fue. Vio Dios que todo cuanto había hecho
era muy bueno. Y atardeció y amaneció el día
Sexto.
2,1 Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que
hay en ellos.
2,2 Dios terminó su trabajo el Séptimo día
y descansó en este día de todo lo que había
hecho.
2,3 Bendijo Dios este Séptimo día y lo hizo santo
porque ese día él descansó de todo su trabajo
de creación.
2,4 Este es el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.
Segundo relato de la Creación
El día en que Yavé Dios hizo la tierra y los cielos,
2,5 no había sobre la tierra arbusto ni ninguna planta silvestre
había brotado, pues Yavé Dios no había hecho
llover todavía sobre ella, ni había hombre que cultivara
el suelo.
2,6 Sin embargo, brotó desde la tierra un manantial y regó
toda su superficie.
2,7 Entonces, Yavé formó al hombre con polvo de la
tierra, y sopló en sus narices aliento de vida, y existió
el hombre con aliento y vida.
2,8 Luego, Yavé plantó un jardín en un lugar
del Oriente llamado Edén, allí colocó al hombre
que había formado.
2,9 Yavé hizo brotar del suelo toda clase de árboles
agradables a la vista y buenos para comer. Y puso en medio el árbol
de la Vida y el árbol de la Ciencia del bien y del mal.
2,10 Del Edén salía un río que lo regaba y
se dividía en cuatro brazos.
2,11 El primero se llamaba Pisón, y es el que rodea la tierra
de Evila,
2,12 donde hay oro fino, piedras preciosas y aromas.
2,13 El segundo río se llamaba Guijón, y es el que
rodea la tierra de Cus.
2,14 El tercer río se llama Tigris, y es el que corre al
oriente de Asiría. Y el cuarto río es el Eufrates.
2,15 Yavé tomó, pues, al hombre y lo puso en el jardín
del Edén para que lo cultivara y lo cuidara.
2,16 Y Dios le dio esta orden al hombre: «Puedes comer de
cualquier árbol que haya en el jardín,
2,17 menos del árbol de la Ciencia del bien y del mal; porque
el día que comas de él, morirás sin remedio.»
2,18 Después dijo Yavé: «No es bueno que el
hombre esté solo. Haré, pues, un ser semejante a
él para que lo ayude.»
2,19 Yavé entonces formó de la tierra todos los animales
del campo y todas las aves del cielo, y los llevó ante el
hombre para que les pusiera nombre. Y cada ser viviente había
de llamarse como el hombre lo había llamado.
2,20 El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del
cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró en ellos
un ser semejante a él para que lo ayudara.
2,21 Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño
al hombre y éste se durmio. Y le saco una de sus costillas,
tapando el hueco con carne.
2,22 De la costilla que Yavé había sacado al hombre,
formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces
el hombre exclamó:
2,23 Esta sí que es hueso de mis huesos, y carne de mi carne.
Esta será llamada varona
porque del varón ha sido tomada.
2,24 Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer,
y son los dos una sola carne.
2,25 Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, pero no por eso se
avergonzaban.
La tentación y el pecado
3,1 La serpiente era la más astuta de todos los animales
del campo que Yavé había hecho, y dijo a la mujer:
«¿Es cierto que Dios les ha dicho: No coman de ninguno
de los árboles del jardín?»
3,2 La mujer respondió: «Podemos comer de los frutos
de los árboles del jardín,
3,3 menos del fruto del árbol que está en medio del
jardín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni
lo toquen siquiera, porque si lo hacen morirán.»
3,4 La serpiente replicó: « De ninguna manera morirán.
3,5 Es que Dios sabe muy bien que el día en que coman de
él, se les abrirán a ustedes los ojos y serán
como dioses y conocerán el bien y el mal.»
3,6 La mujer vio que el árbol era apetitoso, que atraía
la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría.
Tomó de su fruto y comió y se lo pasó en seguida
a su marido, que andaba con ella, quien también lo comió.
3,7 Entonces se les abrieron los ojos y se dieron cuenta de que
estaban desnudos, y se hicieron unos taparrabos cosiendo unas hojas
de higuera.
3,8 Oyeron después los pasos de Yavé que se paseaba
por el jardín, a la hora de la brisa de la tarde. El hombre
y su mujer se escondieron, para que Dios no los viera, entre los
árboles del jardín.
3,9 Yavé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde
estás?»
3,10 Este contestó: «Oí tu voz en el jardín
y tuve miedo, porque estoy desnudo, por eso me escondí.»
Yavé replicó:
3,11 «¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo?
¿Has comido acaso del árbol que te prohibí»
3,12 El hombre respondió: «La mujer que me diste por
compañera me dio del árbol y comí. »
3,13 Yavé dijo a la mujer: «¿Qué es lo
que has hecho?», y la mujer respondió: «La serpiente
me ha engañado y comí.»
La sentencia de Dios
3,14 Entonces Yavé Dios dijo a la serpiente: «Por
haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias y entre
todos los animales del campo. Andarás arrastrándote,
y comerás tierra todos los días de tu vida.
3,15 Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu
descendencia y la suya, ésta te pisará la cabeza mientras
tú te abalanzarás sobre su talón.»
3,16 A la mujer le dijo:
«Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con
dolor darás a luz a tus hijos necesitarás de tu marido,
y él te dominará.»
3,17 Al hombre le dijo: «Por haber escuchado la voz de tu
mujer y comido del árbol del que Yo te había prohibido
comer: Maldita sea la tierra por tu culpa. Con fatiga sacarás
de ella tu alimento por todos los días de tu vida.
3,18 Espinas y cardos te dará, y comerás la hierba
del campo.
3,19 Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que
vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste sacado. Porque eres polvo
y al polvo volverás. »
3,20 El hombre llamó a su mujer «Eva» por ser
la madre de todo viviente.
3,21 Yavé Dios hizo para el hombre y la mujer túnicas
de piel y los vistió.
3,22 Después dijo: «Miren que el hombre ha venido a
ser como unci de nosotros, pues se hizo juez de lo que es bueno
y malo. No vaya ahora a alargar su mano y tome también del
Arbol de la Vida. Pues al comer de este árbol vivirá
para siempre.»
3,23 Por ello lo echó del jardín del Edén,
para que trabajara la tierra de donde había sido formado.
3,24 Y habiendo expulsado al hombre, puso querubines, al oriente
del jardín del Edén, y un remolino que disparaba
rayos, para guardar el camino del Arbol de la Vida.
Cain y Abel
4,1 El hombre se unió a «Eva», su mujer, la
cual quedó embarazada y dio a luz a Caín, pues decía:
«Gracias a Yavé he podido tener un hijo.»
4,2 Después dio a luz al hermano de Caín, Abel. Abel
fue pastor de ovejas y Caín labrador.
4,3 Pasado algún tiempo, Caín presentó a Yavé
una ofrenda de los frutos de la tierra.
4,4 También Abel le hizo una ofrenda, sacrificando los primeros
nacidos de sus rebaños y quemando su grasa.
4,5 A Yavé le agradó Abel y su ofrenda, mientras que
le desagradó Caín y la suya. Caín entonces
se enojó mucho Y su rostro se descompuso.
4,6 Yavé le dijo: «¿Por qué te enojas
y vas con la cabeza agachada? Si tú obras bien, tendrás
la cabeza levantada.
4,7 En cambio, si haces mal, el pecado está agazapado a las
puertas de tu casa. El te acecha como fiera que te persigue, pero
tú debes dominarlo.»
4,8 Caín dijo después a su hermano: «Vamos
al campo.» Y cuando estuvieron en el campo, Caín se
lanzó contra Abel y lo mató.
4,9 Yavé dijo a Caín: «¿Dónde
está tu hermano Abel?» Y él respondió:
« No lo sé; ¿soy acaso el guardián de
mi hermano?»
4,10 Entonces Yavé le dijo: «¿Qué has
hecho? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra grita hasta
mí.
4,11 Por lo tanto, maldito serás, y vivirás lejos
de este suelo fértil que se ha abierto para recibir la sangre
de tu hermano, que tu mano derramó.
4,12 Cuando cultives la tierra, no te dará frutos. Andarás
errante y vagabundo sobre la tierra. »
4,13 Caín dijo a Yavé: «Mi culpa es demasiado
grande para soportarla.
4,14 Ya que tú me arrojas de esta tierra tendré que
ocultarme de tu presencia y andar errante y fugitivo, vagando
sobre la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará.»
4,15 Yavé le dijo: «No será así. Si alguien
te mata, yo te vengaré siete veces.» Y Yavé
puso una señal a Caín para que no lo matara el que
lo encontrara.
4,16 Caín salió de la presencia de Yavé y habitó
en el país de Nod, al oriente del Edén. Los hijos
de Caín. Set
4,17 Y Caín tuvo relaciones con su mujer, la cuál
dio a luz un hijo que llamó Henoc. Construyó una ciudad
y la llamó Henoc, del nombre de su hijo.
4,18 Con el tiempo a Henoc le nació un hijo, que llamó
lrad. Irad fue padre de Mavael, Mavael padre de Matusael y éste
de Lamec.
4,19 Lamec tuvo dos mujeres. Ada y Sella. Ada dio a luz a Jabel.
4,20 Este fue el padre de los que habitan en cabañas y cuidan
rebaños.
4,21 Tuvo un hermano llamado Jubal; éste fue el padre de
los que tocan la cítara y la flauta.
4,22 Sella, por su parte, dio a luz a TubalCaín; ése
es el que forja toda clase de herramientas de cobre y de hierro.
La hermana de TubalCaín se llamaba Nohema.
4,23 Dijo, pues, Lamec a sus mujeres Ada y Sella: «Escúchenme
ustedes, mujeres de Lamec, pongan atención a mis palabras:
yo he muerto a un hombre por la herida que me hizo y a un muchacho
por un moretón que recibí.
4,24 Si Caín ha de ser vengado siete veces, Lamec ha de serio
setenta y siete veces.»
4,25 Adán tuvo todavía relaciones con su mujer, la
cual dio a luz un hijo a quien llamó Set pues decía:
«Dios me ha concedido otro retoño en lugar de Abel,
muerto por Caín.»
4,26 A Set también le nació un hijo, al que le puso
el nombre de Enós; él fue el primero que invocó
a Yavé por su nombre.
Descendencia de Adán
5,1 Esta es la descendencia de Adán. En el día en
que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo Creó.
5,2 Lo creó macho y hembra, los bendijo y les puso el nombre
de Adán, es decir, Hombre.
5,3 Tenía Adán ciento treinta años de edad
cuando tuvo un hijo a imagen y semejanza suya a quien llamó
Set.
5,4 Después que le nació Set, Adán vivió
ochocientos años y tuvo más hijos e hijas.
5,5 Con lo que toda la vida de Adán fue de novecientos treinta
años y murió.
5,6 Tenía Set ciento cinco años cuando fue padre de
Enós.
5,7 Set después que tuvo a Enós vivió ochocientos
siete años y tuvo más hijos a hijas.
5,8 O sea, que Set murió a la edad de novecientos doce años.
5,9 Tenía Enós noventa años cuando fue padre
de Cainán.
5,10 Después de que nació Cainán vivió
ochocientos años y tuvo más hijos a hijas.
5,11 Enós, pues, tenía novecientos cinco años
cuando murió.
5,12 Tenía Cainán setenta años cuando fue padre
de Malael y, después de que nació Malael,
5,13 vivió Cainán ochocientos cuarenta años
y tuvo más hijos e hijas.
5,14 Esto quiere decir que Cainán murió a los novecientos
diez años.
5,15 Tenía Malael setenta y cinco años cuando fue
padre de Jared y
5,16 despues de que nació Jared, vivió ochocientos
treinta años y tuvo más hijos e hijas.
5,17 Malael dejó de existir a los ochocientos noventa y
cinco años.
5,18 Tenía Jared ciento sesenta y dos años cuando
fue padre de Henoc
5,19 Y vivió Jared después del nacimiento de Henoc
ochocientos años y tuvo más hijos e hijas.
5,20 Jared expiró cuando cumplía novecientos sesenta
y dos años.
5,21 Tenía Henoc sesenta y cinco años cuando fue padre
de Matusalén.
5,22 Henoc anduvo con Dios y vivió después del nacimiento
de Matusalén trescientos años y tuvo más hijos
e hijas.
5,23 Con lo que toda la vida de Henoc fue de trescientos sesenta
y cinco años.
5,24 Henoc anduvo con Dios y desapareció porque Dios se
lo llevó.
5,25 Matusalén teníá ciento ochenta y dos
años cuando fue padre de Lamec.
5,26 Y después que nació Lamec, Matusalén vivió
setecientos ochenta y dos años y fue padre de más
hijos e hijas.
5,27 Cuando Matusalén murió tenía novecientos
sesenta y nueve años.
5,28 A la edad de ciento ochenta y dos años Lamec fue padre
de un hijo
5,29 y le puso por nombre Noé, pues pensó: «Este
nos servirá de consuelo en medio de nuestro trabajo y del
cansancio de nuestras manos, debido a la tierra que maldijo Yavé.»
5,30 Vivió Lamec, después de que le nació Noé,
quinientos noventa y cinco años, y fue padre de más
hijos e hijas. Y cuando cumplía setecientos setenta y siete
años, murió.
Hijos de Dios e hijas de los hombres
6,1 Cuando los hombres empezaron a multiplicarse sobre la tierra
y les nacieron hijas,
6,2 los hijos de Dios se dieron cuenta de que las hijas de los hombres
eran hermosas y tomaron por esposas de entre todas aquellas que
les gustaron.
6,3 Entonces dijo Yavé: «No permanecerá para
siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más
que carne; que sus días sean de ciento veinte años.»
6,4 En ese entonces había gigantes sobre la tierra, y también
los hubo después, cuando los hijos de Dios se unieron a las
hijas de los hombres y tuvieron hijos de ellas. Estos fueron los
héroes de la antigüedad, hombres famosos.
El diluvio
6,5 Yavé vio que la maldad del hombre en la tierra era
grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal.
6,6 Se arrepintió, pues, de haber creado al hombre y, muy
a su pesar, dijo:
6,7 «Exterminaré de la tierra a los hombres, que he
creado, desde el hombre hasta los animales, los reptiles y las
ayes del cielo; pues me pesa haberlos creado.»
6,8 Noé, sin embargo, se había ganado el cariño
de Yavé,
6,9 Esta es la historic de Noé. Noé fue, en su tiempo,
un hombre justo y que se portó bien en todo; Noé andaba
con Dios.
6,10 Los hijos de Noé fueron: Sem, Cam y Jafet.
6,11 La tierra se corrompió a la vista de Dios y se llenó
de violencia.
6,12 Viendo Dios que la tierra estaba corrompida, pues todos los
mortales se habían descarriado en la tíerra,
6,13 dijo Dios a Noé: «He decidido acabar con todos
los mortales, porque la tierra está llena de violencia por
culpa de ellos. Por eso los voy a hacer desaparecer de la tierra.
6,14 Haz pare ti un arca de madera de ciprés; en el arca
dispondrás celditas, y la calafatearás con brea por
dentro y por fuera.
6,15 Estas serán sus medidas: Longitud del arca, ciento cincuenta
metros; ancho, veinticinco metros; alto, quince metros.
6,16 Al arca le pondrás un techo y le dejarás medio
metro de entretecho, pondrás la puerta del area en un costado
y harás un primer piso, un segundo y un tercero.
6,17 por mi parte, voy a mendar el diluvio, o sea, las aguas sobre
la tierra, para acabar con todo ser que respira y vive bajo el cielo;
todo cuanto exista en la tierra morirá,
6,18 Pero contigo voy a firmar mi pacto: Entrarás en el arca
tú y tus hijos, tu esposa y las esposas de tus hijos contigo.
6,19 Meterás en el arca una pareja de todo ser viviente,
o sea de todos los animales, para que puedan sobrevivir contigo.
Tomarás macho y hembra.
6,20 De cada especie de pájaros, de animales, de ceda especie
de los que se arrastran por el suelo entrarán contigo dos
de ceda una para que puedan salvar su vida.
6,21 Tú mismo, además, procurate toda clase de alimentos
y guárdalos, pues te servirán de comida a ti y a
ellos.»
6,22 Hizo, pues, Noé lo que Yavé le había mandado.
7,1 Yavé dijo a Noé: «Entra en el Arca, tu
y tu familia, pues tú eres el único justo que he encontrado
en esta generación.
7,2 De todos los anima puros, tomarás siete parejas de cada
especie: cada macho con su hembra. De los animates impuros, tomarás
un macho con su hembra.
7,3 Del mismo modo, de las aves del cielo tomarás siete parejas:
macho y hembra. Esto será con el fin de conservar las especies
sobre la tierra.
7,4 Porque dentro de siete días haré llover sobre
la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré
a todos los seres que creé.»
7,5 Noé hizo todo lo que Yavé le había mandado.
7,6 Noé tenía seiscientos años cuando se produjo
el diluvio que inundó la tierra.
7,7 Noé, pues, junto con su esposa, sus hijos y las esposas
de sus hijos, entró en el Arca pare salvarse de las aguas
del diluvio.
7,8 Animales puros e impuros, aves del cielo y reptiles de la tierra,
entraron con Noé en el Arca.
7,9 Entraban de dos en dos, macho y hembra, como Dios lo había
ordenado.
7,10 Luego, a los siete días, cómenzaron a caer sobre
la tierra las aguas del diluvio.
7,11 A los seiscientos años de la vide de Noé, el
día diecisiete del segundo mes del año, brotaron todos
los manantiales del fondo del mar y las compuertas del cielo se
abrieron.
7,12 Estuvo lloviendo sobre la tierra por cuarenta días y
cuarenta noches.
7,13 Ese mismo día entró Noé en el arca con
sus hijos Cam, Sem y Jafet, su esposa y nueras.
7,14 Y también entraron con ellos cada una de las especies
de animales salvajes, de los otros animales, de los reptiles que
se arrastran en el suelo, y de las aves; toda clase de pájaros
y de insectos alados.
7,15 De todo ser que respira y vive entraron con Noé en
el arca en fila de a dos.
7,16 Y los que entraban eran un macho y una hembra de cada especie
que iban llegando según la orden de Dios.
7,17 Y Yavé cerró la puerta del Arca detrás
de Noé. El diluvio cayó por espacio de cuarenta días
sobre la tierra. Crecieron, pues, las aguas y elevaron el Arca muy
alto sobre la tierra.
7,18 Las aguas crecieron mucho sobre a tierra; mientras tanto el
arca flotaba sobre las aguas.
7,19 Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho, muchísimo,
sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos
que hay debajo del cielo.
7,20 Quince metros por encima subió el nivel de las aguas,
quedando cubiertos los montes.
7,21 Murió todo ser mortal que se mueve sobre la tierra;
aves, bestias, animales y todo lo que se mueve sobre la tierra.
Y toda la humanidad.
7,22 Todo ser vivo qua existia sobre la tierra murio.
7,23 Así, perecieron todos los vivientes que había
sobre la tierra, desde el hombre hasta los animales, los reptiles
y las aves del cielo. Todos fueron borrados de la superficie de
la tierra. Sólo sobrevivieron Noé y los que estaban
con él en el Arca
7,24 Las aguas inundaron la tierra por espacio de ciento cincuenta
días.
8,1 Y Dios se acordó de Noé y de todas las fieras
salvajes y de los otros animales que estaban con él en el
arca.
8,2 Los manantiales que brotaban desde el fondo del mar y las compuertas
del cielo, que estaban abiertas, se cerraron, y la lluvia cesó
de caer sobre la tierra.
8,3 Las aguas iban bajando en la superficie de la tierra: Comenzaron
a bajar al cabo de ciento cincuenta días.
8,4 El día diecisiete del séptimo mes, el Arca descansó
sobre los montes de Ararat.
8,5 Y las aguas siguieron bajando hasta el mes décimo, hasta
que el día primero de este mes aparecieron las cumbres de
los montes.
8,6 Después de cuarenta días, Noé abrió
la ventana que había hecho en el Arca
8,7 y soltó al cuervo, el cual revoloteaba sobre las aguas,
yendo y viniendo, hasta que se evaporaron las aguas de la tierra.
8,8 Después, Noé soltó a la paloma, para ver
si las aguas habían bajado en la superficie de la tierra.
8,9 La paloma, no encontrando dónde posarse, volvió
al Arca, pues todavía las aguas cubrían toda la superficie
de la tierra. Noé alargó la mano, tomó la paloma
y la hizo entrar en el Arca.
8,10 Esperó siete días más y de nuevo soltó
a la paloma fuera del Arca.
8,11 La paloma volvió al atardecer, trayendo en su pico una
rama verde de olivo. Así, Noé se dio cuenta que las
aguas habían bajado en la superficie de la tierra.
8,12 Aún esperó otros siete días más
y soltó a la paloma, que ya no volvió más al
Arca.
8,13 Noé retiró la cubierta del Arca, miró
y vio que la superficie del suelo estaba seca.
8,14 El día veintisiete del segundo mes del año seiscientos
uno de la vida de Noé quedó seca la tierra.
8,15 Entonces Dios habló de esta manera a Noé:
8,16 «Sal del arca, tú y tu esposa, tus hijos y tus
nueras.
8,17 Saca también contigo a todos los seres vivientes que
tienes dentro, de cualquier especie, ya sean aves, animales o reptiles
que se arrastran por el suelo; que pululen, llenen la tierra y se
multipliquen.»
8,18 Salió, pues, Noé y con él sus hijos su
esposa y sus nueras.
8,19 Todos los animales salvajes y domésticos, todas las
aves y todos los reptiles que se arrastraban sobre la tierra salieron
por familias del arca.
8,20 Noé construyó un altar a Yavé y, tomando
de todos los animales puros y de todas las aves puras; ofreció
sacrificios en el altar.
8,21 Al aspirar el agradable aroma, Yavé decidió:
«Nunca más maldeciré la tierra por culpa del
hombre, pues veo que desde su infancia está inclinado al
mal. Ni volveré más a castigar a todo ser viviente
como acabo de hacerlo.»
8,22 Mientras dure la tierra, habrá siembra y cosecha, pues
nunca cesarán ni el frío ni el calor, ni el verano
o el invierno ni los días o las noches.
El orden nuevo del mundo
9,1 Después bendijo Dios a Noé, y a sus hijos con
estas palabras: «Crezcan, multiplíquense y pueblen
la tierra
9,2 Que teman y tiemblen ante ustedes todos los animales de la tierra
y todas las aves del cielo. Pongo a su disposición cuanto
se mueve sobre la tierra y todos los peces del mar.
9,3 Y todo lo que tlene movimiento y vida les servirá de
alimento; todas estas cosas les servirán de alimento, así
como las legumbres y las hierbas.
9,4 Lo único que no deben comer es la carne con su alma,
es decir; con su sangre.
9,5 Pero también reclamaré la sangre de ustedes como
si fuera su alma. Pediré cuenta de ellas a cualquier animal
o a cualquier hombre; quienquiera que sea, deberá responder
de la sangre del hombre, hermano suyo.
9,6 Cualquiera que derrame sangre humana, su sangre será
derramada, porque Dios creó al hombre a imagen suya.
9,7 Ustedes, pues, crezcan y multiplíquense, dispérsense
sobre la tierra y domínenla.»
9,8 Dios dijo a Noé y a sus hijos:
9,9 «Ahora quiero comprometerme con ustedes, con sus descendientes
después de ustedes
9,10 y con todos los seres vivientes que estén con ustedes,
aves, animales domésticos, fieras salvajes, en una palabra,
con todas las bestias de la tierra que hen salido del arca.
9,11 El compromiso que contraigo con ustedes es que, en adelante,
ningún ser viviente morirá con agua de diluvio ni
habrá nunca más diluvio que destruya la tierra.»
9,12 Y Dios les dijo: «Esta es la señal de la alianza
que yo contraigo para siempre con ustedes y con todo animal viviente
que esta con ustedes para siempre en adelante:
9,13 Pongo mi arco en las nubes para que sea una señal de
mi alianza con toda la tierra.
9,14 Cuando yo cubra de nubes la tierra y aparezca el arco en las
nubes
9,15 yo me acordaré de mi alianza con ustedes y con toda
alma que vive en una carne, y no habrá más aguas diluviales
para acabar toda carne.
9,16 Pues el arco estará en las nubes; yo al verlo me acordaré
de la alianza perpetua entre Dios y todo ser animado que vive en
una carne.»
9,17 Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de
la alianza que yo he contraído con todo ser que pise la tierra.»
Los hijos de Noé
9,18 Los hijos de Noé que salieron del Arca eran: Sem,
Cam y Jafet; Cam es el padre de Canaán.
9,19 Estos tres son los hijos de Noé, y de éstos se
propagó todo el género humano sobre la tierra.
9,20 Noé, que era labrador, comenzó a trabajar la
tierra y plantó una viñá.
9,21 Habiendo tomado mucho vino, se embriagó y quedó
sin ropas dentro de su tienda de campaña.
9,22 Cam, padre de Cahaán, vio que su padre estaba desnudo
y fue a decírselo a sus dos hermanos que estaban fuera.
9,23 Sem y Jafet, en cambio, tomaron un manto, se lo echaron al
hombro y, caminando de espaldas, entraron a tapar a su padre. Como
habían entrado mirando para adelante, no vieron a su padre,
que estaba desnudo.
9,24 Cuando despertó Noé de su embriaguez supo lo
que había hecho con él su hijo menor, y dijo:
9,25 «Maldito sea Canaán. Que sea esclavo de los esclavos
de sus hermanos.
9,26 Bendito sea Yavé, Dios de Sem, y sea Canaán esclavo
suyo.
9,27 Que Dios agrande a Jafet y habite en las tiendas de Sem y sea
Canaán esclavo de ellos.»
9,28 Vivió Noé después del diluvio trescientos
cincuenta años.
9,29 Así todos los días que vivió fueron de
novecientos cincuenta años.
Mapa de los pueblos
10.1 Estos son los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, y éstos
son los hijos que les nacieron después del diluvio:
10.2 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal,
Mosoc y Tiras.
10.3 Hijos de Gomer. Ascenez, Rifat y Togorma.
10.4 Hijos de Javán: Elise, Tarsis, Quittim y Rodanim.
10.5 Estos se desparramaron y poblaron las islas de las naciones
y sus diversas regiones, cada cual según su propia lengua,
familia y nación.
10.6 Los hijos de Cam: Cus, Misraim, Fut y Canaán.
10.7 Hijos de Cus: Sabá, Hevila, Sabata, Regmá y Sabataca.
Hijos de Regmá: Sabá y Dadán.
10.8 Cus es el padre de Nemrod, quien fue el primero en ejercer
el poder sobre la tierra.
10.9 Fue un valiente cazador a los ojos de Yavé y por esto
suele decirse: «Bravo cazador delante de Yavé como
Nemrod.»
10.10 El principio de su reino fue Babilonia y Arac, Aced y Calane,
ciudades todas de Senaar.
10.11 De aquella tierra salió para Asur, donde edificó
Nínive, RejobotIr, Calaj
10.12 y Rese, entre Nínive y Calaj (aquélla es la
Gran ciudad).
10.13 Misraim fue padre de los luditas, anamitas, lehabitas y naftujitas;
10.14 también de los de Patros, de Kasluj y de Caftor, de
donde salieron los filisteos.
10.15 Canaán también tuvo hijos: Sidón su primogénito,
al heteo,
10.16 al jebuseo, al amorreo, al gergeseo,
10.17 el heveo, al araceo, al sineo,
10.18 al aradio, al samareo y al amateo. Luego se dispersaron las
familias de los cananeos,
10.19 cuyos límites iban desde Sidón, en dirección
de Guerar hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra,
Adman y Seboyim, hasta Lesa.
10.20 Estos son los hijos de Cam, según sus familias y lenguas,
por sus territorios y naciones respectivas.
10.21 También le nacieron hijos a Sem, padre de todos los
hijos de Eber, y hermano mayor de Jafet
10.22 Los hijos de Sem son: Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.
10.23 Hijos de Aram: Us, Jul, Guéter y Más.
10.24 Arfadax fue padre de Selaj y éste de Eber.
10.25 Eber fue padre de dos hijos: uno llamado Peleg, porque en
su tiempo fue dividida la tierra. El otro se llamó Jectán.
10.26 Jectán fue padre de Elmodad, Salef, Asarmot, Jaré,
10.27 Aduram, Uzal, Decla,
10.28 Ebal, Abimael, Saba,
10.29 Ofir, Hevila y Jobob.
10.30 Y los dominios de éste fueron desde Mesa caminando
hasta Sefar, monte que está al oriente.
10.31 Estos son los hijos de Sem, según sus familias, lenguas,
países y naciones propias.
10.32 Estas son las familias de Noé repartidas en sus pueblos
y naciones y, a partir de ellos, se dispersaron los pueblos por
la tierra después del diluvio.
La torre de Babel
11.1 Todo el mundo tenía un mismo idioma y usaba las mismas
expresiones.
11.2 Al extenderse la humanidad, desde Oriente, encontraron una
llanura en la región de Sinear, y allí se establecieron.
11.3 Entonces se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos
y cocerlos al fuego.» El ladrillo les servía de piedra
y el alquitrán de mezcla.
11.4 Después dijeron: «Construyamos una ciudad con
una torre que llegue hasta el cielo; así nos haremos famosos
y no andaremos desparramados por el mundo.»
11.5 Yavé bajó para ver la ciudad y la torre que los
hombres estaban levantando
11.6 y dijo: «Veo que todos forman un mismo pueblo y hablan
una misma lengua, siendo esto el principio de su obra. Ahora nada
les impedirá que consigan todo to que se propongan.
11.7 Pues bien, bajemos y una vez allí confundamos su lenguaje
de modo que no se entiendan los unos a los otros.»
11.8 Así Yavé los dispersó sobre la superficie
de la tierra y dejaron de construir la ciudad.
11.9 Por eso se llamó Babel, porque allí Yavé
confundió el lenguaje de todos los habitantes de la tierra.
11.10 Esta es la descendencia de Sem:
Cuando Sem cumplió cien años fue padre de Arfaxad,
dos años después del diluvio.
11.11 Después del nacimiento de éste vivió
cuatrocientos años y tuvo más hijos a hijas.
11.12 Cuando Arfaxad tenía treinta y cinco años fue
padre de Shela.
11.13 Después del nacimiento de éste, Arfaxad vivió
cuatrocientos tres años y tuvo más hijos a hijas.
11.14 Cuando Shela cumplió treinta años, fue padre
de Eber.
11.15 Después del nacimiento de éste, Shela vivió
cuatrocientos tres años y tuvo más hijos a hijas.
11.16 Cuando Eber tuvo treinta y cuatro años fue padre de
Peleg.
11.17 Después del nacimiento de Peleg, Eber vivió
cuatrocientos treinta años y tuvo más hijos a hijas.
11.18 Cuando Peleg cumplió treinta años fue padre
de Reu.
11.19 Después del nacimiento de éste, Peleg vivió
doscientos nueve años y tuvo más hijos a hijas.
11.20 Cuando Reu tenía treinta y dos años fue padre
de Serug.
11.21 Después del nacimiento de éste, Reu vivió
doscientos siete años y tuvo más hijos a hijas.
11.22 Cuando Serug cumplió treinta años fue padre
de Najor.
11.23 Después del nacimiento de éste, Serug vivió
doscientos años y tuvo más hijos a hijas.
11.24 Cuando Major cumplió veintinueve años fue padre
de Terá.
11.25 Después del nacimiento de éste, Najor vivió
ciento diecinueve años y tuvo más hijos e hijas.
11.26 Cuando Terá tenía setenta años fue padre
de Abram, de Najor y de Harán.
11.27 Esta es la descendencia de Terá: Terá fue padre
de Abram, de Najor y de Harán.
11.28 Harán fue padre de Lot Harán murió antes
que su padre, Terá, en su país natal, Ur de Caldea.
11.29 Abram y Najor se casaron: la esposa de Abram se llamaba Saray;
la de Najor se llamaba Milcá hija de Harán, que era
padre de Milcá y de Jisca.
11.30 Pero Saray era estéril y no tenía hijos.
11.31 Terá tomó consigo a su hijo Abram, a su nieto
Lot, hijo de Harán, y a su nuera Saray, esposa de Abram,
y los sacó de Ur de Caldea para llevarlos al país
de Canaán. Pero una vez llegados a Jarán se establecieron
ahí.
11.32 Terá vivió doscientos cinco años, y murió
en Jarán.
SEGUNDA PARTE DEL GENESIS.
LOS PRIMEROS PADRES DEL PUEBLO DE DIOS
Dios llama a Abraham
12,1 Yavé dijo a Abram: «Deja tu país, a los
de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo
te mostraré.
12,2 Haré de ti una nación grande y te bendeciré.
Engrandeceré tu nombre, y tú serás una bendición.
12,3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a
quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas
de la tierra.»
12,4 Partió, pues, Abram, como se lo había dicho Yavé,
y junto con él se fue también Lot
Abram tenía setenta y cinco años cuando salió
de Jarán.
12,5 Abram tomó a Saray, su esposa, y a Lot, hijo de su hermano,
con toda la fortuna que había reunido y el personal que
había adquirido en Jarán, y salieron para dirigirse
a Canaán.
12,6 Entraron en Canaán, y Abram atravesó el país
hasta el lugar sagrado de Siquem, el Arbol de Moré. Los cananeos
estaban entonces en el país.
12,7 Yavé se apareció a Abram y le dijo: «Esta
tierra se la daré a tu descendencia.» Entonces Abram
edifició un altar a Yavé, que se le había
aparecido.
12,8 Desde allí pasó a la montana, al oriente de Betel,
y desplegó su tienda de campaña entre Betel, al occidente,
y Hay, al oriente. Allí también edificó un
altar a Yavé e invocó su Nombre.
12,9 Luego, Abram avanzó por etapas hacia el país
de Negueb.
12,10 En el país hubo hambre, y Abram bajó a Egipto
a pasar allí un tiempo, pues el hambre abrumaba el país.
12,11 Estando ya próximos a entrar en Egipto, dijo a su esposa,
Saray: «Mira, yo sé que eres una mujer hermosa.
12,12 Los egipcios, en cuanto te vean, dirán: Es su mujer;
me matarán, y a ti te llevarán.
12,13 Di, pues, que eres mi hermana para que me traten bien en
consideración a ti, y yo viva gracias a ti.»
12,14 Efectivamente, cuando Abram entró en Egipto, los egipcios
vieron que la mujer era muy hermosa.
12,15 Después que la vieron los oficiales de Faraón,
le hablaron a éste muy bien de ella, por eso Saray fue conducida
al palacio de Faraón.
12,16 Faraón, debido a ella, trató bien a Abram,
quien recibió ovejas, vacas, burros, siervos y camellos.
12,17 Pero a causa de Saray, esposa de Abram, Yavé castigó
a Faraón y su gente con grandes plagas.
12,18 Entonces Faraón llamó a Abram y le dijo: «¿Qué
es lo que has hecho conmigo? ¿Por qué no me dijiste
que era tu esposa,
12,19 sino que, más bien, me la presentaste como tu hermana?
Por eso, yo la hice mi mujer. Ahora, pues, ahí tienes a tu
esposa, tómala y vete.»
12,20 Y Faraón ordenó a unos cuantos hombres que
lo despidieran a él, a su mujer y todo lo suyo.
13,1 Salío Abram de Egipto con su esposa y todo lo que tenía,
subiendo al Negueb.
13,2 Y con él también iba Lot. Abram tenía
entonces muchos animales, plata y oro.
13,3 Caminando de trecho en trecho se dirigió desde el Negueb
hasta Betel,
13,4 llegando al lugar donde primero había levantado su tienda,
entre Betel y Hay, en el sitio del altar que antes había
hecho y donde había invocado el Nombre de Yavé.
Separación de Abraham y Lot
13,5 Lot, que iba con Abram, también tenía ovejas,
vacas y tiendas.
13,6 La tierra ya no les permitía vivir juntos, porque sus
rebaños eran muy grandes.
13,7 Hubo una pelea entre los pastores del rebaño de Abram
y los de Lot
13,8 Así, pues, Abram le dijo a Lot: «Mira, es mejor
que no haya peleas entre nosotros, ni entre mis pastores y tus
pastores, puesto que somos hermanos.
13,9 ¿No tienes todo el país por delante? Pues bien,
apártate de mi lado. Si tu vas por la izquierda, yo me iré
por la derecha. Y si tú te vas por la derecha, yo tomaré
la izquierda.»
13,10 Lot miró y vio toda la llanura del Jordán que
era totalmente de regadío. Pues antes de que Yavé
destruyera Sodoma y Gomorra, era como un jardín de Yavé,
como Egipto hasta llegar a Soar.
13,11 Lot eligió pare sí toda esta parte y se trasladó
al oriente.
Así se separaron el uno del otro.
13,12 Abram se estableció en Canaán, y Lot en las
ciudades del valle, llevando sus tiendas desde allí hasta
Sodoma.
13,13 Los habitantes de Sodoma eran grandes pecadores ante Yavé.
13,14 Yavé dijo a Abram, después que Lot se separó
de él: «Levanta tus ojos y mira desde el lugar en
donde estás, hacia el norte, el sur, el oriente y el poniente.
13,15 Pues bien, toda la tierra que ves, te la voy a dar para siempre,
a ti y a toda tu descendencia.
13,16 Multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra,
de tal manera que si se pudiera contar el polvo de la tierra, también
se podría contar tu descendencia.
13,17 Levántate y recorre el país a lo largo y a lo
ancho, porque te lo voy a dar a ti.»
13,18 Y Abram vino a establecerse con sus tiendas de campaña
junto al Arbol de Mambré, cerca de Hebrón. Allí
edificó un altar a Yavé.
14,1 Y sucedió por aquel tiempo que Amrafel, rey de Senaar,
y Arioc, rey del Ponto, y Codorlamor, rey de los elamitas, y Tadal,
rey de Naciones,
14,2 declararon la guerra a Bara, rey de Sodoma; Bersa, rey de Gomorra;
Sineab, rey de Adama; Semeber, rey de Seboim, y el rey de Bala,
o sea Soar.
14,3 Estos se reunieron en el valle de Sidim, que es ahora el Mar
Salado.
14,4 Porque habiendo estado doce años sirviendo a Codorlamor,
el año decimotercero decidieron rebelarse.
14,5 Por eso el año decimocuarto vino éste junto con
los reyes que estaban de su parte.
Derrotaron a los rapaítas en Astarotcamaim, a los zuzitas
en Ham, a los emitas en Save Cariataim
14,6 y a los horeos en los cerros de Seir, haste los Campos de
Farán, que está cerca del desierto.
14,7 Y dando la vuelta llegaron hasta la fuente de Misfat, o sea
Cadés, y arrasaron todo el país de los amalecitas
y de los amorreos que vivían en Asasontamar.
14,8 Salieron entonces los reyes de Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim
y también el rey de Bala o Soar, y se dispusieron en orden
de batalla contra ellos en el valle de Sidim,
14,9 o sea contra Codorlamor, rey de los elamitas; Tadal, rey de
Naciones; Amrafel, rey de Senaar, y Arioc, rey del Ponto: cuatro
reyes contra cinco.
14,10 Como el valle de Sidim estaba lleno de pozos de asfalto, al
huir los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en los pozos y los que
escaparon huyeron pare el monte.
14,11 Los vencedores se adueñaron de las riquezas y las reserves
de alimentos de Sodoma y Gomorra y se marcharon.
14,12 Se llevaron también con ellos a Lot, hijo del hermano
de Abram, con todo lo que tenía, pues vivía en Sodoma.
14,13 Uno de los que escaparon vino a avisar a Abram el hebreo,
que vivía en el valle de Mambré el amorreo, hermano
de Escol y de Aner, aliados de Abram.
Abraham y Melquisedec
14,14 Cuando Abram tuvo noticia de que los cuatro jefes habían
Ilevado prisionero a su hermano Lot, escogió trescientos
dieciocho de sus hombres que se habían criado en su casa
y los persiguió hasta la ciudad de Dan.
14,15 Con sus hombres cayó de noche sobre ellos, los derrotó
y persiguió hasta Jobá, al norte de Damasco,
14,16 recuperó el botín y también a su hermano
Lot con sus pertenencias, a las mujeres y al resto de la gente.
14,17 Cuando Abram venía de vuelta, después dé
derrotar a Codorlamor y sus aliados, les salió al encuentro
el rey de Sodoma, en el valle de Save (que es ahora el valle del
Rey).
14,18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino, pues
era sacerdote del «Dios Altísimo».
14,19 Melquisedec bendijo a Abram, diciendo: «Abram, bendito
seas del Dios Altísimo, Creador del cielo y de la tierra.
14,20 Y bendito sea el Dios Altísimo, porque puso a tus
enemigos en tus manos.» Y Abram le dio la décima parte
de todo lo que llevaba.
14,21 Luego el rey de Sodoma dijo a Abram: «Devuélveme
las personas que has liberado y quédate con sus pertenencias.»
14,22 Abram le respondió: «Levanto mi mano hacia Yavé,
creador del cielo y de la tierra, el Dios Altísimo,
14,23 para jurar que no tomaré una hebra de hilo ni el cordón
de un zapato ni cosa alguna que te pertenezca. Así tú
no podrás andar después diciendo: Abram se hizo rico
a costa mía.
14,24 No quiero nada para mí, fuera de lo necesario para
la manutención de mis hombres. En cuanto a mis aliados Aner,
Escol y Mambré, que ellos mismos tomen su parte.
Alianza de Dios con Abraham
15,1 Después de estos hechos, Yavé dirigió
su palabra a Abram, en una visión: «No temas, yo soy
tu protector, tu recompensa será muy grande.»
15,2 Abram respondió: «Señor Yavé, ¿qué
me vas a dar? Yo voy a morir sin hijos, y mis pertenencias pasarán
a Eliezer de Damasco.
15,3 Ya que no me diste descendencia, tendré por heredero
a uno de mis sirvientes.»
15,4 Entonces Yavé volvió a hablarle a Abram, diciendo:
«Tu heredero no será Eliezer, sino un hijo tuyo nacido
de tu sangre.»
15,5 Yavé lo sacó fuera y le dijo: «Mira al
cielo y, si puedes, cuenta las estrellas; pues bien, así
serán tus descendientes.
15,6 Y creyó Abram a Yavé, el que lo tuvo en adelante
por un hombre justo.
15,7 Yavé le dijo: «Yo soy Yavé que te sacó
de Ur de los caldeos para entregarte esta tierra en propiedad:»
15,8 Abram le preguntó: «Señor, ¿en qué
conoceré yo que será mía?»
15,9 Le contestó: «Tráeme una ternera, una cabra
y un carnero, todos de tres años, una paloma y una tórtola.»
15,10 Y tomando él los animales, los partió por mitad
y puso una mitad frente a la otra. Las aves no las partió.
15,11 Las aves rapaces revoloteaban sobre los cadáveres,
pero Abram las ahuyentaba.
15,12 Cuando el sol estaba a punto de ponerse, Abram cayó
en un profundo sueño y se apoderó de él un
terror y una gran oscuridad.
15,13 Entonces Yavé le dijo: «Debes saber desde ahora
que tus descendientes serán forasteros en una tierra que
no es suya. Los esclavizarán y los explotarán durante
cuatrocientos años.
15,14 Pero yo vendré a juzgar a la nación que los
tenga sometidos y luego saldrán cargados de riquezas.
15,15 Entre, tanto, tú te reunirás en paz con tus
padres, terminando tus días en una vejez dichosa.
15,16 Tus descendientes de la cuarta generación volverán
a esta tierra que no te puedo entregar ahora, porque los amorreos
no han merecido todavía que yo se la quite.»
15,17 Cuando el sol ya se había puesto y estaba todo oscuro,
algo como un calentador humeante y una antorcha encendida pasaron
por medio de aquellos animales partidos.
15,18 Aquel día Yavé firmó una alianza con
Abram diciendo: «A tu descendencia daré esta tierra
desde el torrente de Egipto, al sur, hasta el gran río Eufrates,
al norte.
15,19 El país de los cineos, los ceniceos y los edumeos,
15,20 los heteos, los fereceos, y también los refaítas,
15,21 los amorreos y los cananeos, los jergeseos y los jebuseos.»
Nacimiento de Ismael
16,1 Saray, esposa de Abram, no le había dado hijos, pero
tenía una esclava egipcia, que se llamaba Agar.
16,2 Y dijo Saray a Abram: «Ya qué Yavé me ha
hecho estéril, toma a mi esclava por mujer a ver si por
medio de ella tendré algún hijo.» Abram hizo
caso de las palabras de su esposa.
16,3 Y cuando llevaban diez años viviendo en Canaán,
tomó Saray a su esclava Agar y se la dio por mujer a su
esposo,
16,4 el que la recibió como tal, quedando embarazada.
Al notarse Agar en ese estado, comenzó a despreciar a su
señora,
16,5 la cual dijo a Abram: «La ofensa que me hace recae sobre
ti. Soy yo quien te di a mi esclava por mujer, y cuando se ve embarazada
me trata con desprecio. Juzgue Yavé entre nosotros.»
16,6 Abram le contestó: «Ahí tienes a tu esclava,
haz con ella como mejor te parezca.» Y como Saray la maltratara,
ella huyó.
16,7 La encontró el Angel de Yavé junto a una fuente
de agua en el desierto (la fuente que hay en el camino de Sur),
16,8 y le dijo: «Agar, esclava de Saray, ¿de dónde
vienes tú y adónde vas?»
16,9 Ella contestó: «Vengo huyendo lejos de mi señora
Saray.» El Angel replicó: «Vuélvete,
donde tu señora y ponte a sus órdenes con humildad.»
16,10 El Angel de Yavé declaró: «Yo multiplicaré
en tal forma tu descendencia, que por su gran cantidad no podrá
contarse.
16,11 Mira que estás embarazada y darás a luz un
hijo al que pondrás por nombre Ismael, porque Yavé
ha oído tu aflicción.
16,12 Este será un hombre feroz, que se levantará
él contra todos y todos contra él y alzará
su tienda al frente de la de sus hermanos.»
16,13 Agar invocó así el Nombre de Yavé que
le hablaba: «¡Oh Yavé!, tú eres el Dios
que ve, el que me ha escuchado en mi aflicción. Porque es
cierto, agregó, que he visto yo aquí las huellas de
Aquel que me ve.»
16,14 Por eso llamó aquel pozo «pozo de LajayRoi»
y está entre Cadés y Bered.
16,15 Agar dio a luz un hijo y Abram llamó Ismael al hijo
que Agar le había dado.
16,16 Abram tenía ochenta y seis años cuando Agar
le dio su hijo Ismael.
Abram pasa a ser Abraham
17,1 Cuando Abram tenía noventa y nueve años, se
le apareció Yavé y le dijo. «Yo soy el Dios
de las Alturas, anda en mi presencia y trata de ser perfecto.
17,2 Y yo confirmaré mi alianza entre ti y yo y te multiplicaré
más y más.»
17,3 Cayó Abram con la cara en tierra, y Dios le habló
así:
17,4 «Esta es mi alianza que yo voy a hacer contigo: tú
serás el padre de muchas naciones.
17,5 No te llamarás más Abram, sino Abraham: porque
te tengo destinado a ser padre de muchas naciones.
17,6 Yo te haré crecer hasta lo sumo,
17,7 pueblos y reyes saldrán de ti, de generación
en generación, para siempre en adelante: Yo seré
el Dios tuyo y, después de ti, de tu descendencia.
17,8 Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que andas
como peregrino, toda la tierra de Canaán en posesión
perpetua y seré el Dios de los tuyos.»
La circuncisión
17,9 Dijo Dios a Abraham: «Guarda, pues, mi Alianza, tú
y tus descendientes, de generacion en generación.
17,10 Esta es mi Alianza que deberán guardar tú y
tu raza después de ti. Todo varón entre ustedes será
circuncidado.
17,11 Ustedes cortarán el prepucio y ésta será
la señal de la alianza entre mí y ustedes.
17,12 Con el correr del tiempo, ustedes harán circuncidar
a todos los varones, a la edad de ocho días, tanto a los
de su familia como a los extranjeros de otra raza comprados para
ser esclavos. A unos y a otros hay que circuncidarlos.
17,13 Todos tendránen su carne el signo de mi Alianza, que
es una Alianza perpetua.
17,14 El no circunciso, el varón al que no le hayan cortado
el prepucio, será borrado de entre los suyos por haber roto
mi Alianza.»
17,15 Dijo Dios a Abraham: «A Saray, tu esposa, ya no la llamarás
Saray, sino Sara. Yo la bendeciré y te daré de ella
un hijo.
17,16 La bendeciré de tal manera, que pueblos y reyes saldrán
de ella.»
17,17 Abraham, agachándose, tocó la tierra con su
cara y se puso a reír, pues pensaba. ¿A un hombre
de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara a sus
noventa años va a dar a luz?»
17,18 Y dijo a Dios: «Si al menos aceptaras a Ismael como
tal.»
17,19 Pero Dios le respondió: «De ninguna manera, pues
va a ser Sara, tu esposa, quien te dará un hijo y le pondrás
por nombre Isaac. Con él firmaré mi pacto. Haré
una alianza eterna con él y con su descendencia después
de él.
17,20 En cuanto a Ismael, también te he escuchado: yo lo
bendeciré y le daré una descendencia muy grande y
muy numerosa, será padre de doce príncipes y haré
de él un gran pueblo.
17,21 Pero el pacto mío yo lo voy a hacer con Isaac, que
Sara te dará a luz por este tiempo, el año que viene.»
17,22 Así terminó Dios de hablar con Abraham y se
alejó.
17,23 Tomó entonces Abraham a su h5o Ismael, a todos los
nacidos en su casa y a todos los que había comprado; en una
palabra, a todos los varones que había en la familia y los
circuncidó ese mismo día, como Dios le había
mandado.
17,24 Abraham tenía noventa y nueve años cuando se
circuncidó.
17,25 Ismael tenía trece años cumplidos cuando fue
circuncidado.
17,26 En el mismo día fueron circuncidados Abraham y su
hijo Ismael.
17,27 Y todos los varones de su casa, tanto los nacidos en ella
como los esclavos comprados a algún extranjero, fueron igualmente
circuncidados.
Yavé visita a Abraham
18,1 Yavé se presentó a Abraham junto a los árboles
de Mambré mientras estaba sentado a la entrada de su tienda
de campaña, a la hora más calurosa del día.
18,2 Abraham miró y vio que tres hombres estaban parados
cerca de él.
18,3 Inmediatamente corrió hacia ellos y se postró
en tierra diciendo: «Señor mío, si me haces
el favor, te ruego no pases a mi lado sin detenerte.
18,4 Les haré traer un poco de agua para que se laven los
pies y reposen, a la sombra de estos árboles.
18,5 En seguida les serviré pan para que recuperen sus energías
antes de proseguir su viaje; pues creo que para esto pasaron ustedes
por mi casa.» Ellos respondieron: «Haz como has dicho.»
18,6 Abraham fue rápidamente a la habitación de Sara
y dijo: «Toma luego tres medidas de harina, amásala
y haz tortas.»
18,7 Luego él mismo fue al potrero, tomó un ternero
tierno y bueno y se lo entregó a un muchacho para que lo
preparara inmediatamente.
18,8 Después tomo mantequilla leche y el ternero ya preparado
y se lo presentó a ellos. El se quedó de pie junto
a ellos, bajo el árbol, mientras comían.
18,9 Ellos le preguntaron: «¿Dónde está
Sara, tu esposa?» El les respondió: «Está
dentro de la carpa.»
18,10 El otro prosiguió diciendo: «Dentro de un año
volveré aquí. Para, entonces, Sara, tu mujer, tendrá
un hijo.»
Sara escuchaba a la entrada de la tienda detrás del que hablaba.
18,11 Ella y Abraham eran ancianos y ella ya no tenía lo
que le pasa ordinariamente a las mujeres.
18,12 Sara se rió, mientras pensaba: «Después
de haber envejecido, ¿conoceré el placer con mi marido
que es tan viejo?»
18,13 Pero Yavé dijo a Abraham: «¿Por qué
se ha reído Sara? ¿Por qué ha dicho: Y justamente,
ahora que soy vieja, voy a dar a luz?
18,14 ¿Hay algo imposible para Yavé? Pues bien, volveré
a visitarte dentro de un año y Sara tendrá un hijo.»
18,15 Ella trató de defenderse; pues tuvo miedo, diciendo:
«Yo no me he reído.» Pero El le dijo: «Sí,
te reíste.»
Abraham ruega por Sodoma
18,16 Luego que se levantaron, los hombres se marcharon en dirección
de Sodoma, y Abraham los acompañaba para indicarles el
camino.
18,17 Yavése preguntó: «¿No le comunicaré
a Abraham lo que voy a hacer,
18,18 siendo que me he fijado en Abraham para que salga de él
una nación grande y poderosa y para que por su intermedió
reciban bendiciones todos los pueblos de la tierra?
18,19 Pues lo he escogido para que ordene a sus hijos y a los suyos
que después de su muerte guarden el camino de Yavé
y vivan según la justicia haciendo el bien. Yavé
cumplirá con Abraham todo lo que le ha prometido.»
18,20 Entonces Yavé le dijo: «Las quejas contra Sodoma
y Gomorra son enormes; ¡qué grande es su pecado!
18,21 Voy a visitarlos, y comprobaré si han actuado o no
según el rumor que ha llegado hasta mí. Si no es
así, lo sabré.»
18,22 Partieron de allí los hombres que lo acompañaban
y se fueron hacia Sodoma, mientras Yavé se quedaba de pie
ante Abraham.
18,23 Este se acercó y le dijo: «¿Es cierto
que vas a exterminar al justo junto con el malvado?
18,24 A lo mejor existen cincuenta justos dentro de la ciudad:
¿es cierto que vas a acabar con todos ellos y no perdonarás
el lugar en atención a los cincuenta justos que puede haber
allí?
18,25 ¡Sé que tú estás lejos de proceder
así, o sea, de permitir que el bueno sea tratado igual que
el malo! ¿O es que el juez de toda la tierra no aceptará
lo que es justo?»
18,26 Yavé dijo: «Si encuentro cincuenta justos dentro
de la ciudad, perdonaré a todo el lugar en atención
a ellos.»
18,27 Abraham contestó: «Sé que a lo mejor es
un atrevimiento hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza,
18,28 pero si para los cincuenta justos faltaran cinco, ¿destruirás
la ciudad por los cinco que faltan?»
Yavé dijo: «No la destruiré si hay cuarenta
y cinco hombres justos»
18,29 Abraham volvió a insistir: «¿Y si solo
se encontraran allí cuarenta justos?» Yavé contestó:
«No lo haré en atención a esos cuarenta.»
18,30 Abraham insistió de nuevo: «No se enoje, mi
Señor, si vuelvo a insistir, ¿y si no hubiera allí
más que treinta justos?» Yavé contestó
«No lo haré si encuentro allí treinta justos.»
18,31 Abraham continuó: «Sé que es una osadía
de mi parte hablar asi a mi Señor; pero, ¿y si se
encuentran allí solamente veinte justos?» Yavé
contestó: «No la destruiré en atención
a los veinte.»
18,32 Abraham dijo: «Vaya, no se enoje mi Señor, y
voy a hablar por última vez. Tal vez no se encuentren allí
más de diez.» Yavé dijo: «En atención
a esos diez, yo no destruiré la ciudad.»
18,33 Yavé se fue cuando terminó de hablar con Abraham
y éste se volvió a su casa.
Destrucción de Sodoma
19,1 Los dos ángeles llegaron a Sodoma al atardecer. Lot
estaba sentado a la entrada del pueblo. Apenas los vio, salió
a su encuentro y se arrodilló inclinandose profundamente.
19,2 Y dijo: «Sírvanse pasar a mi casa, para alojar
y descansar. Mañana, al amanecer, seguirán su camino:»
Ellos le respondieron: «No, pasaremos la noche en la plaza.»
Pero él insistió tanto que lo siguieron a su casa,
donde les preparó un banquete.
19,3 Hizo panes sin levadura y ellos comieron.
19,4 Pero antes de que ellos se acostaran, todos los hombres de
Sodoma, sin excepción, jóvenes y ancianos, rodearon
la casa.
19,5 Llamaron a Lot y le dijeron: «¿Dónde están
esos hombres que llegaron a tu casa anoche? Echalos para afuera,
para que abusemos de ellos.»
19,6 Lot salió de la casa, cerrando la puerta detrás
de sí
19,7 y les dijo: «Les ruego, hermanos míos, que no
cometan tal maldad
19,8 Oigan, tengo aquí dos hijas que todavía son
vírgenes. Se las voy a traer para que ustedes hagan con
ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que
han confiado en mi hospitalidad.»
19,9 Pero ellos le respondieron: «Quítate de ahí.
Has venido como forastero y ya quieres actuar como juez. Ahora te
trataremos a ti peor que a ellos.» Lo empujaron violentamente
y se disponían a romper la puerta.
19,10 Pero los dos hombres desde adentro estiraron los brazos, lo
entraron y cerraron la puerta.
19,11 A los hombres que estaban en la puerta los hirieron de ceguera
desde el más joven hasta el más anciano, y no pudieron
encontrar la puerta.
19,12 Los hombres dijeron a Lot: «¿A quién más
de los tuyos tienes aquí? ¿Un yerno? Tienes que salir
de aquí con tus hijos e hijas y todo lo que te pertenece
en este lugar.
19,13 Nosotros vamos a destruir esta ciudad, pues son enormes las
quejas en su contra que han llegado hasta Yavé, y él
nos ha enviado a destruirla.»
19,14 Salió entonces Lot y habló a los que iban a
casarse con sus hijas: «Levántense; y salgan de este
lugar porque Yavé va a destruirlo.» Pero ellos creían
que Lot estaba bromeando.
19,15 Al amanecer los ángeles apuraron a Lot diciéndole:
«Levántate, toma a tu esposa y a tus dos hijas, no
sea que te alcance el castigo de la ciudad.»
19,16 Como él vacilaba, lo tomaron de la mano, junto a su
mujer y a sus dos hijas, porque Yavé había tenido
compasión de ellos. Los sacaron y los llevaron fuera de
la ciudad.
19,17 Una vez fuera dijeron: «Ponte a salvo. Por tu vida,
no mires hacia atrás ni te detengas en parte alguna de
esta llanura, sino que huye a la montaña para que no perezcas.»
19,18 Lot le respondió: « ¡Oh, no, Señor
mío!,
19,19 veo que me he ganado tu confianza y que tú te has portado
muy bueno conservándome la vida, pero yo no puedo escaparme
a la montaña sin que me alcance el daño y la muerte.
19,20 Mira esa ciudad que está tan cerca para refugiarse
en ella y que es tan poca cosa, permite, pues, que me pueda salvar
allá abajo, ya que es tan insignificante, y así conservar
mi vida.»
19,21 Y el mensajero respondió: «Aun esto te lo concedo.
No destruiré el pueblo del que has hablado.
19,22 Huye entonces rápidamente, ya que no puedo hacer nada
mientras tú no hayas llegado allá., (Por esto, aquel
pueblo fue llamado Soar, o sea; «Pueblo Chico»:)
19,23 Amanecía ya cuando Lot entró en Soar.
19,24 Entonces Yavé hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre
y fuego proveniente de Yavé de dos cielos.
19,25 Y así destruyó estas ciudades con toda la llanura,
con sus habitantes y vegetación.
Varias leyendas
19,26 Pero la mujer de Lot miró para atrás y quedó
convertida en estatua de sal.
19,27 Abraham se levantó muy de madrugada para ir al lugar
donde antes había estado con Yavé.
19,28 Allí se puso a mirar hacia Sodoma y Gomorra, y hacia
toda la comarca vecina, y vio que subía una humareda de la
tierra, como la humareda de un horno.
19,29 Cuando Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra
se acordó de Abraham y libró a Lot de la catástrofe
mientras arrasaba las ciudades donde Lot había vivido.
19,30 Lot salió de Soar con sus dos hijas porque no se sentía
seguro ahí, y se fue al monte a vivir en una cueva.
19,31 Entonces dijo la hija mayor a la menor: «Nuestro padre
está viejo y no ha quedado ni un hombre, siquiera en esta
región que pueda unirse a nosotros como se hace en todo el
mundo.
19,32 Ven y embriaguémoslo con vino y acostémonos
con él; así sobrevivirá la familia de nuestro
padre.»
19,33 Y así lo hicieron aquella misma noche, y la mayor se
acostó con su padre sin que él se diera cuenta, ni
cuando se acostó ni cuando se levantó.
19,34 Al día siguiente dijo la mayor a la menor: «Ya
sabes que me acosté anoche con mi padre. Hagámosle
beber vino otra vez esta noche y te acuestas tú con él,
para que tenga descendientes:»
19,35 Lo hicieron del mismo modo aquella noche, y la hija menor
se acostó con él, sin que se diera cuenta, ni cuando
se acostó ni cuando se levantó.
19,36 Las dos hijas quedaron embarazadas de su padre.
19,37 La mayor dio a luz un hijo y lo llamó Moab, éste
es el padre de los moabitas que todavía existen.
19,38 La menor también dio a luz un hijo y lo llamó
BenAmmí: es el padre de los actuales amonitas.
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