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Desde tiempos muy remotos, el público ha experimentado una
enorme curiosidad por todo lo que se relaciona con el ocultismo
y el esoterismo
Como consecuencia de esta curiosidad el vulgo se enteró de
la existencia de una serie de sociedades secretas, a las que llegó
a conocer a través de libros y más libros de historia
y leyenda acerca de tales sociedades. Por su lado, la secta llamada
de la Rosacruz tiene todavía vigencia hoy día, a lo
menos por sus procedimientos y sus símbolos ocultos.
Resulta indudable que las teorías de Agrípa y Paracelso
desempeñaron un papel fundamental en la aparición
del Rosacrucismo, el suceso más trascendental del siglo XVII
desde el punto del vista del esotérico.
Rosenkreutz, el fundador de la secta
Según algunos autores, Rosenkreutz nació en 1378,
y se educó en un monasterio donde cursó sus estudios
secundarios de Teología; pero a causa de su carácter
rebelde fue expulsado de dicho monasterio, dedicándose acto
seguido a viajar por Oriente y el norte de África. Por esas
tierras se relacionó con los magos, hermetistas y ocultistas
más famosos de su época.
Este viaje que inició como una aventura, le permitió,
en Arabia, penetrar los misterios de la ciencia hermética,
llegando a conocer los secretos de los sacerdotes del Antiguo Egipto
y los arcanos de Hermes Trismegisto.
Según ciertas fuentes esotéricas, Rosenkreutz falleció
en 1484, a los 106 años de edad. Su tumba fue hallada en
1604, en el fondo de una cueva donde había vivido los últimos
años de su vida. Sobre la lápida que guardaba sus
restos mortales, se leía esta inscripción:
"Me abriré cuando hayan transcurrido ciento veinte años,"
En el interior de la cueva había una especie de cripta hexagonal,
a la que daba claridad una misteriosa luminosidad desde la bóveda.
En el centro del recinto había un altar, y bajo el mismo,
apartando una pesada losa de granito, que era la verdadera cueva
en cuestión, se halló el cadáver de Rosenkreutz,
entero e incorrupto. También hallaron un armario de espejos,
que poseían, al parecer, diversas virtudes, y un pergamino
titulado 'Libro T', descrito como el mayor tesoro después
de la Biblia.
Junto al ataúd se encontraron, en forma de manuscritos, todos
los conocimientos secretos que Rosenkreutz habla acumulado a lo
largo de su prolongada existencia, y que legaba a la humanidad.
Asimismo, dejaba normas para la creación de una sociedad
ocultista, con la que reformar el mundo y abrirlo al camino de la
sabiduría.
El origen legendario de la Rosacruz.
La tradición ocultista hace remontar el origen de los Rosacruces
a las más antiguas escuelas de misterios de Egipto, que datan
del año 1500 antes de Cristo.
Si bien organizadas durante el reinado de Tutmosis III, alcanzaron
su máximo esplendor en el 1350 a. C., reinando el fabuloso
faraón Amenofis IV, quien abolió la religión
politeísta y adoptó la primera doctrina monoteísta
del mundo, y cambiando su nombre por el de Akhenatón, en
honor al verdadero dios, único en el cielo, Aton.
Al parecer, la secta se expandió a Grecia y luego pasó
a Roma.
Durante la Edad Media, al faltar la libertad de conciencia, la secta
adoptó diversos nombres con objeto de pasar inadvertida,
pese a lo cual en todas las épocas de la historia de la Humanidad,
la Orden de los Rosacruces no ha cesado en sus actividades, transmitiendo
sus ancestrales enseñanzas, participando en el avance de
las artes, las humanidades y la ciencia en general, predicando la
igualdad de sexos y la auténtica fraternidad y comunión
entre todos los seres humanos.
En sus comienzos, los Rosacruces se dedicaron a la alquimia, al
estudio de la cábala, a la ciencia hermética de los
números y a otras armas del Ocultismo. Creían estar
dotados de facultades paranormales que les permitían conocer
la revelación futura a través de sus dotes clarividentes.
La simbología de la Rosacruz
La Orden de los Rosacruces poseía una simbología
sumamente complicada. Para empezar, se supone que el término
"Rosacruz" procede de las palabras latinas rosa = rosa,
y crux = cruz'. Desde luego, la rosa y la cruz siempre fueron los
emblemas simbólicos de todas las sociedades rosacrucianas.
Por primera vez se halló esta simbología en el sello
usado por Martín Lutero y en las armas familiares del diácono
Juan Valentín Andrade, que se llamó a sí mismo
caballero Rosacruz.
Más adelante, la secta adoptó una cruz negra y en
su centro una rosa roja. El significado cristiano de la cruz y la
rosa teñida con la sangre de Cristo pudiera ser la respuesta
a todas las preguntas que se han formulado sobre esta secta, pero
lo más sencillo es que se trate de un simbolismo no cristiano,
puesto que la cruz aparece como símbolo en muchas doctrinas
y credos, especialmente orientales.
Esta Orden o secta obtuvo gran importancia al ingresar en ella el
ministro prusiano Wollner y el famoso conde Cagliostro, cuyo verdadero
nombre era José Bálsamo. La Orden acabó teniendo
concomitancias masónicas, llamándola algunos autores
"Fraternidad de los Rosacruces de Oro".
A esta última fraternidad pertenecieron asimismo personajes
de vital importancia. Destacando entre ellos el conde de Saint-Germain,
el rey Federico Guillermo II de Prusia y Rasputín.
Enseñanza y obligaciones
Esta secta trataba de perpetuar todas las grandes verdades tradicionales,
profundizando en las leyes naturales, físicas y cósmicas,
descubiertas desde tiempos sumamente remotos. Los Rosacruces enseñaban
a sus miembros, de manera progresiva, el modo de aplicar estas leyes
a su propia existencia. Estas enseñanzas contenían
demostraciones y experiencias destinadas a demostrar científicamente
cada ley expuesta. Su finalidad era evaluar el desenvolvimiento
interior y la adquisición de conocimientos espirituales para
cada hermano.
Privilegios
Perteneciendo a esta secta se conseguía:
a) El privilegio de recibir directamente consejos ilustrados para
cualquier problema personal.
b) Un cambio progresivo y científico en la manera de considerar
las cosas esenciales de la vida, eliminando todo lo superfluo que
pueda haber en el sendero vital y espiritual.
c) Estimular el desarrollo de ciertas facultades innatas del ser
humano, a fin de mejorar su existencia aumentando el poder de acción.
La divisa de los Rosacruces era "La máxima tolerancia
dentro de la más estricta independencia"
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