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Según una leyenda de los yorubas nigerianos, recogida por
el estudioso Nina Rodrigues, Obatalá (el Cielo) y
Odudua (la Tierra) se unieron y de ellos surgieron Aganju,
una entidad que vivía en las rocas, y Yemanjá,
la diosa de las aguas. De la unión de Aganju y Yemanjá
nació Orugá, el dios mediador entre el Cielo
y la Tierra. En ausencia de Aganju, Orugá
rapto e intentó violar a su propia madre, Yemanjá,
Esta huyó y, en plena desesperación, cayo muerta al
suelo. De sus enormes senos empezaron a brotar dos fuentes de agua
que, juntas, formaron un gran lago. De su vientre, que creció
hasta alcanzar proporciones desmesuradas, nacieron los orixás,
los demás dioses del panteón africano: Dadá
(diosa de los vegetales), Xangó (dios del Trueno),
Ogum (dios del hierro y de la guerra), Ojá
y Oxum (diosas del río Niger), Okó (dios
de a agricultura), Oké (dios de las montañas),
Orum (el Sol), Oxu (la Luna), etcétera.
Otra leyenda. de las pocas que se conocen sobre esta diosa, cuenta
que, en cierta ocasión, Yemanjá consultó
a un adivino que le echó los bucios o caracolas. El brujo
le dijo que no debía dejar a su hijo más joven, Ode,
ir a las caceías en la selva junto a su herrrano mayor, Ogum,
porque corría el riesgo de perderse. Odé no
obedeció y, tal como predijo el adivino, se extravío
en la jungla. Ahí lo acogió Ossanha, la "dueña
de las hojas de las plantas". Lo vistió con plumas,
le regaló un arco y flechas y le enseñó a dispararlas.
Cuando Ogum logró encontrar a su hermano, éste
ya era adulto y estaba enamorado de Ossanha, por lo que no
quiso volver a su antiguo hogar. Su hermano tuvo que obligarle pero,
una vez allí, se convirtió en uno de los mejores cazadores
de las sierras, mientras que Ogum fue un hábil manipulador
de la lanza y de la espada.

Omulu, el
señor de las medicinas
unos de los dioses del panteón
afrobrasileño
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